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El nacimiento de una nación

Por Áralan Aidir

Aunque más bien bien yo lo llamaría El nacimiento, vida y muerte de un fundamentalista
Porque El nacimiento de una nación va de eso, de la vida de un esclavo traído desde África a los seis u ocho años de edad que es readoctrinado en creencias por la esposa del dueño de la plantación hasta convertirlo en un cristiano de tomo y lomo cuando le da a leer “el libro más importante jamás escrito” (yo creía que iba a ser Principa Mathematica, de Newton; pero no, resulta que es la Biblia). Y no lo convierte en un cristiano cualquiera de esos que van a misa, creen y se van a casa a hacer sus cosas, que era y sigue siendo lo más normal. No. Se convierte en un predicador dedicado a elegir párrafos de la Biblia para justificar el horror de su esclavitud y la ajena durante años y años hasta que llega la gota que colma el vaso. Es entonces cuando empieza a utilizar al personaje de ficción favorito de Homer Simpson como excusa para empezar a matar a colonos (unos 60 hombres y mujeres) y a sus hijos, entre los cuales había bebés (pequeño detalle que, curiosamente, se ha olvidado de introdcir el guionista/director/actor), hechos que ocupan el último décimo de la película. ¿Y por qué lo hace? Por un suceso trágico y porque, atención, Dios se lo ha dicho a él. Personalmente. A nigún otro. Al estilo San Pablo cuando iba hacia a Damasco a encerrar protocristianos.

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Bajo mi muy personal punto de vista, el actor, salvo algún momento de exaltación oratoria mientras predica, no está a la altura, sencillamente. No digo que lo haga mal, digo que la pantalla se lo come a él cuando debiera haber sido al revés. Si eso lastra la película, los secundarios, aun estando correctos, tampoco se lucen habiendo tenido oportunidades para haberlo hecho. Entre sus idas y venidas se desarrolla la película con los consabidos abusos de los colonos, escenas que se han rodado mucho mejor en 12 años de esclavitud o Raíces. Incluso alguna chirría hasta el punto de pensar “Aquí ya te estás poniendo cansino, majo. Ya sabemos que los colonos racistas eran unos cabrones. Lo llevas demostrando toda la película. Esto sobraba”. Las relaciones familiares e interfamiliares están muy bien llevadas, por otro lado, siendo uno de los puntos fuertes del film. A esto hay que sumarle la banda sonora, el diseño de producción y la fotografía. La primera resalta cuando debe resaltar y calla cuando debe hacerlo; el segundo es discreto y realista; la tercera está a la altura de lo que su creador ha hecho con anterioridad. Ninguna pega salvo en la elipsis final, que de nuevo chirría por lo artificiosa que resulta y porque intenta engrandecer a un personaje y otorgarle una trascendetalidad que nunca tuvo.

Así que, para concluir, de nuevo tenemos ante nosotros una especie de hagiogafía. Nos intentan santificar a un fanático religioso renengando de la historia oficial, que es como se construyen las leyendas. Pero la realidad fue que Nat Parker era un fundamentalista que se creia elegido por Dios porque este le hablaba. Y la rebelión estuvo basada en estas visiones por cuestiones religiosas, no por cuestiones de libertad y fraternidad universal. Además de que, como se ha dicho, hizo que las leyes a favor de la esclavitud se endurecieran cuando el estado en el que era esclavo estaba a punto de derogarla, cosa que, curiosamente, el director también obvia.

Pero, ¡eh!, esto es cine, no una lección de Historia, y así veo El nacimiento de una nación. Como lección de Historia, es un 1. Como película, un 5 raspado.

Espero que a vosotros os guste mucho más, de veras.

Comentarios

  1. Íñigo

    Hombre Áralan, ¿qué hay de nuevo? Hace mucho que no publicabas. ¿Qué ha sido de tí?

  2. Áralan

    Hola de nuevo, Íñigo.
    Te había escrito, pero no sé qué ha pasado con el mensaje que no ha salido.
    Te decía que he estado liado con otros proyectos y ahora que tengo algo más de timempo libre estas vacaciones, vuelvo a colaborar en lo que puedo, que es más bien poco.
    Espero que tú vayas muy requetebién.
    Un abrazo

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