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El médico

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película es una adaptación de la novela histórica de Noah Gordon del mismo título. Esta novela fue un auténtico “boom” literario, un best-seller en 1986: más de 21 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. La historia está ambientada en la Inglaterra del siglo XI. Un joven aprendiz de médico llamado Rob Cole (Tom Payne), un plebeyo inglés de baja ascendencia social, con un don insólito para prever la muerte de las personas, al fallecer su madre de una rara enfermedad, recorrerá la Europa sombría del Medioevo hasta llegar a Persia, donde se encontrará con el mejor maestro imaginable que tutelará su aprendizaje: el gran sabio y doctor Ibn Sina (Ben Kingsley).

Se trata de una película alemana del director Philipp Stölzi, director de cintas irregulares como El último testigo de 2012 o Goethe de 2010. Pero Stölzi es un realizador con un cine de fuerza, firme, construido con seguridad, un cine entretenido y al gusto del público. De hecho, la sala estaba llena, lo que no ocurre con otras películas actuales, tal vez más singulares. Es buena la fotografía de Hagen Bogdanski y decente la música de Ingo Frenzel. En cuanto a las interpretaciones, creo todas son correctas, todas dignas y socorridas a los efectos de una cinta de aventuras (Tom Payne, Stellan Skarsgård, Olivier Martínez, Ben Kingsley, y otros). Pero quiero destacar porque sobresale, a Skarsgård, que interpreta un gran papel de «padre adoptivo» del protagonista; barbero-cirujano, individuo gracioso y timante, juerguista, es quien acoge Rob Cole cuando queda huérfano y solo a los 9 años de edad.

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Entonces, mi impresión de esta obra es que se puede ver sin excesiva dificultad (no digo sin ninguna), pues es un cine facilón que sigue a pies juntillas las directrices de un guión cantado de Jan Berger, basado en la novela homónima de Noah Gordon, éxito de ventas como ya he señalado. La novela es igualmente un invento para el consumo, pero ante esto nada se puede objetar. No es que yo diga que hay que ver películas de antañazo existencialistas, tediosas o inquietantes como las de Ingmar Bergman o Saura donde la vida se plantea con toda densidad. Tampoco digo de visionar películas banales donde el príncipe conquista a la princesa. Pero esta peli es ese punto medio en el que uno no sabe bien a qué atenerse a la hora de comentarla, e incluso si quedarse en la sala hasta el final o salirse del cine antes que acabe.

Pero sigamos con esta obra que a mi pesar duró 150 minutos, de los cuales sobran el treinta por ciento cuando menos. Joven británico que llega a Persia para aprender medicina y que logra hacerse con la lamentable para la época fama de “nigromante”, concepto erróneo en la sustancia de la historia, pues la “nigromancia” es una rama de la “magia negra” generalmente, consistente en adivinar mediante la consulta de las vísceras de los cadáveres y la invocación de sus espíritus, requiriendo según sea el caso del contacto con sus cadáveres o posesiones. Y nada que ver. Lo que el protagonista pretende es hacer una medicina moderna a través de la disección de un cadáver concreto de alguien que en cierto modo dio el beneplácito para tal acometimiento. Pero como decía, la historia de este film es bastante tópica: chico inteligente y avezado viaja a través del mundo para llegar a Persia, en el camino encuentra a su amada, amada que luego ha de contraer un matrimonio no deseado, pero que al final se queda con el joven muchacho con la ayuda del Sha de Persia. El joven, tras aprender grandes cosas del gran médico oriental Ibn Sina, más las de su propia cosecha, continúa su andadura y acaba montando todo un hospital en Londres, después de su vuelta de Persia, donde los musulmanes le han jurado venganza por sus transgresiones religiosas.

Uno tampoco conoce bien la primera Edad Media en lo que toca a la Historia de la Medicina, por lo que se puede tragar acríticamente los contenidos del film. Film en el que se salvan judíos y cristianos como el protagonista, pero no los musulmanes, cuando es sabido que en aquella época medieval, justo al-Ándalus, zona musulmana predominantemente de 711 a 1492, era un territorio y una cultura de grandes avances científicos, médicos y de todo tipo con personajes como Averroes (1126-1198), quien además de de elaborar una enciclopedia médica, escribió comentarios muy interesantes sobre la obra de Aristóteles. Entonces, no se sabe bien de qué va la peli, si de historia, si de ideología, si de pura narración novelada o si de mera superproducción y nada más.

Algunos dicen que es una película que parece hecha en los gloriosos años cincuenta de Hollywood, otros que se ve con facilidad –lo que puede ser cierto dado que no es “stricto sensu” pesada-, pero la verdad es que no aporta nada nuevo a la cinematografía, nada que no se haya visto antes; pero eso sí, con una competencia de calidad que nadie le va a negar.

Y reflexionaba, ya por experiencia, sobre cuánto me iba a durar la imagen de esta obra, y pensaba que no mucha. Y efectivamente no creo que la guarde mucho en mi memoria porque le falta calidad a la prosa, e incluso a su forma cinematográfica. Entonces, es una de tantas, para los que ya hemos visto algunas de esta índole. Nada nuevo tiene, salvo mejunjes ya conocidos, los enfrentamientos religiosos que se me hacen antojadizos, mucho romance y una obra que yo, si la tuviera que recomendar, lo haría a los estudiantes de la ESO, pues contiene una vaga idea de la época medieval, de países lejanos, de sabios,  de tiranos, y bueno, por lo menos se darían un bañito de antigüedad y geografía.

La película tiene oficio, pero le falta temple y por supuesto genio. Y nadie va a dudar del dineral que ha costado este film. Así y todo adolece de buenos efectos digitales, pues aunque al parecer está rodada en escenarios naturales, da la sensación de decorados y de cartón piedra, de demasiado envoltorio y escaparate de segundo orden. Y eso se paga, pues hoy ya estamos acostumbrados a maneras más sofisticadas. Además, el rigor histórico parece secundario, lo cual que también se nota.

En resolución, la recomiendo para pasar el rato y llevarse alguna vaga idea de historia y otro poco de demagogia. Pero a quien le guste el cine medianamente bueno y actual, debería pensárselo mejor.

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