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El dinero y algo más

Por Enrique Fernández Lópiz

En Felices 140 Elia (Maribel Verdú) cumple 40 años. Para celebrarlo invita a una lujosa casa rural a amigos y familiares. Debe decirles algo muy importante: ha resultado ser la ganadora del bote de 140 millones que el Euromillón sorteaba esa semana. Es ese el momento en el que el ambiente empieza a tornarse ácido y a enrarecerse. Lo que comenzaba alegremente, da paso, en este punto de inflexión donde el dinero hace su aparición, a toda clase de patrañas para quedarse con el capital de Elia.

Dirige con soltura y singularidad esta comedia-drama Gracia Querejeta, que es una maestra en disputas entre sus personajes y en escenas donde predomina lo emocional y lo visceral, lo que sale de las entrañas de los protagonistas, lo bueno y lo malo. Es sin duda la mejor de nuestro cine patrio para dirigir escenas con potencia dramática, sin perder de vista la industria. El guión es de la propia Querejeta con la enorme ayuda de Santos Mercero, un guión que será considerado probablemente como el más sorpresivo y corrosivo del cine español del año, que dará la gran sorpresa. Estupenda y muy fina la música de Federico Jusid y gran fotografía con su medida para los planos próximos y para los grandes paisajes de exteriores, preciosa fotografía, digo, de Juan Carlos Gómez.

En el reparto Maribel Verdú está magnífica en su papel protagonista, genial; Antonio De La Torre, abogado cínico y hombre de cuidado, muy bien; Eduard Fernández, sensacional en su papel de amigo gourmet; Mariam Álvarez sensacional como hermana maltratada por su esposo y de espíritu débil que pasa de la comedia a la tragedia en un segundo sin despeinarse; Nora Navas, amiga de cuidado: extraordinaria y motor dramático de la película; Alez O´Dogherty sembrado en su rol de millonetis; Ginés García Millán, estupendo en el papel de ex novio de Elia con nueva novia (actor muy olvidado en este país); Paula Cancio, que va a dar que hablar porque está espléndida en su rol de argentina cargante y presumida, novia advenediza y mujer insoportable; y Marcos Ruiz que no se amilana ante tanto actor bueno y veterano: muy bien. Querejeta tiene que dirige muy bien a los actores, actores todos excelentes, actores y actrices premiados y con una larga trayectoria en sus carreras con una Maribel Verdú a la cabeza; la Verdú es ya prácticamente una musa para la Querejeta. Aunque hay también otras mujeres complejas llenas de secretos y dobleces. Sorprende, así, la facilidad de los actores para cambiar de registro y adaptarse al ritmo cambiante y fluido de una trama que se comporta con la lúcida crueldad del mismo dinero. Así que los actores son quizá el valor principal de este film.

Pero hay más, claro, pues la película nos invita, como dice Martínez: … al noble ejercicio del reconocimiento entre la melancolía, lo tierno y, admitámoslo, la impostura. De repente, algo se quiebra y ya nada volverá a ser igual. Y es que el dinero nubla la vista y confunde el ánimo. Y entonces, lo que sigue es puro despiste para deshacer los géneros. Así que esta película ¿qué es? ¿Comedia, drama, romance, tragedia? Pues resulta que lo que pretendía ser no es y viceversa. Como sigue Martínez: Lo que quería ser drama se vuelve comedia; lo que pretendía hacer reír acaba por hacer daño, y todo se tiñe del único color que no admite tonos: el negro.”

Claro que uno recuerda otros filmes que versan sobre encuentros entre amigos y familiares y que por lo general acaban como el rosario de la aurora. De modo que cuando se sale del cine de ver esta obra, uno puede pensar, según Ocaña, tres cosas: las hemos visto mejores, las hemos visto peores y, sobre todo, las hemos visto antes.” Pero cuando llega el segundo tramo de la historia, algo que no hay que desvelar para que no preavise al que quiera ir a verla, en esos momentos afloran los verdaderos subtextos: el hombre (y la mujer) y sus crisis; la ambición desmedida e irracional; los modos sui géneris de relacionarnos; el a veces mito de la amistad; la fachada hipócrita; la diferencia de fuerzas entre unos personajes y otros. De manera que la última de la película te atrapa, es convincente y además original. Y todo ello sin perder de vista, como antes decía, el poder comercial. La película es para todas las edades y clases sociales prácticamente, pues a todos nos concierne y a todos toca: los buenos, los regulares, los cabrones o los híbridos, que es lo que somos todos, o casi todos.

Escribe Costa que la Querejeta … parece plantear su relato a partir del perdurable y aún nada agotado modelo del ‘Reencuentro’ (1983), de Lawrence Kasdan. Reproches y cuentas pendientes van conformando un relato sólido […] donde el espectáculo (que no es poco) reside en contemplar a un reparto en total estado de gracia […] no sólo eso: ‘Felices 140′, que tiene piel de película (pre)crisis, también acaba hablando de estados morales muy contemporáneos y, en un punto estratégico, la cineasta logra zancadillear toda expectativa con una eficacia encomiable. Así es, en estos tiempos de fraude y veleidades de todo tipo, el maremoto moral del film se ve muy adecuado. Nos hace zambullirnos en cierta oscuridad que reconocemos, así como en cierta negación del hombre bueno de Rousseau: codicia, mezquindad, brutalidad y cobardía, son rasgos que Gracia Querejeta decide filmar en su séptima película.

Si los actores son definitivos en la película, la dirección de la Querejeta es la segunda gran parte del negocio, para bien e incluso para regular (por ejemplo la trama se apresura un poco y tal vez sobren unos minutos); pero la directora consigue ser realista en su trabajo, más allá del giro de guión, o, tal vez, porque el ser humano es así.

Y no olvidemos, es una obra para reflexionar sobre el poder fascinante del dinero y el poder corruptor que tiene sobre las vidas de la gente; tanto, que el dinero puede pasar como un buldócer sobre la familia y la amistad, y de pudrir relaciones asentadas.

En resumen, no es nada nuevo. La antigüedad: culturas ancestrales, griegos, romanos, y no digamos nuestra Literatura, previnieron sobre los peligros y desvaríos de la riqueza, el “becerro de oro” o el dinero. Pero quien vea esta película, creo que agradecerá, como yo lo hice, el que nos recuerden el ya sabido mensaje que viene totalmente al hilo de nuestra actual y vergonzante historia de corrupciones y latrocinios.

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Aquí os dejo sendos poemas de dos de nuestros más grandes clásicos. Ambos hablan del dinero, y aun moviéndose entre el Siglo XIII y el XVII, resultan muy actuales, pues como digo, el tema es eterno. Sobre todo hoy, ahora: el dinero corrompe a las personas, compra y vende políticos, jueces, empresarios, banqueros, nobles, villanos, clérigos, etc. Pero siempre, siempre, el que más pierde es el más pobre, no lo olvidemos. A ambos poemas les puso música el mejor trovador actual y de siempre jamás, el gran Paco Ibáñez, de modo que los transcribo y también, para quien los quiera oír en la voz de Ibáñez, mando dos archivos sonoros. Viene, por supuesto, al hilo de esta película que desde ya os recomiendo. Y los poemas van según el orden cronológico de sus autores: Arcipreste de Hita (1284-1351) y Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645).

Hace mucho el dinero (Libro del buen Amor)

Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo, al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

Aun el hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dineros no es de sí señor (no le dicen señor).

Si tuvieres dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración, (bendición)
ganarás el Paraíso, ganarás salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Creaba los priores, los obispos, los abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
a los clérigos necios dábales dignidades,
de verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.

Hacía muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les daba por bien examinados:
a los pobres decían que no eran ilustrados.

El dinero quebranta las prisiones dañosas,
rompe cepos y grillos, cadenas peligrosas;
al que no da dinero le ponen las esposas.
¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!

El hace caballeros de necios aldeanos,
condes y ricos hombres de unos cuantos villanos,
con el dinero andan los hombres muy lozanos,
cuantos hay en el mundo le besan hoy las manos.

Yo he visto a muchos monjes en sus predicaciones
denostar al dinero y a las sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor:
el dinero es del mundo el gran agitador,
hace señor al siervo y siervo hace al señor;
toda cosa del siglo se hace por su amor.

 

Arcipreste de Hita

Poderoso caballero es don dinero

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Francisco de Quevedo y Villegas

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