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El Havre

Por Enrique Fernández Lópiz

En esta historia, un escritor bohemio y famoso, Marcel Marx, por propia voluntad se ha ido a vivir a la ciudad portuaria de Le Havre (Francia), un lugar humilde, en una humilde vivienda y trabajando de limpiabotas, pues de esta manera se siente más próximo a la gente. Allí vive satisfecho con su vida, después de haber renunciado a sus ambiciones literarias. Su existencia transcurre sin sobresaltos entre el bar de la esquina de hermético lumpen, su trabajo callejero lustrando zapatos, su perro y su amantísima mujer enferma, Arletty, que lo cuida a las mil maravillas, dentro de su modestia. Pero ocurre que en un momento del film, se cruza en su vida un niño de color inmigrante que ha logrado huir de una redada de “sin papeles”; esta circunstancia lo saca de su placidez y le obliga a utilizar su astucia y su coraje para solucionarle la vida al pobre niño. Coincide que su esposa debe ingresar en el Hospital por una enfermedad terminal, cuando él, con la ayuda de vecinos y amigos y luchando contra los insensibles y empecinados mecanismos del Estado (policía, inspectores, etc.), con la exclusiva arma de su optimismo y la incondicional solidaridad de los vecinos, lucha para evitar que su protegido, el pobre niño que pretende llegar a Inglaterra, caiga en manos de la policía. Son éstos, momentos de la historia con gran encanto y gracia, a la vez que dramatismo.

Hace apenas unos días que vi esta película excelente que me ha parecido toda una metáfora de nuestra sociedad, y sobre todo una película que avala esa verdad de que entre los pobres hay más solidaridad, ternura, apoyo incondicional y empatía, que entre los ricos y por supuesto que en la burocracia que no entiende nada de la dimensión humana de las personas.

El encanto y la ternura de este film recuerda a Bresson o a Tati (un ídolo para mí, lo confieso). Y es en Francia donde Aki Kaurismäki dirige con una aparente sencillez, una obra de notoria profundidad, conmovedora, poética, romántica y elegante. Como decía, Bresson o a Tati están por los entresijos de este bello melodrama. La dirección es de excelencia, el guión del propio Kaurismäki no tiene parangón, y a todo eso acompaña una música al hilo de la historia y una excelente fotografía de Timo Salminen; y tampoco hay que olvidar en este magnífico film la puesta en escena, la parquedad expresiva, cómo se van componiendo los planos o la precisión en el montaje. Además, la película tiene una insólita lucidez en la narración y el perfilado de los personajes. Yo, que la empecé a ver sin darme cuenta bien de qué iba la cosa al principio, de pronto me rendí ante su ingenuidad y su honestidad. Es en parte comedia y en parte drama o tragedia, y tiene también del “realismo mágico” y de lo real maravilloso de Alejo Carpentier y otros. Ya una vez escribí en estas páginas que este concepto tiene que ver en cómo lo maravilloso implica un sentido de sorpresa frente a lo inesperado, o un fenómeno improbable. Y es que en este film ocurren cosas distintas a lo que se considera “normal”, algo distinto de lo esperado. Así, muchas de las cosas que le ocurren al personaje, que es un pobre individuo metido plenamente en su mundo de ilusión y ensimismamiento. Y recuerdo, como un acontecer “milagroso”, la inopinada curación de la esposa. Pero hay más sorpresas en el cinta.

En cuanto al reparto es muy bueno, los actores hacen una interpretación coral donde hasta el niño es convincente, resaltando André Wilms, Kati Otinen o Jean-Pierre Darroussin.

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La película es una obra multinominada y multipremiada: Premios Cesar: 3 nominaciones: mejor película, director y diseño de producción; Festival de Cannes: Premio FIPRESCI. Sección oficial a concurso; Premios del Cine Europeo: 4 nominaciones, incluyendo mejor película; Critics Choice Awards: Nominada a Mejor película extranjera; Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa; Premios David di Donatello: Nominada a mejor película de la Unión Europea; Festival de Chicago: Mejor película. Por lo tanto hablamos de una obra de reconocido prestigio y no meramente de un cuentecito.

Cuando acabó a peli sentí que me había conmovido: conmovía el niño, el limpiabotas, la tabernera, el frutero, el policía, el vecindario…; y además tiene un exacto sentido de clase que no roza la sensiblería. Y qué bien expresa esa idea que creo muchos sabemos de que en la pobreza (no ya económica solamente sino en la humildad propiamente dicha) está la capacidad para ayudar, compartir, sintonizar y todo eso. El director opta por la esperanza y la inocencia de un mundo bondadoso y cooperativo para un desinteresado fin común. Por cierto, si a alguien este argumento le resulta poco convincente e incluso increíble, le recomiendo que mire esta dirección Web que a continuación escribo, donde unos psicólogos sociales norteamericanos, de Berkeley, liderados por Paul Piff, demuestran que realmente el dinero te hace ruin, poco empático con el “otro”, agresivo, sojuzgador, etc. Y al contrario: la genet con menos recursos es todo lo contrario. Ved, ved y opinad por vosotros mismos:
http://www.ted.com/talks/paul_piff_does_money_make_you_mean?language=es

Esta película del finlandés Aki Kaurismäki demuestra a las claras que en el arte el realismo puede estorbar; por eso es que decíamos del “realismo mágico”, e incluso de la fantasía a la hora de hacer un análisis social y de la propia realidad. Pues si no ¿quién iba a imaginar que el policía, un policía severo y circunspecto iba a cerrar los ojos y dejar escapar al “ilegal”?

Finalmente, cito a uno de mis críticos favoritos, Carlos Boyero, en unas palabras que vienen al cuento cuando dice que con Kaurismäki “se garantiza una forma autónoma de mirar la vida, un planeta emocional muy peculiar, la eterna duda de si lo que estás viendo o escuchando está planteado en serio o en broma.”

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