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El fugitivo, cine como Dios manda

Por Antonio Clemente

Suenan los primeros e intimidantes acordes compuestos por el maestro James Newton Howard. Somos testigos a través de un contrastado blanco y negro y una cámara lenta con efecto estroboscópico del brutal asesinato de una mujer. En la siguiente secuencia observamos la figura del doctor Richard Kimble sentado en una mesa de su propia casa con la camisa y la cara llena de sangre rodeado de policías. Algo no va bien.

Así de contundente y eficaz arranca El fugitivo, uno de los mejores thrillers que se han rodado en los últimos veinte años y que haría sonrojar a más de un producto actual con la etiqueta “cool”.

Rodado en 1993 por el impersonal pero efectivo Andrew Davis, director entre otras de Alerta máxima (1991), la película adaptó de forma fiel aunque con sus respectivas licencias la serie homónima del mismo título protagonizada por David Jamsen, estrenada en 1963 y que se mantuvo en antena hasta 1967.

Davis plantea el film como el viejo juego del gato y el ratón y lo hace en base al gran libreto escrito por Jeb Stuard donde cada secuencia está planificada con la misma precisión que un reloj suizo. Los tiempos son perfectos, cada secuencia dura lo que tiene que durar y eso, en gran media, ayuda a que un metraje de más de dos horas se haga relativamente liviano y nos permita disfrutar del film sin apenas achacar bajones en el ritmo de la historia. Otro aspecto interesante con respecto al planteamiento final del film es su comienzo, rápido, carente de  introducción, sin mostrarnos antecedentes y lo mejor, sin la necesidad de tener que explicarlo absolutamente todo, donde más adelante y con un efectivo recurso como es del flashback nos irá ofreciendo a cuenta gotas la información precisa que necesitemos conocer. Desde mi humilde punto de vista, en ocasiones saber demasiado acaba por sacarte del film y a la larga aburrirte.

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Pero sería un sacrilegio hablar de El fugitivo y no hacerlo de su sólido y potente reparto encabezado por dos maestros de la interpretación como son Harrison Ford y Tommy lee Jones. Ford, el cual lleva años algo perdido, absorbe como una esponja todo el potencial y la fuerza que tenía el Kimble televisivo, un personaje astuto y camaleónico que Harrison acaba por aportarle su carisma personal. Por otro lado Tommy Lee Jones construye el perfecto personaje del comisario US Marshall Samuel Gerard, dotándole de una personalidad fría, calculadora, carente de emociones y prepotente que hace que el personaje llegue incluso a caer mal. No hay que olvidar que por este papel Lee Jones ganó por ahora su único Oscar. Con estos dos pesos pesados a la cabeza la película consigue un equilibrio perfecto entre las secuencias donde aparece Kimble y en las secuencias donde aparece Gerard y es que hay que recordar que ambos actores  comparten poquísimas secuencias.

El fugitivo es un film que ha sabido perfectamente aguantar el paso del tiempo, ha envejecido de maravilla y se ha convertido por méritos propios en uno de los mejores ejemplos de cine de acción que se rodaba en los noventa, alejado del ritmo frenético y demoniaco del cine actual y por suerte, debido a su época, carecer de toda efecto digital y CGI tan falso y poco original que tanto nos agobia hoy en día.

Para acabar y a modo de curiosidad me ha llamado poderosamente la atención el hecho de que Harrison Ford comience la película con barba y un tipo de corte de pelo diferente a su habitual, en su fase de cambio se afeita la barba y se tiñe de negro el pelo para acabar la película con su imagen actual e icónica ¿casualidad?

@elminicritico

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