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El insoportable hombre irracional

Por Javier Fernández López

Al señor Woody Allen no lo tengo en alta estima, aunque tengo que ser sincero y decir que tampoco he visto demasiado de su cine, pero el suficiente como para saber que su estilo, su tono y la atmósfera de su estética no pasa desapercibido para el espectador. Pero todo eso siempre lo he visto como un adorno, un papel de regalo reluciente que esconde en gran medida una historia que, sin más, no es para tanto. Eso es lo que sucede con Irrational Man, su última película.

De nada sirve colocar la belleza de Emma Stone y un grande como Joaquin Phoenix. De nada sirve ese toque idílico y bucólico. De nada sirve toda la jerga filosófica (conste que soy filósofo). De nada sirve todo eso, porque la historia que quiere contarnos Woody Allen pretende ser un gran chiste, pero resulta que no tiene nada de gracia. En realidad, la sensación es de vergüenza ajena, porque el espectador es testigo de una caída en picado, una historia que va cuesta abajo y sin frenos hacia el fracaso más absoluto posible: el tedio.

Irrational Man pretende ser una película sobre crímenes, pero es una mala película sobre crímenes. Pretende ser una comedia romántica, pero es una malísima comedia romántica.  Está muy bien que se discuta la filosofía de Kant en la película, eso como filósofo antikantiano es algo que me enamora, pero lo cierto es que es sólo un brillante papel de regalo que envuelve una historia que carece de sentido narrativo, y además es olvidable.

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En realidad, y siendo totalmente sincero, habría perdonado como espectador muchas cosas de no ser por ese ridículo desenlace. No hay otra palabra mejor para definir el juego final de imágenes que se ingenia Allen sin demasiada creatividad: “ridículo”. Efectista, sí, por supuesto, pero no hay magia en la forma ni en el contenido, sólo una sensación de estupidez por haber pagado en su día para ver esta película. Ni siquiera las motivaciones de los protagonistas están bien construidas y justificadas durante el relato, lo cual empaña aún más el resultado final del producto. Un triste intento de Allen por recuperar el ingenio perdido, porque parece que no da con la tecla para hacer una buena película como ya hiciese con Match Point, que no es que sea la panacea del cine pero al menos sacabas algo al verla. Pero qué puedes esperar de un hombre irracional sino la pobre virtud de aquél que espera liberar su alma al sentir orgullo por un momento de justicia poética. Cuidado con lo que decís en las cafeterías, que este mundo está lleno de irracionales…

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