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El Mayordomo

Por Alejandro Arranz

-Un melodrama basado en hechos reales que tira de lágrima fácil para conmover al espectador.
-Tiene todos los ingredientes para ganar en la carrera por los Oscar, pero le falta el más importante, carece de alma.

Lee Daniels regresa desde a penas un año de El Chico del Periódico para traernos un drama sobre el racismo en la segunda mitad del siglo XX, y pone a la cabeza de un sublime reparto al ganador del Oscar, Forest Whitaker, como el mayordomo jefe de la Casa Blanca durante los mandatos de ocho presidentes; completan el reparto figuras de la talla de David Oyelowo, Alan Rickman, Liev Schreiber, Robin Williams, Jane Fonda, Cuba Gooding Jr, John Cusack o Terrence Howard, entre otros. Desde antes de su estreno en España, ya se hablaba de ella como una de las favoritas para los premios de la Academia, y con los tráileres se entendía perfectamente: un buen director, un reparto de ensueño y el tipo de historia que conmovería hasta las piedras más duras.

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Tras varias semanas en cartelera he acudido a la cita que tenía pendiente con el señor Daniels y el señor Whitaker para salir completamente decepcionado; y es que desde el principio queda claro que la sutileza no va con Daniels, ya se veía en Precious sólo que allí todo era mejor y estaba dirigido realmente bien para dejarnos clavados en la butaca, emocionados. Aquí la horas se multiplican y nada lleva realmente a ninguna parte, parece una película hecha con prisas y sin haber sido tocada por manos humanas, una película para amantes del melodrama lacrimógeno más manipulador.

Aunque en a penas unos minutos el director ya consigue sacarse de la manga varias situaciones “kleenex”, son quizás los primeros 20 minutos una de las partes que más me gustan, ya que más tarde las subtramas se multiplican y comienzan a ser excesivas, difusas y aburridas; lo peor con diferencia es ver cómo Daniels toma el camino más sencillo, ni revoluciona ni arriesga en la narración; por el contrario la música, la ambientación y el maquillaje están bien, destaca sobre todo el vestuario y algunos secundarios, los que aparecen de verdad y no para aumentar en caché del reparto.

Con tantas tramas el argumento acaba siendo confuso y Daniels toma la acertada decisión de añadir un contrapunto cómico por medio de algunos secundarios, lo que es bienvenido para soportar tan excesivo metraje. También hay uno o dos momentos muy buenos, que logran una buena conexión entre tramas, cosa que dura poco, pues Daniels siempre se deja llevar por el sentimentalismo barato y de fácil digestión.

Al final la película resulta un vehículo de lucimiento para Whitaker, la verdadera y única joya de este sensiblero y, en ocasiones, empalagoso drama que más bien parece una carta de perdón por las atrocidades cometidas con respecto al pueblo afroamericano, razón por la cual Daniels puebla el reparto con personalidades como Oprah o Kravitz, logra el aprobado gracias al ya mencionado Whitaker, una excelente y poderosa interpretación que al contrario que el resto del film sí que llega al corazón, sin embargo, poco más se puede extraer que sea realmente especial, pues en todo momento da la sensación de estar demasiado preocupada por ganar Oscars.

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