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El ojo mentiroso

Por Jon San José Beitia

El ojo mentiroso parte de una premisa inicial interesante en la que un hombre dice a un medio televisivo saber más de lo que realmente sabe en lo referente a un asesinato. Las declaraciones realizadas para la prensa pondrán en riesgo su vida y entorpecerán el proceso de investigación abierto alrededor del caso.

La película es un claro ejemplo de relato de suspense flojo y mediocre. Intenta desarrollar una trama de misterio y de investigación periodística, introduciendo un hilo argumental con toques románticos poco convincente. Los responsables del argumento no se decantan con claridad por un género concreto, mezclando sin acierto el relato de misterio y el romance. Las diferentes subtramas que se van presentando alrededor del crimen inicial resultan forzadas e inconexas. En su afán por tocar diferentes géneros arguméntales resulta fallida, haciendo que no se desarrollen con acierto, ni la investigación, ni el romance de la pareja protagonista que, sin duda, es la parte que más flojea de toda la película.

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En el reparto podemos encontrar intérpretes de renombre de la época, como Sigourney Weaver, William Hurt, James Woods y el mismísimo, Christopher Plummer. En este tipo de relatos de suspense, el hecho de conocer a los intérpretes hace que se resuelva el misterio con demasiada facilidad, ya que el papel del villano suele recaer en un intérprete de prestigio, lo cual hace que su desenlace pueda ser previsible. Como ya se ha mencionado anteriormente el desarrollo del romance resulta forzado y poco creíble, algo que sin duda, viene potenciado por la falta de química existente entre Sigourney Weaver y William Hurt, una pareja que no pega ni con cola. El resto del reparto se limita a cumplir con sus papeles de una forma correcta al tiempo que discreta, nada reseñable en sus interpretaciones. No logra mantener el interés generado por la premisa inicial y tanto el desarrollo de la investigación policial, como la de la periodística, van dando tumbos, sin encontrar verdaderas pruebas que ayuden a resolver el misterio. Los responsables del argumento introducen diferentes personajes y subtramas con el fin de desviar la atención del espectador por lo que realmente interesa, pero lo hacen de una forma descarada, torpe y poco cuidada, haciendo que la posterior resolución del misterio se antoje forzado, precipitado e insulso.

En líneas generales, El ojo mentiroso se convierte en un relato de misterio  convencional, pobre, simple y flojo, que no logra ofrecer ningún tipo de reto para el intelecto.

Jon San José Beitia

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