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¿El mejor western de la historia?

Por Borja Álvarez (Jita)

Con Hasta que llegó su hora te das cuenta del significado que tienen Por un puñado de Dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. La famosa “Trilogía del dólar” no era más que un experimento, los bocetos (¡y qué bocetos!) de un artista que estaba preparando su gran obra. Si por mí fuera, Sergio Leone no tendría una calle en Almería, la tendría en todas las ciudades del mundo.

Esta es una joya del cine que se disfruta por sus grandes y pequeños detalles. Tiene la tensión por la espera de un duelo, el honor de esperar al momento adecuado para rendir cuentas con el enemigo o la hombría por ayudar a una señora a empezar una nueva vida. Sin duda, valores imprescindibles en el salvaje oeste.

La ambientación, los lugares, el vestuario o simples anécdotas como el mote de Harmónica (no se dice su verdadero nombre) hacen que todo huela a western. Pero, sobre todo, se disfruta por su maestría en la ejecución. Es un placer contemplar los primeros planos o la paciencia con la que se filma, entre otras, la primera escena. Y es que lo tiene todo, porque si son buenos los primeros planos, no lo son menos los panorámicos. Todo un homenaje a John Ford y Centauros del Desierto.

A todo eso hay que sumarle dos factores que la hacen grande entre las grandes. Uno, un reparto de lujo, en el que sinceramente (y miren que me duele decirlo) no echo de menos a mi querido Clint Eastwood.

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El sombrero, el puro y la azul mirada de Henry Fonda infunden respecto y frialdad. Charles Bronson radia tranquilidad, sosiego, paciencia. Y Jason Robards (mi favorito) enseña la clásica imagen del vaquero escurridizo y sanguinario, pero como él mismo dice «no soy un canalla.» Simplemente «Si alguien trata de matarme, me enfado.»

Leone logra la perfección absoluta en la fabricación de los personajes. Y la logra porque a estos tres se une un ángel bajado del cielo. Corría el año 1968, ellas tenían a Paul Newman, ellos a una locura que atendía al nombre de Claudia Cardinale: «Si quieres puedes tirarme sobre la mesa y divertirte como quieras, ¡y llamar a tus hombres también! Al fin y al cabo, ninguna mujer ha muerto nunca por eso. Cuando hayáis terminado me bastará con un barreño de agua caliente y seré exactamente la misma de antes con un recuerdo asqueroso más.»

¡Qué carácter! ¡Qué pedazo de mujer! Qué voy a decir yo que no se haya dicho ya de ella… mejor cierro la boca y que esos dos soles que tiene en la cara, sus carnosos labios y su precioso escote nos sigan deslumbrando hasta que llegue nuestra hora.

Y dos, quería dejarlo para el final, Ennio Morricone. Le odio, os juro que le odio. La película sin su música no tiene ninguna imagen o momento que me emocione especialmente, pero fue escuchar esa melodía y sin saber la razón, un mar de lágrimas me invadió, no soy capaz de expresar lo que me transmitió. Sólo sé que desde aquella tarde, cada vez que escucho esa preciosa canción se me pone la piel de gallina y un nudo en la garganta. Supongo que esa es la esencia de la música y lo que siempre ha pretendido el genio italiano.

¿El mejor western de la historia? Es posible, y por supuesto, es discutible. Lo que es seguro, es que es mi western favorito. El que me hizo amar este género. Y eso, amigos lectores, no se olvida.

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Comentarios

  1. Iñigo

    Bueno, pues disfruta del tema central otra vez, amigo:

    http://www.youtube.com/watch?v=2s0-wbXC3pQ

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