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El gran Lebowski

Por Jon San José Beitia

Acertada comedia disparatada. Escrita y dirigida por los hermanos Cohen en una demostración de su capacidad para crear personajes y situaciones realmente hilarantes.

Los hermanos Cohen crean unos personajes genuinos y llenos de carisma, que se ven envueltos en la trama de un secuestro, y que encontrarán la vía de escape a sus problemas en un centro de reuniones verdaderamente singular: la bolera.

Desde el comienzo todo lo que le sucede al personaje principal es realmente cómico y surrealista, tanto los acontecimientos en los que se ve implicado como las soluciones que pone a sus problemas resultan verdaderamente cómicas, logrando despertar la simpatía y carcajadas del espectador.

El conjunto de la película como comedia es redondo, logrando mantener el interés alrededor de la trama del secuestro, que en realidad es la excusa perfecta para presentar y desarrollar toda una galería de situaciones hilarantes.

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Mención especial merece el trío protagonista, interpretado por Jeff Bridges, John Goodman y el siempre necesario Steve Buscemi. La selección del reparto es idónea y deja la sensación de que ningún otro intérprete podría haber encajado mejor en cada uno de los personajes que se pasean por la película.

Resulta cómico el dúo que forman los personajes de Jeff Bridges y John Goodman, uno pacifista y pasota por completo y el otro un defensor del uso de armas, una extraña relación de amigos que tienen su punto de encuentro en la pasión común por el mundo de los bolos.

Steve Buscemi demuestra que un personaje que apenas tiene líneas de diálogo puede resultar fundamental. Su aportación al papel y su capacidad para resultar cómico con su sola presencia es digna de mención.

Todo va tomando forma en lo que parece un argumento inconexo e ilógico, va hallando respuestas a medida que avanza la trama y por el camino secuestran las carcajadas del público.

La selección musical es otro de los aciertos de la película. Las escenas de ensoñación que vive en algunos momentos el personaje principal pueden parecer innecesarias, pero ofrecen una original y extraña visión del mundo que rodea al protagonista, siempre relacionado con los bolos. Toda una aventura alocada, plagada de diversión y entretenimiento, con unos personajes llenos de carisma e inolvidables.

Dicen que cuesta más hacer reír pero en este aspecto los hermanos Cohen logran robar algo más que una leve sonrisa.

Jon San José Beitia

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