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El ojo de la aguja, durmiendo con su enemigo

Por Miguel Ávalos

Dicen que el amor es lo más bonito y tierno que puede existir, mientras que la guerra es lo más feo y repugnante. Una gran verdad recogida en esta maravillosa película llamada El Ojo de la Aguja.

Basada en la novela de Ken Follett llamada La Isla de las Tormentas, dirigida por Richard Marquand y adaptada por Stanley Mann, este film nos sitúa en plena Segunda Guerra Mundial (de 1940 a 1944), y nos relata la historia de dos amantes provenientes de los dos distintos bandos que combatieron en esta guerra. Una historia de amor que debido a dicha guerra, estaba predestinada a un final fatal.

Henry Faber (Donald Sutherland) es un espía alemán conocido como “la aguja” a quien se le ha encargado la peligrosa misión de espiar los planes de los aliados y fotografiar las armas que estos poseen. Una vez realizado este trabajo, un submarino nazi debe recogerlo para que pueda informar de todo en Alemania a Adolf Hitler en persona, pues la información que “la aguja” tiene puede cambiar el curso de la guerra. Sin embargo, cuando había realizado su misión y se dispone a ser recogido, una tormenta lo sorprende en plenas aguas y acaba herido. Henry es rescatado por un matrimonio inglés de la Isla de las Tormentas, David (Christopher Casenove) y Lucy (Kate Nelligan). Mientras es acogido en su casa hasta que se recupere, Henry y Lucy inician una aventura amorosa en la que se pondrá de manifiesto lo mejor y lo peor de esa complicada especie llamada el ser humano.

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El Ojo de la Aguja, un verdadero ejemplo de cómo de tierno y frío puede ser alguien, más aún en tiempos de guerra. Una auténtica demostración de que en el ser humano ni todo es blanco ni todo es negro.

Por una parte tenemos a ese espía alemán implacable que no duda en asesinar fríamente con tal de no dejar pista alguna. Alguien que de muy joven ya mostró las condiciones para ser elegido en la misión de espiar al enemigo. Un bloque de hielo que “jamás de los jamases” pierde la calma. Calculador y meticuloso. Sin embargo, su lado bueno se abre paso cuando conoce a Lucy, perdiendo la noción del tiempo por instantes e incluso deseando que la susodicha guerra no existiera. Por supuesto el deber es el deber, pero si le diesen a elegir su elección estaría clara. Debido a la causa que sirve podríamos decir que pudo haber elegido no inmiscuirse y vivir tranquilo y en paz, sin embargo, lamentablemente en tiempos de guerra toda mente y punto de vista se distorsionan y el ambiente en el que se crece también es muy influyente. Sea como sea, todo eso queda en nada durante el tiempo en que “la aguja” se enamora. Un personaje que, en apariencia, es sólo frialdad e interpretado por el maestro Donald Sutherland.

En el otro lado de la guerra, pero en el mismo sitio en cuanto a amor, nos encontramos con Lucy. Esa bella, honrada, pero por otro lado desafortunada mujer, casada con un joven inválido que estaba destinado a ser piloto de caza en la guerra. Menuda forma tan terrible de librarse de combatir. Esa joven madre que debe cuidar a su hijo y a su marido como si fuese su hijo mayor. Esa mujer que aún tiene muchos años por delante para sentir la verdadera pasión del amor y que la ha sacrificado en pos de sus deberes maternales y de su atención por su esposo. A saber quién le habría dicho que eso iba a cambiar por la persona menos esperada. ¡Por un espía nazi! Y a saber quien le habría dicho el desenlace de dicho romance. Un personaje repleto de bondad y que, sin embargo, esconde también ese instinto de matar tan terrible que todo ser humano lleva muy interiormente dentro de sí. Su causa es la justa y lo primero es su hijo, innegable, pero incluso así se puede ver esa oscuridad que todo ser bondadoso lleva muy almacenado en su interior y que nunca debería salir. Sin mencionar que si le hubiesen dado a elegir, también habría deseado que la guerra no existiera y quedarse con su particular amante. Un personaje interpretado fenomenalmente por Kate Nelligan.

El Ojo de la Aguja. Un peliculón altamente recomendable. Una verdadera pieza audiovisual que nos muestra una lección que todas deberíais/todos deberíamos tener incrustada en la mente.

La guerra divide, el amor une.

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