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El drama palestino en una hermosa película de improbable historia

Por Enrique Fernández Lópiz

En La sal de este mar, Soraya (Suheir Hammad) y Emad (Saleh Bakri) son dos jóvenes palestinos con diferentes metas y propósitos en la vida. Soraya es una joven descendiente de refugiados emigrados a EE.UU., que viaja a Palestina en busca de sus raíces; hija de palestinos, ha vivido toda su vida en Nueva York. Su viaje a Palestina tiene también como objetivo retirar un dinero de su abuelo, pero en el Banco le dicen que ese es un dinero ya caducado, o sea, perdido. Mas no sólo ha perdido el dinero, también su tierra, su dignidad e incluso su casa familiar. Dadas las adversas e injustas circunstancias que vive, decide quedarse en Gaza para luchar por la causa de su pueblo, y no volver a los EE.UU. En cambio, Emad ha vivido toda su vida allí y harto de su mísera vida, tiene la intención de huir del país, obtener una beca y viajar a Canadá para estudiar.

Es una película hermosa y a la vez trágica, que relata con realismo el drama que viven los palestinos en la que fue su propia tierra y a la que ahora no pueden ni tan siquiera acceder. La versión corre de parte de la directora palestina y poeta Annemarie Jacir, que construye un film con una gran precisión narrativa y un pulso dramático in crescendo que consigue que nos interesemos y nos interioricemos a la vez de la problemática palestina; hay abundancia de tomas en estilo próximo al documental y con planos también subjetivos, lo que consigue empatizar con el espectador y lo coloca en la piel de los protagonistas cuando contemplan sus paisajes, sus viviendas o su mar perdido. Tiene la película un guión bien trabado de la propia Jacir. Y además, buena música de Kamran Rastegar, acompañamiento de evocaciones arábicas, y notable fotografía del francés Benoît Chamaillard. Coproducción Palestina-Bélgica-Francia-España-Suiza.

Su directora ilustra la paradoja de este periplo, que es el de todos los que están en conflicto aparentemente irresoluble con una maltrecha identidad nacional, y el de los que tratan de avenirse con sus fundamentos más allá de las bombas y del constante bajón anímico que viven. Los personajes son las dos caras de la actual Palestina, y ambas cobran cuerpo en esta película con vívido y despiadado naturalismo, salpicados por la pesadumbre de un lamento, sin duda el llanto de la propia Jacir, por tantas y tan manifiestas heridas abiertas de su pueblo.

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El reparto es muy eficiente y sintoniza perfectamente con el espectador, con actores y actrices como Suheir Hammad, Saleh Bakri, Riyad Ideis, Walid Abdul Salam, Jaber Abu Kaoud y Um Hussein Al Malhi, todos convincentes y conjuntados.

En 2008 obtuvo, entre premios y nominaciones los siguientes: fue parte de la selección oficial del Festival de Cannes 2008 en la sección Un certain regar (una sección de este festival) y fue presentada por Palestina a los Premios Oscar del mismo año. Premiada en varios festivales internacionales de cine, como el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde se le otorgó un premio del Cine en Movimiento; el Cinefan (Festival of Asian and Arab Cinema), donde ganó el premio de la FRIPESCI; el Festival Internacional de Cine de Dubai, donde su directora Annemarie Jacir se llevó el premio Muhr Arab al Mejor Guion; y el Festival de Cine de Cartago, donde recibió el premio Randa Chahal. Excelente curriculum.

En la película se puede ver claramente el contraste entre el cielo y la pujanza israelí, y el infierno pobre y paupérrimo de los palestinos, cada vez que los personajes cruzan el muro que separa a Cisjordania (la antigua Judea y Samaria) de la zona israelí. Esa diferencia brutal que se repite a lo largo de la historia, así como la secuencia en que Soraya reclama a la actual dueña hebrea de la casa de sus abuelos, de algo que les fue robado, encarnan el mensaje más explícito de esta expeditiva anexión política, social y humana de Israel sobre territorios y haciendas que fueron palestinos en otro tiempo no tan lejano. Así, todo el metraje es una evidente denuncia de la injusticia israelí hacia el mundo palestino. En ese sentido, y más allá de la complejidad y los posibles cuestionamientos a este mensaje, la película no deja de ser conmovedora.

En el film hay ciertas deficiencias técnicas, como el exceso de cámara en mano con permanentes sacudidas; aunque pueden ser debidas a los problemas del equipo de rodaje palestino en territorio de Israel. Hay igualmente un exceso de los momentos contemplativos de los personajes, y esa intención de transmitir una sensación de melancolía que llega a resultar innecesaria por ser tan reiterativa. Pequeños fallos que estropean la intencionalidad de la palestina Annemarie Jacir. Sin embargo, es meritorio cómo el objetivo de la cámara aprehende el sentimiento que nace de las cosas cuando las miran los protagonistas, y cuando éstos lanzan ese sentimiento a la cara del espectador.

Es un cine de corazón y nobles intenciones que va desde el aterrizaje de la protagonista en el desolado paraíso de sus antepasados, hasta las trabas burocráticas, discriminaciones, abusos y humillaciones descargadas sin piedad por las fuerzas del orden israelíes; hasta que finalmente pierde el rumbo (y más cosas) en una prácticamente imposible ‘road movie’, que detona como consecuencia de un imponente y forzado atraco bancario.

Se trata, en fin, de una historia que nos habla de los desposeídos palestinos, despojados de sus bienes, de su tierra y de su libertad. Unos desterrados alejados de su mar, expuestos a otro oleaje, uno que carece de sal, o que más bien se parece a la sal que escuece en las heridas. El “poder-salmuera”, podría decirse, de quienes dictan sus destinos mientras tanta y tanta gente callamos.

Un buen film, buenas interpretaciones, y apreciable guión, dirección y fotografía en esta ‘road movie’ palestina. Annemarie Jacir reclama la voz palestina silenciada por un conflicto en el que los dirigentes se frotan las manos, se forran y dejan pasar el tiempo, en vez de llegar a acuerdos y solucionar las cosas de manera definitiva.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ZuIgRF4hc6A.

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