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El Lobo de Wall Street

Por Jon San José Beitia

La nueva película de Martin Scorsese, El Lobo de Wall Street, basada en la historia real del corredor de bolsa, Jordan Belfort, ni es tan fiera como promete, ni tan nueva, ya que el viejo Martín se limita a seguir el mismo esquema ofrecido en otra de sus películas, Casino. Lo que en aquélla estaba ubicado en el mundo del juego, aquí se centra en el mundo de la bolsa y las trampas económicas, realizadas para amasar grandes cantidades de dinero.

Cualquiera que haya visto Casino encontrará, con facilidad, los notables paralelismos que existen entre ésta y El Lobo de Wall Street. Sin ir más lejos, podríamos observar las similitudes entre los personajes encarnados por Leonardo DiCaprio y Robert De Niro en ambas películas. Los dos personajes principales son lo mejor en su profesión aunque ésta no esté ligada con lo legal. Ambos saborean el éxito y se lucran hasta amasar cantidades insultantes de dinero para terminar hundidos por su imperio de avaricia.

También se pueden observar similitudes en los personajes secundarios que acompañan a los protagonistas, apreciándose notablemente los parecidos entre los personajes encarnados por Joe Pesci, en Casino y el encarnado por Jonah Hill, en El Lobo de Wall Street, ambos personajes acompañan a los protagonistas en sus peripecias y colaboran con ellos en el negocio del dinero.

Los personajes femeninos principales también caen en la reiteración de ideas ya presentadas en Casino. Así pues, lo que ha hecho Martin Scorsese es aprender mucho de El Lobo de Wall Street y ha conseguido engañar al público para que acuda a las salas de cine, vendiendo un viejo trabajo como algo novedoso. Ha empleado con astucia los medios de comunicación y, sobre todo, ha contado con una buena campaña de promoción, donde sin duda, el trailer recogiendo las gamberradas de los protagonistas acompañados por la canción de Kanye West, ha tenido el efecto deseado, vender bien la película.

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La historia que presenta es interesante y ofrece diferentes lecturas alrededor del dinero, el poder y el desenfreno. Es atractiva, atrevida y gamberra, ofreciendo momentos de puro cine, con grandes interpretaciones. Leonardo Dicaprio completa una de sus grandes interpretaciones, encarnando un papel memorable. Ofrece una interpretación llena de energía, capaz de mostrarse exultante en la cresta de la ola y de arrastrarse como una serpiente por el fango del fracaso. Encarna un personaje inteligente y sin escrúpulos, capaz de venderte un radiador en pleno desierto y montarse una fiesta con el dinero que ha ganado a tu costa, bebiendo agua ante tus ojos. Sin duda, su interpretación y presencia lo son todo en la película. El resto del reparto está a la altura, destacando el trabajo de Jonah Hill y la pequeña aportación de Mathhew McConaughey, en un papel breve pero memorable.

Martin Scorsese se atreve con todo, se siente tan poderoso como El Lobo de Wall Street y da rienda suelta a toda una montaña rusa de desenfreno, drogas y diversión, ofreciendo algunos momentos verdaderamente hilarantes. Al igual que le ocurre al personaje principal, el veterano director se deja llevar por el poder y la avaricia, prolongando en exceso la duración de la película, que con una reducción de metraje hubiera sido redonda.

El lobo de Wall Street tiene estrella, mucho marketing en su temática y a sus espaldas, coronándose como la gran venta del mes y, en realidad, no deja de ser una imitación actualizada de Casino.

Jon San José Beitia

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