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El misterio de lo trascendente en el Butoh

Por Enrique Fernández Lópiz

La película narra la historia casi fugaz, de un matrimonio compuesto por dos jubilados alemanes, Trudi y Rudi. La esposa Trudi es la única que conoce la grave enfermedad que padece su marido. Por consejo médico, inician un último viaje juntos, y aunque Rudi es un hombre conservador y casero, finalmente su mujer lo convence para que vayan a visitar a sus hijos y nietos en Berlín. Pero una vez allí, los hijos, ocupados e inmersos en sus vidas no pueden ocuparse de ellos. Trudi es una auténtica enamorada de la danza japonesa Butoh, y en una de esas decide ir a ver un espectáculo de dicha danza. A partir de aquí, Trudi y Rudi viajan para pasar unos días en un hotel en la costa del mar Báltico. Inesperada y repentinamente, la que fallece en sus vacaciones es Trudi. A través de una amiga de su hija, Rudi se entera de que el amor que sentía Trudi por él le había apartado de la vida que ella hubiese querido llevar. Entonces empieza a verla con una mirada nueva y promete compensarla por haber desperdiciado su vida. Así que se embarca en un último viaje que le llevara a Tokio. A partir de ese momento, Rudi intentará cumplir los deseos que ella dejó pendientes. El más importante era su pasión por Japón y por la danza Butoh. Aprovechando que su hijo Karl reside en Tokio, decide viajar a visitarlo. Una vez llegado, se da cuenta de que también a este hijo le resulta molesta su presencia, por más que Rudi hace todo lo posible por distraerse y adecuarse a una ciudad enorme, un idioma y un alfabeto desconocido, y una cultura muy diferente a la suya. En Tokio se celebra el Festival de los Cerezos en Flor, un canto a la belleza, la transitoriedad y los nuevos comienzos. Rudi, triste y enamorado de su desaparecida esposa, comienza a verla con una mirada nueva En una visita a un parque conoce a Yu, una joven bailarina de Butoh que siempre baila allí, en la rivera de un lago rodeado de cerezos en flor y viviendo en condiciones muy precarias. A pesar de que no se entienden por razón del idioma, entablan una profunda y sincera amistad, y ella le enseña la base de esa danza y le hace vivir con naturalidad la relación entre la vida y la muerte.

Puede servir de elemento aclaratorio conocer que el Butoh consiste en un abanico de técnicas de danza y al arte escénico, originario del Japón de la posguerra (1950), creadas por Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, quienes conmovidos por los terribles bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, comienzan con la búsqueda de un nuevo cuerpo, el cuerpo de la postguerra. Durante esa década, las imágenes de algunos sobrevivientes llenaban las calles. Estos caminaban con sus cuerpos abrasados y los ojos quemados y reventados. Así nació el Butoh, la danza hacia la oscuridad. En el Butoh se refleja el deseo de desprenderse del dolor y buscar un cuerpo nuevo a través de la danza, mediante movimientos expresivos y originales. El intérprete intenta profundizar en las sensaciones y sentimientos buscando con ello encontrar un lugar en el Universo.

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Para mí esta película es auténtica poesía, un dulce cántico a la muerte, a la amistad, a la belleza, al amor, a la soledad y al duelo por el ser amado. La dirección de Doris Dörrie con guión de la propia Dörrie, basado en experiencias propias como ahora diré, son sensacionales. Una sugerente y hermosa música de Claus Bantzer, junto a una fotografía preciosista de Hanno Lentz y una excelente puesta en escena, redondean el cuadro técnico.

Dörrie en realidad realiza y con ello sorprende, parafraseando a Boyero, un diario poético que sabe transmitir con naturalidad y ternura el gran desconcierto que produce la soledad, así, venida de buenas a primeras. Al fin y al cabo, estamos ante una obra autobiográfica donde la propia directora Doris Dörrie, pasó igualmente por la desaparición de su marido e igualmente marchó a Tokio donde captó el abrumador paisaje oriental, y entendió la lentitud ceremonial de lo rutinario. Hay muchas entrañas visibles en el film. Tanta sensibilidad que pocos pueden digerirla. No es sólo la historia de la muerte de un ser querido. “Es –según Boyero- un acto de catarsis después del dolor. Es una lección de aprendizaje interior que cuesta mucho analizar y de la que nos enseña a buscar la esencia de lo que realmente importa”. Y también un excelente retrato del matrimonio protagonista y de sus egoístas hijos. Película bella, a la vez que despoja de sus vestiduras el alma humana hasta “bordear el ridículo, sin caer al abismo” (Ocaña).

El reparto es de lujo. Grandes interpretaciones del multipremiado Elmar Wepper, una interpretación sentida y creíble de Hannelore Elsner, Aya Irikuzi excepcional, y junto a ellos buenos trabajos de Nadja Uhl, Maximilian Brükner, Birgit Minichmair, Felix Eitner, Floriane Daniel, Celine Tannenberg, Robert Döllert y Tadashi Endo. O sea, un cuadro de actores de gran calado, convincentes y a la vez sobrios y transmisores de sentimientos.

En 2008 esta película fue multipremiada: Premios de cine de Baviera a Elmar Wepper como mejor actor y a Olga Film – Molly von Fürstenberg/Harald Kügler como mejores productores. Nominación para el Oso de Oro del Festival de cine de Berlín. Premios de Cine Alemán al mejor actor para Elmar Wepper, premio de plata a la mejor película y premio al mejor vestuario. Nominaciones al mejor guion, dirección y actriz secundaria (Hannelore Elsner). Nominación para los Premios de Cine Europeos a Elmar Wepper como mejor actor. Premio de Cine Gilde. Y en 2009: Premio de la Crítica alemana de cine a Elmar Wepper como mejor actor.

En esta película se puede tocar plenamente con las yemas de los dedos del espíritu, con el tacto de la sensibilidad a flor de piel, los elementos más emocionales, la filosofía, el arte, la belleza, el sentido místico, las relaciones humanas, el silencio, el contraste cultural, la ilusión, la naturaleza, el misterio cósmico, y también algunas importantes lecciones morales en el mejor sentido del término (integridad, honestidad, etc.). Todo ello se trenza y nos ofrecen una amplia visión sobre el sentido que la existencia tiene para el personaje principal, un hombre que ha realizado un viaje desde una vida aislada en cierto modo en un estilo de vida convencional compartido con su mujer, un aislamiento aceptado, hasta la inesperada e involuntaria soledad, tras la cual no sólo cambian sus sentimientos ante la mujer amada y perdida, sino también su propia manera de encarar la vida e incluso la muerte.

Cuando el film toca a su fin, la joven bailarina de Butoh Yu, junto a Rudi, emprenden un viaje juntos a conocer el monte Fuji, donde tras unos días de espera en que las nubes lo cubren, él puede bailar frente a él al amanecer y, en un final que es unión y comunión, puede al fin morir y reunirse con su fallecida y amada esposa.

No es tal vez una película comercial, ni siquiera un film que tiene que gustar forzosamente, pero sí es una joya para quien gusta de la poesía, de lo que está más allá de lo material o los efectos especiales. Es una historia de amor, soledad y trascendencia. En la Web http://www.fotolog.com/mysteriouskodama/78216229/ se puede leer con relación al Butoh:

Y mi cuerpo sigue su propia sombra
explorando el espacio con lentitud,
camino de la oscuridad,
para enseñarme por fin dónde estás.

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