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El gran hotel Budapest

Por Enrique Fernández Lópiz

Película encantadora de Wes Anderson que hará las delicias de cualquier aficionado al buen cine, con un profundo sentido del humor y de la vida, en este precioso film titulado El gran Hotel Budapest.

La película es el relato que uno de los personajes del film, Zero Moustafa, le va haciendo a un escritor, contándole toda la historia que se tejió alrededor del Hotel Budapest. El tal escritor, que pasaba unos días en el Hotel, se interesó a través del conserje, por un señor solitario de cierta edad, y éste, enterado del interés del escritor le invita a cenar esa noche para contarle la verdadera historia del decadente Hotel Budapest en el que ambos se hospedan Y es que el tal señor resulta ser el mismísimo propietario. Al principio de la cinta, este escritor, más mayor, había contado frente a la pantalla, que no son los escritores especialmente fantasiosos o imaginativos, sino que es la gente la que les exponen las historias para que ellos las cuenten. Y como ejemplo de ello, narra lo que le sucedió cuando el propietario del Hotel le cuenta las aventuras y desventuras por las que pasó el mencionado establecimiento. Al estar narrada en forma de flashback, lo que va mostrando el film adquiere las tonalidades de recuerdo que guarda el relator Zero, y la forma en cómo quiere contarlo, que no está exenta de cariño, nostalgia y una mirada tierna que roza la melancolía.

En la historia que le cuenta, Gustave H. (Ralph Fiennes) era el antiguo conserje de ese famoso hotel europeo de entreguerras. El tal Gustave entabla amistad con su joven empleado, especie de botones del Hotel, el propio Zero Moustafa (Tony Revolori) –el narrador-, y lo convierte en su particular ayudante y protegido. En el transcurso del relato cuenta las muchas peripecias vividas con Gustave, los innumerables romances de Gustave con mujeres mayores, especialmente con una adinerada señora de 84 años inopinadamente asesinada con arsénico por la propia familia al poco de abandonar el Hotel, y cómo la millonaria señora le deja en herencia a Gustave un cuadro que luego por cosas del destino, han de robar en una rocambolesca historia para recuperar esa pintura renacentista de valor incalculable; y la tremenda guerra que enfrenta a los miembros de la familia pugnando por la enorme fortuna de la madame. Como trasfondo están las convulsiones y los levantamientos que transformaron Europa durante la primera mitad del siglo XX, si bien no se habla de manera explícita de países, ejércitos o intereses concretos, sino que la guerra queda descrita de una manera universal, que tanto podrían haber sido blancos como rojos, pero lo que sí eran es matarifes; de hecho la nación del film es ficticia, la República de Zubrowka, y sus escenarios sí fueron rodados en lugares europeos diversos como Budapest, Görlitz, un pequeño pueblo asentado entre Polonia, Alemania y la república Checa; Praga, Karlovy Vary y otras ciudades del entorno: es la Europa antes del desastre.

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Anderson, un auténtico esteta del actual cine, un tejano preciosista (de Huston) dirige con insólita maestría este film de historia situada entre las dos Grandes Guerras. Wes Anderson es uno de los directores punteros actualmente, pues posee un sentido narrativo y visual sobresaliente que le ha granjeado la buena acogida de parte de la crítica y de una importante parte del público, muchos de los cuales son incondicionales. Películas tales como Ladrón que roba al ladrón, 1996; Academia Rushmore, 1998; Life Aquatic, 2004; Fantástico Sr. Fox, 2009; o Moonrise Kingdom, 2012; así como cortos como Prada: Candy (C), 2013 o Castello Cavalcani (C), 2013 han sido obras importantes, aunque la verdad, y lo digo incluso por mí mismo, creo que no terminaba de ser popular, de llegar de firme al gran público, tal vez por su tendencia al absurdo en su humor y en sus diálogos. Con los Tenembaums. Una familia de genios de 2001, fue nominado al Oscar y con Moonrise Kingdom de 2012 ya consiguió su segunda nominación.

Con la película El gran Hotel Budapest, asistimos a un auténtico espectáculo visual, película además divertida, brillante y espectacular: un placer para la vista y los sentidos en general, con una trama ágil y dinámica conducida por un gran guión del propio Wes, una espléndida fotografía deliciosa de tonos cálidos de Robert D. Yeoman, una magnífica y alegre música de Alexandre Desplat y una exquisita dirección artística que repara en todo lujo de detalles. El resultado es una película cautivadora, al modo de un relato de los años treinta, vibrante; una película cargada de imaginación, evocadora de otros tiempos ya pasados, una comedia muy singular que sin duda hará las delicias de quienes sepan degustar esta sofisticada y elegante farsa. Claro que no creo que sea una peli de multitudes, pero ayer la sala estaba bastante llena, y eso que era en su versión subtitulada. La película transcurre por varias épocas y formatos de proyección: cambia al blanco y negro y juega con el cuadro de visión, porque, como confiesa Wes Anderson, “ahora con el digital puedes hacer lo que quieras”.

Y en este punto puedo hablar del enorme reparto que trabaja en la peli. Un reparto lleno de grandes nombres Entre todos los actores destacan la pareja protagonista, Ralph Finnes, que demuestra una vis cómica genial un tanto insólita en él pero que en la película borda; y su acompañante, Tony Revolori, que interpreta al joven botones que carece de papeles de identificación y se pinta un incipiente bigotillo, que manifiesta, junto con Finnes, un creíble entusiasmo y energía que les hace firmes y convencidos de lo que hacen sin permitirse dudar ni abandonar en ningún momento, ni siquiera en momentos muy difíciles en su existencia. Interpretaciones ambas, pues, geniales. Destaco también a un Willem Dafoe en su papel de villano de comic y abrigo de cuero; o a Jeff Goldblum que está impecable. Pero la verdad es que lo que consigue Anderson es una actuación coral que suena de maravilla, donde están también Saoirse Ronan, Bill Murray, Jude Law, Tilda Swinton (escondida bajo el maquillaje), Harvey Keitel, Edward Norton, Adrien Brody, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Owen Wilson, Jason Schwartzman, Tom Wilkinson, Léa Seydoux y Bob Balaban. Digamos que es un reparto raro por lo numeroso y genial de todos sus miembros. Y con todo esto que decimos ha conseguido el Gran Premio del Jurado del último Festival de Berlín.

El gran hotel Budapest bien puede calificarse de película de aventuras al estilo Anderson. El período entre la primera y la segunda Guerras Mundiales es presentado en el film como un espacio donde las tensiones políticas podían desencadenar una balacera en cualquier momento, por los motivos más inopinados, y en el lugar más insospechado. Y todo ello ha sido deformado a través de la extensión, la radicalidad cromática y la creación de unos insólitos personajes tan excéntricos y cordiales como conflictuales. Y en esta empresa atractiva y extraña, no dudan en participar y apoyar una pléyade de estrellas que enmarcan la labor de del tándem protagonista Finnes-Revolori.

De otro lado, el mismo director del film agradece la inspiración proporcionada por la obra del gran escritor Stefan Zweig, si bien con algún desconocimiento “grueso” sobre el mismo: “No había leído nada de él, es que ni siquiera conocía su obra, hasta que hace ocho años leí su, creo, única novela, La piedad peligrosa. En Estados Unidos es un autor desconocido, pero que ahora ha logrado cierto prestigio porque su obra es ya de dominio público y se está reeditando. Empecé a leer más y más de él, y me gustó el aroma de su trabajo, su estructura de historias dentro de historias. Espero que la película responda a su estilo”. Pues sí, con Wes Anderson la Europa que vivió Stefan Zweig (1881-1942) antes del desastre, vuelve como utopía necesaria y como película: El gran hotel Budapest, que viaja al origen trágico de lo moderno de la mano del escritor vienés.

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Comentarios

  1. Iñigo

    Mira que nunca he visto una película de este director… Y eso que me llama mucho la atención. En La Sexta 3 solían repetir “Rushmore” pero ya no. A ver si veo esta y “El gran hotel Budapest”. Por cierto, creo que este director junto con Christopher Nolan crearán escuela en el siglo XXI más que cualquier otro director. Y si no, al tiempo.

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