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El Gran Hotel Budapest

Por Alejandro Arranz

-Una película maravillosa en todos los sentidos: divertida, profunda, melancólica y con un exquisito apartado formal.
-El reparto es la primera joya que nos trae Anderson, las demás provienen todas de su extraordinaria mente, capaz de imaginar maravillas que luego transmite con pura genialidad a la pantalla para goce y disfrute del público.

Una nueva película de Wes Anderson siempre es motivo de controversia, amado por muchos gracias a su cine único y singular, un tipo de cine que muchos otros no soportan, quizá debido al surrealismo, a la particular puesta en escena y a muchas otras señas de identidad de este gran director que con cada película tiene numerosos tesoros que mostrarnos. En esta ocasión nos trae una comedia dramática de época repleta de entresijos y como telón de fondo los levantamientos que transformaron Europa durante la primera mitad del siglo XX. Como es habitual en Mr. Anderson, los actores más característicos del director tienen papeles en la película, aunque por primera vez ha elegido a un gran número de intérpretes con los que no había trabajado antes, todos ellos logran una de las primeras maravillas del filme, como protagonistas de la susodicha tenemos a Ralph Fiennes y Tony Revolori, dos trabajadores del Gran Budapest que entablarán una amistad que les conducirá a una aventura tan divertida como peligrosa, el resto del reparto lo completan todo tipo de figuras de renombre: Saoirse Ronan, Bill Murray, Jude Law, Willem Dafoe, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Edward Norton, Jeff Goldblum, Adrien Brody, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Owen Wilson, Jason Schwartzman, Tom Wilkinson, Léa Seydoux, Bob Balaban.

Estos últimos años, Wes Anderson ha ido evolucionando como director, madurando, mientras desarrollaba un universo rico en personajes e ideas que alcanza en esta ocasión su máximo exponente, si hace dos años decía que Moonrise Kingdom era una de las mejores películas de aquel año, ahora diré que The Grand Budapest Hotel es la mejor película de Anderson, una absoluta delicia de principio a fin. Te atrapa desde el primer fotograma hasta el suspiro final, con el último título de crédito estás seguro de que has visto una película portentosa y también de que estarías encantado de volver a verla otra y otra vez, el porqué os lo explicaré en las líneas posteriores. Anderson se mueve entre géneros con maestría, sin dejar nunca que el predominante -la comedia- pierda protagonismo; así con su humor inteligente, una elegante sutileza y un par de pizcas de parodia nos cuenta una historia de amor, otra sobre la amistad, un thriller clásico sobre el robo de un valioso cuadro, una fuga de prisión y tantas otras magníficas historias con un intenso periodo histórico de fondo, y todo esto en el tiempo, en la mirada melancólica que transcurre desde el primer minuto de la película hasta el cierre.

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La mejor película de su director, lo he mencionado antes, y es por lo nuevo y por lo clásico, por la evolución que ha tenido como director y también por las cosas en las que se ha mostrado inamovible, por la fotografía, la banda sonora, esos zooms tan típicos de él, la cámara lenta y en especial por su minuciosa preocupación por los detalles que la hacen completamente arrebatadora; es muy posible que con todos los placeres que la cinta muestra en la superficie a muchos se les pasen los sutiles y exquisitos detalles que Anderson nos tiene reservados (y eso que los hay en cantidad), no pasa nada pues eso lo arreglan un par de visionados más que seguro les resultarán aún más satisfactorios. No sólo ha contado con sus habituales en el reparto, sino que encontramos a otros como el director de fotografía Robert Yeoman o el supervisor de música Randall Poster; quedaros sobre todo con el nombre del primero pues entre él y Anderson han logrado una fotografía que traspasa los límites de la imaginación, y es que los placeres de la película podemos encontrarlos en el guión, en la banda sonora de Alexandre Desplat (que comentaré más adelante), en los actores, en la dirección pero en especial en la fotografía, en el desbordante y también deslumbrante poderío visual que desprende El Gran Hotel Budapest, el diseño de producción es fenomenal, todos y cada uno de los escenarios en los que se desarrolla la acción, y claro la mencionada fotografía, también repleta de ingeniosos detalles, va mucho más allá de lo esperado, hay tantas cosas que ver en las imágenes que Anderson y Yeoman tienen para mostrarnos. Antes de pasar a otra cosa quiero hablar de la banda sonora del antes mencionado Alexandre Desplat (Philomena, Monuments Men), me ha entusiasmado, cada nota y cada acorde están en armonía, lo que logra un equilibrio soberbio entre música e imagen, y es en parte gracias a ella por lo que la película se pasa en un suspiro, veo oportuna la séptima nominación al Oscar para el compositor parisino, y quizás el tan merecido premio que en seis ocasiones se le ha negado.

Le llegó la hora al guión escrito por el propio Anderson, la narración es excelente, los personajes misteriosos y fascinantes y por último los impecables diálogos imbuidos de melancolía, al igual que las imágenes; la manera de mezclar géneros y darle a cada uno la importancia que merece y claro algunas escenas particularmente memorables que además redondea el trabajo visual e interpretativo, luego los giros, el entramado y todo bajo el fino velo del humor en ocasiones no tan fino y con una proverbial excentricidad, el indescriptible placer que resulta conocer a todos y cada uno de los extravagantes personajes que van apareciendo conforme avanza la historia, los cuales desprenden ternura gracias en parte al excelente trabajo de los actores, podría estar hablando de las virtudes de esta película durante días después de haberla visto y sin a penas sacarle problemas, como por ejemplo que a muchos les resultará demasiado teatral, forzada o incluso estrafalaria, y que si el visionado que realizas es demasiado superficial quizá opines que se presta poca atención al telón de fondo, como no estoy de acuerdo con ninguna de estas posturas no creo que la película tenga fallos mayoritarios y además la disfruté más de lo que habría podido imaginar. Para ir finalizando repasaré algo más a los actores, que por raro que parezca han sido los olvidados de mi crítica, no por ser menos importantes o por realizar un mal trabajo, sino por el simple motivo de que la película de Anderson tiene tanto que decir, tanto que mostrar y todo es tan sobresaliente que no queda sitio para las palabras, aún así el elenco realiza una labor primordial y claro está, fantástica, Fiennes irradia magia e ingenio, Revolori despunta como co-protagonsita y desde primero al último de los secundarios te dejarán una sonrisa tan luminosa que hasta tu dentista quedará impresionado.

Finalmente el director ha firmado el que es para mí su mejor trabajo, también el primer sobresaliente del año, y ahora las palabras mayores, estamos aún en el mes de Marzo, se acaban las películas de los Oscar (para nosotros ya se acabaron) y comienzan los estrenos aburridos, repetitivos y decepcionantes, y aún estando el año entero por delante, puedo decir que El Gran Hotel Budapest es una de las mejores películas del año, si no aparece en mi próxima lista de 10 mejores películas sólo podrá significar que éste ha sido un año de cine realmente extraordinario; sólo me queda decir que hayáis o no acabado con las películas pre-Oscar no paguéis por ver ninguna otra película -actualmente- si no es ésta, puro cine “wesandersoniano” que llega para deleitar incluso a los paladares más exigentes, los placeres del Gran Budapest son disfrutables por todo tipo de público y en cuanto se apaguen las luces de la sala tengas 10 o 90 años te divertirás como el niño que una vez fuiste…o eres.

Alejandro Arranz

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