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El Noé de Darren Aronofsky

Por Desiré Soriano

Con unas letras en pantalla relatándonos el principio del mundo comienza Darren Aronofsky el tremendo y atrapador relato que nos cuenta en Noah. Noé es la historia de un hombre que recibirá la misión de construir un arca para  salvar a los inocentes, los animales,  después de que Dios decida ponerle fin a la humanidad por traer el mal y corromper el mundo. Eso llevará a un nuevo comienzo. Un nuevo Edén, como dice Noé. Esa tarea es lo que definirá la película, más concretamente la obsesión (tema muy común en las películas de Aronofsky como Black Swan o The Wrestler) de Noé por llevarla a cabo. Él es un hombre de fe y su objetivo es cumplir a Dios. Así se refleja que por muy blockbuster que sea, estamos ante una película de Aronofsky, quizás menos personal y característica de él, pero para nada comercial o vacía. Junto a esta obsesión se nos plantea también la necesidad de confiar en algo exterior más que en lo que tú sientas o hasta donde llegaríamos por apoyar a la persona que quieres, reflejado en la familia de Noé, que le seguirán por amor, por confiar en él.

Noé viene de la estirpe de Set, uno de los hijos de Adán y Eva, la estirpe de los pocos hombres buenos que quedan y cuando el Creador se comunica con él, no dudará ni un segundo en llevarla a cabo, ¿por qué un hombre podría desafiar lo que el Creador le dice? Noé no se pasa eso por la cabeza ni un segundo, y veo en Noé un personaje muy humano, muy fácil de ser identificado con cualquier persona que a veces se ha visto en una situación en la que ha decidido hacer algo sin cuestionárselo, porque así tenía que hacerlo, o así creía que tenía que hacerlo. Él llevará a cabo su misión, cueste lo que cueste. Bajo esta premisa podría parecer que estamos ante una película bíblica que nos vende la religión, pero ni mucho menos, en  Noé hay mucho más que eso. Darren, quien es ateo, va mucho más allá del ateísmo, del cristianismo o de cualquier religión. Lo que él plantea es una película humana, reflexiva y que sin duda te dará que pensar, te hará sacar conclusiones por ti mismo. ¿Hay que ser creyente para disfrutar de Noé? No. ¿Hay que ser ateo? No. Hay que ser tolerante e ir con mente abierta, dispuesto  a ver que en esta lucha de Dios, Noé contra el mal se esconde un trasfondo, y ese no es más ni menos que un hombre. Un hombre y la lucha que sufre entre lo que le dice el corazón y lo que le dice la cabeza, lo que cree que tiene que hacer, lo que siente que tiene que hacer y lo que quizás debería hacer, con todas las preguntas que ello conlleva, ¿es lo justo? ¿Merece la pena? ¿Dónde está el límite? Y más importante, ¿por qué yo? Eso es algo muy reflejable no con la misión de construir un arca, sino con cualquier obsesión para realizar algo. Es una tontería etiquetar la historia como real, como ficción, como fantasía o como lo que sea, lo importante es ver qué se nos quiere contar a través de esos personajes y de esa historia, sea sacada de las sagradas escrituras, de otro libro o de cualquier sitio. Lo importante es disfrutar.

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Aronofsky lo sabía, sabía que realizando esta película que no es ni de un bando ni del otro, que quiere hacer reflexionar a ambos podría caer en tierra de nadie, y aún así lo realiza magníficamente. Siendo un director que no está acostumbrado a dirigir una película así podría causar un poco de temor, pero sin duda sale airoso y consigue realizar grandes escenas, con mucha fuerza. Esa división se refleja en los personajes de Russell Crowe y Ray Winstone, uno creyente en Dios pase lo que pase, y otro que se siente traicionado y olvidado por él y decide darle primacía al hombre, a él mismo.  Lo que al principio se presenta como un bueno y un villano pero que llevará al mismo Noé al final a preguntarse ¿No somos todos iguales? ¿Qué le diferencia a él? ¿Qué valores son los correctos? ¿Dónde está la línea que nos divide?

Por último no hay que olvidarse de una pieza muy importante, el gran reparto con el que cuenta. Una grata sorpresa ha sido Logan Lerman, el joven actor ha demostrado un buen trabajo en otros papeles sin embargo parecía que aquí iba a pasar a un plano mucho más secundario, pero no, realizando un buen trabajo ha conseguido dar la mejor actuación entre los hijos de Noé. Emma Watson realiza un correcto papel  aunque  no tan bueno como podría haber sido pues cuenta con el personaje de mayor peso dramático. Ray Winstone también está bien como el ‘’villano’’ de la película, pero sin duda me quedo con ese matrimonio, con Jennifer Connelly realizando un estupendo trabajo como la esposa que seguirá a su marido por amor pero que al mismo tiempo velará por sus hijos, y por supuesto, ¿qué sería de Noé sin el propio Noé? Russell Crowe regala una de sus mejores interpretaciones, un recital interpretativo que nos recuerda a sus mejores años, construyendo un Noé complejo, un Noé obsesivo, obediente, contrariado, desesperado, desilusionado, frágil… un padre de familia, esposo, humano. Crowe consigue llevar a ese personaje desde el primer momento en el que no se cuestiona nada hasta poco a poco sentir sus primeras dudas sobre cuál es su papel en todo esa catástrofe para acabar cuestionándose todo lo que siempre ha sentido. Está magistral.

¿Cuál es el problema que se está encontrando Noé? Que la gente espera algo que no es. Y culpa de ello es debido en parte a la publicidad, que la venden como si fuera Troya o 300, y no nos equivoquemos, a Aronofsky lo que le importa no es tanto la visión de esas personas que quedan fuera y que quieren luchar por entrar el arca como la decisión del hombre elegido de dejar a esas personas morir. Aún así, aunque mayormente sea un drama, contiene espectaculares escenas con una fuerza visual tremenda, como la inundación o los sueños de Noé. Además un momento bellísimo, el momento en el que Noé cuenta la historia de la Creación, uno de los mejores momentos del filme. Se agradece también la belleza de Islandia que proporciona una unos paisajes maravillosos y una preciosa banda sonora.

Sin duda recomiendo ir a ver esta película dejando fuera todo tipo de prejuicios, que la propia crítica ya está en la película.

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