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El Juego de Ender

Por Jon San José Beitia

Esperada adaptación de la novela de Orson Scott Card, que presenta la preparación de un joven en una escuela militar espacial, para hacer frente a una posible futura invasión alienígena. Una adaptación que se antoja compleja y como ocurre en muchos casos, decepcionará a muchos de sus lectores y, a su vez, animará a otros a leer la novela original.

La película hace gala de todos los elementos digitales necesarios para trasladar el relato a la pantalla de una forma convincente y se apoya en un reparto plagado de intérpretes de renombre consolidados, que sirven como reclamo publicitario. El ritmo de la historia que presenta se sigue con facilidad, gracias a la sucesión de situaciones en las que el protagonista va adquiriendo nuevos conocimientos a través de diferentes pruebas, que potenciarán su capacidad de adaptación, superación y toma de mando, con especial hincapié en la destreza para la estrategia militar.

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Los responsables de la película ofrecen un tratamiento edulcorado y superficial del tema que presenta, llegando a ofrecer un relato demasiado infantil y simplista, que podría haber profundizado más y presentar lecturas mucho más interesantes que el mero espectáculo de efectos digitales que ofrece. El tratamiento de los personajes es demasiado simple y el trabajo de los intérpretes que participan en la película no llega a ser memorable; de hecho, muchos de los nominados al Óscar que participan en la película, podrían haber sido sustituidos por cualquier otro intérprete de un salario menor, sirvan de ejemplo: Harrison Ford, Viola Davis y un ridículo Ben Kingsley, que se pasean por los escenarios sin la actitud y energía necesaria.

El proceso de aprendizaje del joven protagonista, se sigue con facilidad y logra mantener el interés por el desarrollo del argumento, que se nutre de unos correctos y abundantes efectos digitales que, en algunos momentos, no llegan a ofrecer resultados satisfactorios. Las tácticas de defensa y lucha empleadas en las diferentes simulaciones de batalla se antojan excesivamente sencillas y reiterativas, cayendo el relato en lo monótono. Quizás para un mejor desarrollo de la trama debería haber profundizado más en los personajes y no ofrecer tanta simulación de juego.

El juego de Ender se convierte en todo un escaparate de batallas digitales que, en una primera visión, deslumbra, pero que no logra desviar la atención de las carencias que posee en su conjunto. Se ve con la facilidad que se olvida, al no profundizar en un tema que podría haber dado mucho más jugo.

Jon San José Beitia

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