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El lector

Por Enrique Fernández Lópiz

La película se desarrolla en Alemania antes y tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Al inicio de la misma, Michael Berg (David Kross), un adolescente de quince años, pierde el conocimiento cuando regresaba del colegio. Con motivo de este incidente, Hanna Schmitz (Kate Winslet), una mujer formal y reservada, una mujer de treinta y tantos años, lo ayuda, lo recoge y lo lleva a su casa. Con los días, Michael se recupera y vuelve a verla en el microbús donde trabaja como revisora; y llega a ir a su casa. A él se le ocurre comentar que durante su enfermedad no ha podido leer, lo cual impresiona a Hanna, que es, como luego se sabrá, analfabeta. A partir de ahí, surge entre ambos un ardoroso y oculto idilio en el que el muchacho, además de sexo y caricias, le lee libros a Hanna. El idilio se ve interrumpido por la misteriosa desaparición de ella. Ocho años más tarde, siendo estudiante de Derecho, Michael vuelve a verla, pero en una situación que nunca hubiera podido imaginar.

Stephen Daldry dirige con gran maestría este profundo film, vertebrado por un gran guión de David Hare basado en una novela de Bernhard Schlink. Una buena música de Nico Muhly y una fotografía excelente de Chris Menges y Roger Deakins, hacen el resto de las componentes de realización y técnica. En este punto quiero recordar que Stephen Daldry es ya en 2008 un director respetado por público y críticas por sus obras: Billy Elliot (Quiero bailar), 2000 o la emocionante Las horas, 2002; y con El lector de 2008 ya ha removió conciencias e hizo sentir profundas emociones a quienes la vimos y seguimos vendo.

Este romance dramático desarrollado en la Alemania post nazi, está interpretado por un joven que hace un estupendo papel (David Kross) y la actriz Kate Winslet que obtuvo un Oscar con su interpretación en esta película. La película fue además multipremiada, sobre todo por el genial trabajo de Kate Winslet. Y es que de Winslet va más allá de la mera interpretación, es atroz y perfecta y constituye toda una provocación en regla que mantiene al espectador atento a la pantalla durante los 123 minutos del metraje con su bien hacer y su saber estar frente a la pantalla. Un prodigio de actriz.

Además, la historia habla del despertar sexual y de diferentes dilemas morales en un romance bien interpretado, que acaba en un drama judicial que encierra todo tipo de ángulos controvertidos y opiniones muy diversas en una compleja trama. La película, de inicio romántica, se convierte en una auténtica metáfora sobre la relación del pueblo alemán con Hitler y el nazismo, un asunto en extremo complejo y que toca sensibilidades.

Con relación al drama judicial, en la historia, esta pobre mujer Hanna, analfabeta, ávida de saber, necesitada de las lecturas que el joven le hace de sus libros, etc., a la vez desea prosperar un poco en aquellos años duros en Alemania, y acepta, a fin de subir de estatus y consideración social y económica, acepta digo, ser guardiana de los presos judíos que los nazis van reclutando y para los cuales hacen falta, no ya tropa, sino pobre gente inculta como Hanna, a modo de custodios.

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Ahora, a toro pasado, todos criticamos las aberraciones nazis, o el fascio de Mussolini, o la Falange de José Antonio Primo de Rivera, e incluso las dictaduras comunistas como las de Lenin, Stalin o Breszniev. Pero ¿cuántas personas no quedaron encantadas o esperanzadas ante aquellos sistemas “idealistas” que se llamaban socialistas, con un presunto sustento ideológico y promesas de prosperidad? Pues fueron muchos los individuos quedaron fascinados con aquello, millones, y no me refiero sólo a la gente sencilla o inculta como la protagonista de este film, también hay pensadores y filósofos de la talla de Heidegger o Laín Entralgo, que fueron nazi o franquista respectivamente; algunos luego rectificaron, claro. Y no digamos cuántos cientos de intelectuales y no intelectuales fueron fervorosos del comunismo estalinista, una de los regímenes junto con el nazismo más sanguinario de nuestra reciente Historia. Pues bien, en este contexto, la protagonista Hanna, acabada la guerra es juzgada junto a otras guardianas y, curiosamente, así como otras fueron absueltas, ella fue condenada pues aceptó su responsabilidad y la realidad del cargo que ocupó como guardiana de presos judíos, como algo que fue así; cierto es que este asunto fue acompañado de una desgraciada de muerte de judíos propiciado por el celo de las guardianas para que no escaparan ¡Pero para Hanna esa era su trabajo y su obligación!

Por eso digo que es una película que fascina, que atrapa, que conmueve, y que además cuenta una historia con una fuerte carga dramática, drama que se desarrolla con lucidez y alto voltaje en el film. El lector, pone a prueba de nuevo al espectador, de modo equivalente a como ya he escrito en otras páginas en relación a otros filmes como Hannah ArendtLa lista de Schindler o citando los documentales de nuestra colega Clara Castro en Noche y niebla o El triunfo de la voluntad. En estas cintas, se pone en entredicho la culpabilidad de los que obedecían, con el concepto de Arendt de “banalidad del mal” inspirado en Kant y luego demostrado por la psicología social de Milgram; o las ideas de Freud sobre la pérdida de identidad en la masa en su genial obra Psicología de masas y análisis del yo; o la “malignidad” como concepto frommiano para los líderes que organizaron el Holocausto; o la grandilocuencia que muestran los documentales comentados por Clara Castro (http://www.ojocritico.com/criticas/noche-y-niebla/; http://www.ojocritico.com/criticas/el-triunfo-de-la-voluntad/), películas y documentos todos en los que se videncia el asfixiante mundo nazi con todo cuanto de barbarie supone, pero también de idealismo y grandilocuencia, y cómo se imponía a los ciudadanos que, o bien quedaban fascinados por sus líderes (y salvadores), o bien meramente que obedecían las órdenes de sus superiores.

Stephen Daldry no sólo nos da una lección de cine, sino que nos expone en toda su complejidad pero con solidez temas eternos y recurrentes en la vida de los humanos, como el amor, la culpa y la memoria, y la responsabilidad histórica que todos tenemos al fin y al cabo.

Se trata en suma de una película inteligente que nos deja pensando, algo que tanta falta hace en esta “sociedad líquida” de simplezas y facilitaciones; con este trabajo, Daldry se sale del maniqueísmo tan común cuando se enjuician estos temas históricos donde parece que hay: yanqui bueno y alemán malo. Por el contrario, ofrece lecturas diversas dentro de un drama concienzudamente cocinado que deja un surco de análisis que hay que continuar.

Comentarios

  1. marcelo rios

    conmovedor film que muestra a una majestuosa interpretación de kate winslet, en varias etapas de su tranquila pero a la vez tormentosa vida..
    un lujo de pelicula que sin duda perdurara por largo tiempo en la retina de los espectadores.

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