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El drama de los refugiados y la inoperancia europea

Por Enrique Fernández Lópiz

Es esta una película de personas que huyen de la guerra civil. Esta vez, de la guerra que desde 1983 azota Sri Lanka, antigua Ceilán, entre la mayoría étnica cingalesa y la minoría tamil, oprimidos durante años y marginados por leyes hechas por los cingaleses. Organizaciones de la etnia tamil en el norte y este del país, pelearon contra lo que consideraban una discriminación y eventualmente pidieron la creación de un Estado independiente y exclusivo para ellos. Es de este cruento contexto de guerra, del que huyen los protagonistas del film.

Así, Dheepan, cuenta la historia de diferentes personajes que confluyen en su huida de la guerra en Sri Lanka, para conseguir que Francia les conceda el derecho de asilo. En primer lugar, un hombre de la guerra de ese país, se hace pasar por cabeza de familia, junto a una mujer y una niña, que ninguna tiene que ver entre sí, ni con él; son personas que se han buscado en un campo de refugiados y se han unido para parecer una unidad familiar y sortear así la dificultad de los trámites fronterizos.

Una vez en el país galo, el hombre encuentra un trabajo como guardián y jefe de mantenimiento de un edificio en un barrio marginal y problemático de extrarradio. Aunque no hablan francés, los personajes se adaptan con relativa rapidez a su nueva patria. Al principio, el hombre y la mujer guardan las distancias, pero con el tiempo acabarán enamorándose y a la vez, tratando a la niña de doce años como a una hija. Pero en el barrio hay una fuerte mafia violenta dedicada al tráfico de drogas. Esto impulsará al hombre, que ha sido en su país un guerrero tamal (derrotado y con su familia exterminada), a tomar cartas en el asunto y así, entre otras, salir de su aislamiento. Finalmente, huirán a Inglaterra donde se instalan con la familia de la joven mujer que le acompaña.

Jacques Audiard es un director con una importante trayectoria dentro y fuera de Francia por obras como De latir mi corazón se ha parado (2005) y Un profeta (2010), la historia en la cárcel de un árabe analfabeto que es explotado salvajemente por la mafia corsa. Pues bien, en este film, Audiar sabe incursionar con decisión y valentía en el submundo de la inmigración y, más concretamente, de los refugiados, tomando el caso concreto, pero generalizable, de tres refugiados tamiles.

El guión del propio Audiard, Thomas Bidegain y Noé Debré, está, según dicen, inspirado en parte por las Cartas Persas de Montesquieu, obra donde se cuenta la huida de un político musulmán de su país por criticar la corte; en ese viaje escribe más de ciento sesenta y una cartas en las se habla de la religión, la moral y la política; es también un libro irónico, breve pero profundo, donde sus protagonistas orientales critican las costumbres occidentales, recurriendo al humor negro y ridiculizando a la corte francesa. Pues bien, el libreto del film hace un retrato desgarrador sobre la inmigración proveniente de oriente con toda su crudeza. No es una obra cumbre, nadie, pero nadie dudará, como escribe Boyero, que posee lucidez, verosimilitud y comprensión. E igualmente coincidiremos en que toca un tema de rabiosa y lamentable actualidad, es decir, el espinoso asunto de los inmigrantes que buscan en Europa un lugar de amparo. Personajes que como constatamos a diario en los informativos de TV, en prensa y radio, se mueven al límite de la angustia y prefieren exponer su vida en viajes inciertos, antes que retornar a la barbarie y a la muerte. Así, el guión de Dheepan es un ejercicio febril y dramático de personas que hacen lo imposible para sobrevivir. Hay elipsis, como las orejas fluorescentes como mecanismo de vida que, como dice Ocaña, son quizá la mejor imagen de toda la película.

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La música de Nicolas Jaar es espléndida, una banda sonora envolvente que se puede escuchar aquí: https://www.youtube.com/watch?v=zi4wdcTMvn0; y grande la fotografía de Éponine Momencea, con matices acordes a la historia y una cámara penetrante que enfoca certeramente los oscuros y tristes rostros de los protagonistas..

El reparto, aun siendo actores poco conocidos en España e incluso internacionalmente, cumplen a las mil maravillas con sus trabajos cargados de dramatismo. Actores y actrices como Vincent Rottiers, Marc Zinga o Jesuthasan transpiran la angustia y el ansia de supervivencia en un mundo incómodo que no es el suyo; y lo hacen a la perfección y con total credibilidad. Les acompañan con gran solvencia Antony Thasan, Franck Falise o Claudine Vinasithamby.

Hasta ahora el premio a esta cinta en 2015 es nada más y nada menos que la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Audiard refleja en su cine la historia de personas al el límite, que deben necesariamente afrontar los inconvenientes medios hostiles. Y justamente, en este film cuenta la lucha de una etnia perdedora como los tamiles, por encontrar una base de supervivencia: una vivienda donde dormir y cobijarse, algo de comida, poderse ofrecer el necesario calor humano y la protección vital para mantener el vuelo en un mundo extraño del que hasta el idioma desconocen. Una empresa dura y trágica perfectamente reflejada en la película. Sobre todo al principio de la cinta, parece que la obra explora un neorrealismo delicado en el que sobrevuela cierta incertidumbre respecto a las motivaciones de los personajes. Esto, entre otras, hace que la película tenga un mensaje meritorio y honesto.

La historia transmite al espectador el ímpetu y la complicación que implican conseguir los sueños y aspiraciones de los personajes, así como el terror que a veces se apodera de ellos, sobre todo en un barrio de pisos sucios y desarbolados donde manda la ley del mutismo, la corrupción y las pistolas. Cuando las balas de los mafiosos traficantes rozan sus cabezas, se pone en acción el arrojo del que son capaces para salir airosos de la frontera que los separa de la muerte, hasta alcanzar su objetivo de vivir civilizadamente, lo cual que llegarán a conseguir finalmente.

Quizá, como dice Ocaña, Dheepan: repite esquemas formales cuando el relato gira hacia la violencia, hacia el cine de género: desprendimiento del sonido ambiente, irrupción del silencio como modo de irrealidad, sensación de estar tan fuera como dentro”. Y ciertamente, dentro de su mérito, el film provoca cierta sorpresa en la parte final, cuando al decir de Crespo: “… pasa de ser un drama migratorio y familiar a casi un thriller de acción con ritmo vertiginoso y héroe inesperado y soterrado tras el estrés postraumático de haber vivido una guerra aún más real.

Pero a pesar de estos estereotipos que en algún momento se filtran, esta cinta tiene el don de la oportunidad para hacer visible esa ingente masa humana que huye del horror y la guerra buscando meramente un lugar apacible con garantías mínimas para una vida decente.

Mientras, los europeos debatiendo, parlamentando con gran racionalidad y elocuencia, pero con poca capacidad ejecutiva y resolutiva. Dheepan es toda una obra de denuncia ante tanta injusticia y tanta inutilidad. Como escribe Yáñez: El mayor mérito de Audiard consiste en elaborar un film de denuncia (sobre la inoperancia de Europa para gestionar la llegada de inmigrantes) escapando de lo maniqueo y lo didáctico”.

Al salir de la película, por cierto una sala poco comercial y de cine selecto, una señora le exclamaba a su acompañante: ¡vaya película! Sin duda le había impactado. Y es que realmente Dheepan no te deja impávido. Al revés, moviliza internamente y mueve a la sensibilidad de tanta pobre gente que vaga por el mundo buscando una tabla de salvación. Para mí es una película aconsejable. El cine ha de servir de revulsivo para despertar nuestras adocenadas y burguesas conciencias.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=fQjY6vE1_Ac.

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