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El fundador

Por Alejandro Arranz

-La primera y convencional hora hace deslucir la inesperada mordacidad crítica de la segunda. Pero si superponemos ambas partes surge una película fascinante.
-Michael Keaton ofrece una estupenda interpretación del fundador de una idea contradictoria y escalofriante convertida en un imperio multimillonario coronado por dos hipócritas arcos dorados.

Seguro que mientras alguno de vosotros lee esta crítica se está zampando un Big Mac, quizás pensando en un McPollo con unas deliciosas patatas deluxe. Perfecto, porque vamos a hablar de esta curiosa propuesta que a priori parece ser una cinta biográfica sobre el fundador de McDonald’s. O más bien sobre el tipo que robo la idea multimillonaria mediante la perseverancia y una falsa sonrisa de oreja a oreja y la convirtió en todo lo que es a día de hoy, interpretación que dejo a sus sabios paladares y valores personales. Ahora mismo lo que le toca a servidor es hablar de la trinidad principal que firma esta película. En primer lugar la cara protagonista, Michael Keaton, ese actor renacido de la forma más gamberra posible y que vuelve a demostrar estar en plena forma. Después las manos que escriben el texto, las de Robert D. Siegel, guionista de títulos tan dispares -entre si- como Warrior, Turbo y Big Fan (con la que debutó en la dirección). Por último, el que ostenta la silla de dirección, John Lee Hancock. Ese correcto director de encargo que entrega un filme cada cuatro años aproximadamente. Es suficiente información para asomarnos a nuestro cine más cercano y ver de que va todo ésto, les cuento.

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En un principio todo parece lo que nos esperamos de ello y creemos poder prever el desarrollo posterior. La típica película biográfica en la que un hombre hecho a si mismo deja de fracasar constantemente y triunfa como nadie lo ha hecho nunca, gracias a su perseverancia. Nada en el horizonte nos quita la razón, Hancock hace lo que se espera de él, cumple el trabajo con solvencia. El diálogo fluido es el protagonista de las escenas, complementado por un montaje dinámico con tendencia a las secuencias de montaje musicales a medio camino entre lo funcional y lo cansino. El acertado ritmo hace avanzar una película correcta y entretenida, sin más. Mientras tanto Keaton interpreta a ese tenaz perdedor que se esfuerza hasta resultar entrañable. Se ha hecho la magia, nos han engañado.

Cuando la historia ya ha avanzado lo suficiente, el tono se va oscureciendo y revela la verdadera condición de la cinta, una suerte de relato embaucador en dos partes. Repentinamente un dardo envenenado te traspasa la piel, lo que parecía un biopic convencional de corte clásico se transfigura en afilada crítica al sueño americano y al capitalismo. El personaje principal se convierte en un odioso sociópata corrompido por la ambición, la burla y el fracaso constante en su búsqueda de la promesa estadounidense, aunque quizás ese era su verdadera yo. Ahí tenemos servida en bandeja de plata la personificación del lado oscuro del sueño americano en un embustero sin talento que simplemente robó una idea y la encumbró sobre un paraíso de coloridas falsedades y eslóganes eufónicos. Keaton realiza un trabajo notable, y los secundarios son un condimento potente. El guion brinda información interesante sobre los ambientes en los que transcurre la historia y presta curiosa atención a ciertos detalles brillantes, pero la mordacidad de su segunda parte es sin duda lo mejor. Eso sí, quizás D. Siegel podría haber profundizado más en algunas incisiones morales que plantea y deja cicatrizar.

La sorpresa ha sido gratificante a la par que turbadora. Cualquier chiste sobre comida basura queda completamente descartado con respecto a este retrato inquietante de un país y un peligroso espíritu nacional y mundial surgido del podrido capitalismo actual. Una historia de actualidad candente sobre la América moderna y un biopic atípico construido sobre un poderoso contraste entre la forma y el discurso y entre sus dos bien diferenciadas partes. Hancock realiza su película más sólida, El fundador es lo más cerca que una hamburguesa puede estar de The Social Network de David Fincher.

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