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El Irán buenrollista de Kheiron

Por Enrique Fernández Lópiz

La película narra la historia del propio Kheiron desde que era pequeño, y las vicisitudes y dramas que pasaron sus padres hasta llegar a Francia, país de acogida.

Hay que remontarse cerca de cuarenta años atrás, para comprender esta historia. Cuando Irán era un país que pasó de la dictadura del Sha de Persia, Mohammad Reza Pahlaví (‘Rey de Reyes’ y padre de la llamada ´Revolución Blanca´: sufragio femenino, laicismo, etc.), que gobernó con mano dura desde 1941 hasta 1979 con ayuda de las potencias occidentales, sobre todo EE.UU. Después de ser derrocado el Sha en 1979, habría de venir otra dictadura igual o peor de corte religioso, que inició Ruhollah Musaví Jomeini, un ayotolá iraní líder político-espiritual de la Revolución Islámica, movimiento que tras la muerte de Jomeini en 1989 se perpetuó con otros líderes religiosos y dura hasta hoy.

O los tres o ninguno ha batido récords de taquilla en Francia y narra la historia de los padres de Kheiron, de su huida de Irán por sus ideas, primero por enfrentarse al Sah como comunista, y después al régimen de Jomeini. Acabaron en el exilio francés estableciéndose en el suburbio parisino de Sena-Sant-Denis, donde lograron montar su hogar y echar raíces.

Como digo, los padres de Kheiron desafiaron el fundamentalismo islámico de Jomeini y tuvieron que vivir en la clandestinidad hasta su huida por la frontera con Turquía, con la inestimable ayuda kurda, para luego seguir luchando y reivindicando los derechos de sus compatriotas desde Francia, al mismo tiempo que se adaptaron a una nueva cultura donde conocieron por vez primera la libertad de expresión. Los padres, Hibat y Fereshteh, son personas entusiastas y comprometidas que lograron hacer “patria” igualmente fuera de su país. Kheiron ha declarado: No utilicé más material de documentación que la propia memoria de mis padres. Quería contar su historia íntima, no realizar un fresco sobre Irán, sino el de una pareja que lucha contra todas las adversidades posibles para salir adelante. Apropiarme de sus vivencias fue un acto catártico.

La película es parte de la biografía del director Kheiron y su familia. Las cosas salieron bien para ellos, y pudieron tener una vida plena en el país que los había recibido brindándoles oportunidades. Su padre se licenció como abogado y ejerció de mediador social. El hijo cursó sus estudios en un liceo privado y fue un estudiante brillante. Kheiron llega a decir en unas declaraciones así: A mí y a mi familia se nos dio una oportunidad. Nos asentamos en un suburbio multicultural y cosmopolita donde la integración era posible. Crecí con gente de distintas religiones y he tenido acceso a una amplia variedad de miras. Me duele en el alma cuando se intenta que las diferencias entre fes y creencias sirvan para separar a las personas. Mi lucha contra eso es esta película, en la que se demuestra que la diferencia es riqueza.

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El humorista, actor y monologuista francés, ahora también guionista y director de cine, logra con esta cinta una interesante ópera prima, realizada con encanto y cierta vis cómica; se nota que Kheiron maneja la narrativa con oficio y destila la ternura propia de quien está emocionalmente implicado en lo que cuenta (Montoya). Es una obra que promete cara al futuro de Kheiron, pero que desde mi modo de ver, muestra aún cierta inmadurez. El guión del propio Kheiron está bien trabado y logra una historia quizá en extremo amable, pero que ilustra, sobre todo cara a los jóvenes, la realidad iraní de las últimas décadas. Está bien la fotografía de Jean-François Hensgens, y acompaña una variada música, en parte folklórica, pero en la que hasta Haendel tiene cabida.

El reparto es bastante bueno, con Kheiron de figura principal, acompañado muy bien por Leïla Bekhti, Gérad Darmon, Zabou Breitman, Alexandre Astier, Kyan Khojandi, Arsène Mosca y Jonathan Cohen, todos espléndidos.

En 2015 fue nominada a Mejor ópera prima en los Premios César.

En esta película, Kheiron tiene claro que el humor es un arma poderosa para enfrentarse a los problemas. La herramienta más potente y universal. Así, en este film, hace gala de su capacidad para transmitir, según Martínez: el mensaje de tolerancia que, a modo de crónica social optimista y naíf, nos ayuda a contagiarnos con la alegría de los supervivientes.

Me parece ineludible ver esta película con la mirada puesta en los acontecimientos que están sucediendo en Siria, Afganistán, Libia y todo el Oriente próximo, con familias enteras y cientos de miles de personas que al igual que narra el film, huyen de la guerra y la represión. De hecho, es el mismo Kheirón en su gira promocional de la película quien dice: “Las fronteras ya son de por sí un error. El hecho de decir: esta parte es mía, la otra es tuya y por aquí no puedes pasar. Yo desafiaría a todas esas personas que piensan así a decidir qué harían si su familia estuviera en peligro en una guerra. ¿Se quedarían como niños buenos tranquilamente al otro lado sabiendo que corren peligro, o harían lo posible para salvar a los suyos?”.

Yo sentí que salía del cine con una buena sensación, la que da el cine optimista y buenrollista a lo Begnini y La vida es bella (con quien se compara a Kheiron), y con la certeza igualmente de no haber visto una película verdaderamente crítica con los tremendos acontecimientos que narra. Pero bueno, me parece que Kheiron está en su derecho de haber construido un film amable, una película agradable, destinada fundamentalmente a ese público de mayorías poco buscador del contraste, el aguijón y el análisis (Ocaña). O como escribe Bellón: una comedia tan luminosa sobre los acontecimientos más terribles […] A Kheiron se le podría tachar de buenista, pero si con un padre como el suyo alguien no cae en ese «vicio» es porque no tiene corazón. Seguro que al espectador la cinta le ayuda a reconfortar el suyo”.

Tiene el film notas costumbristas y propias de la familia típica iraní, donde cobran importancia notable los estupendos padres de ella; personajes como el hermano cleptómano textil; escenas auténticamente delirantes, y una parodia no exenta de riesgo sobre el Sha que completa este relato que no evita la comicidad y el buen humor. Y hablando de humor, comparto las palabras de Salvá cuando afirma que: La película resulta más convincente en su primera parte, que echa mano del humor negro para hablar de represión política, que en una segunda mitad demasiado blanda a la hora de retratar un proceso de asimilación cultural”. Incluso se puede decir que son dos películas en una.

No está basada en una historia real, es una historia real, reza el tráiler. Efectivamente la propia vida de su director, guionista y actor Kheiron, que al modo de “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”, ha reconstruido y nos da servida en el este film su vida, la de sus padres, inmigrantes que huyeron de Irán con el propio director en brazos cuando era un bebé, y todo ello de manera entrañable y en un tono afable que a pesar de otras deficiencias, es de agradecer en los tiempos que corren. Yo la recomiendo.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=Jd78PjQm4Pc.

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