Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El murmullo del mar

por Anna Montes Espejo

¿Qué es no poder huir?

Este es el sentimiento que vertebra Interiores (Woody Allen, 1978), cuyo título es suficientemente -y en demasía- iluminador al respecto. Los espacios serán hostiles, amenazadores, opresores, pero no caigamos en la simpleza de creer que las cárceles son físicas.

¿Y cuál es la prisión mayor? La familia, la eternamente culpable.

Un matrimonio estadounidense de clase alta con tres hijas. La perfección, esa dulce traidora que saborea perversamente el paso del tiempo.

Arthur (E.G. Marshall) cumple 60 años, se jubila, nada nuevo ni inesperado, excepto el divorcio servido en el desayuno de una soleada mañana. Así comienza el tormento de la idealidad, es decir, deEve, la esposa (Geraldine Page).

Pero en esa confusión aún reina el orden, todo está perfectamente compartimentado. La ilusión de control debe mantenerse a cualquier precio. Sí, volverá contigo, solo necesitaba espacio, sí, de verdad, tranquila, confía, aún te quiere. Nada más lejos de la realidad, nada más opuesto que Joey (Mary BethHurt) y Renata (Diane Keaton).

Las dos hermanas serán las encargadas de cuidar a la madre en sus delirios, pero ellas también se hunden. Joey se ahoga en sus indecisiones, en sus continuos e infructuosos cambios de rumbo, en los altibajos con su pareja (Sam Waterston), en su normalidad. Pero Renata… lo es todo, la escritora de éxito casada con un profesor universitario y también escritor, Frederik (Richard Jordan), la personalidad, el carácter, la iniciativa, el atrevimiento, la extravagancia, la valentía, la decisión. El talento frente la mediocridad. ¿Cuál es la favorita de mamá?

Sin embargo, no se conocen entre ellas. Renata no sabe que Joey también tiene un impulso creador, pero que solamente no sabe cómo expresarlo, no sabe cómo crear teniendo esa pulsión. Y Joey no conoce el miedo que atenaza a Renata, un temor patológico a la hostilidad del mundo, a la inexistencia de la felicidad y de la bondad, a descubrir que el mundo no estaba bien hecho. Un pavor que la ha paralizado.La estrella de la familia ya no puede escribir. Y además, está su marido al que también le afecta vivir con la escritora, ya que solamente quiere estar casado con ella, no con Renata.

intreriores2

¡Que irrumpa el sonido, la música, el color, la alegría, la felicidad, sí, la felicidad de los mediocres y de los no escogidos, la insustancialidad liberada de cualquier atisbo de intelectualidad, de elegancia, de sutilidad, de fragilidad, sí, la fortaleza de la risa, de la naturalidad, de la pura carnalidad! Pearl (MaureenStapleton). Ahora también Arthur.

Pero… ¿cómo es posible que se haya fijado en una mujer tan vulgar, tan ordinaria? ¡Si tan siquiera sabe interpretar el final del drama que vimos ayer! ¡Si tan solo piensa en comer, beber y bailar! ¿Dónde ha quedado la creación de mamá? ¡El jarrón de Giorgio Morandi! ¡La apariencia en Hammershoi!

Además de la pareja de enamorados, y de las hermanas con sus respectivas parejas, llega Flyn (Kristin Griffith) la hermana pequeña y otro genio de la familia, aunque un poco más común que Renata, ya que es actriz. Sí, desde luego, tiene un gran talento, muchísima proyección, un físico deslumbrante, un carácter extremadamente afable y provocador… pero solo aparece en películas para la televisión y series que, por supuesto, de manera incomprensible, se cancelan repentinamente…. Más anhelos e ilusiones, más fantasías que ya no consiguen ni engañarla a sí misma, aunque por desgracia, serán aún atractivas para algunos…

La esposa aún está allí. Después de creer que su amor volvería con ella, después de intentar suicidarse, después de arrastrar a sus hijas a ser sus cuidadoras, después de entrometerse en la vida de pareja de Joey y en sus perspectivas profesionales, después de haberle hecho creer a Renata en la gloria eterna y la seguridad… Sigue presente, dentro de cada una de ellas y gracias a ellas mismas. Pero debe irse y Pearl debe llegar.

Es innegable que en Interiores Woody Allen quiso abordar toda su admiración, y lo que es más encomiable, su aprendizaje del genio Ingmar Bergman. Gritos y susurros (1972) es el modelo inmediato. Sin embargo, en mi opinión, el alumno supera al maestro en ciertos aspectos.

En la entidad del espacio es Allen el ganador, incluso a nivel estético; así como a nivel temático consigue aportar ligereza a todo el psicologismo que en Bergman, tiende a lastrar la calidad artística y argumental del film. En este sentido, un acierto del neoyorquino es acomodar a sus particulares fobias toda la retorcida y horrenda angustia que recorre Gritos y susurros, Diane Keaton realiza una magnífica interpretación, tal vez su mejor papel en su trayectoria con Allen, al encarnar a la poeta incapaz de escribir.

No obstante, el público que demanda el sueco cada vez menos es por el que trabaja Allen, y mientras Interiores puede ser asumible por un público mayoritario, Gritos y susurros no.

Bergman está avezado a exhibir, en Allen aún hay un porcentaje de explicación, aunque resulta extremadamente hábil en el manejo del silencio y la música, así como en el optimista final. Interiores alberga esperanza para los vivos, aunque aún está por llegar el humor y la jovialidad de Hannah y sus hermanas (1986); mientras que Gritos y susurros es un canto al descubrimiento de la existencia de la felicidad, que aunque efímera, puede ser posible y conscientemente sentida, pero que en la película, tan solo ha sido experimentada por Agnes (Harriet Andersson)…

Comentarios

  1. Iker Yañez

    Menudo nivel hay aquí; estaba pensando en si me animaba a escribir o no pero después de leer esto sobre Interiores mejor no.

  2. Anna Montes Espejo

    Iker, ¿eso es que hay buen nivel o no? :) Saludos! :)

Escribe un comentario