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El consejero

Por Jon San José Beitia

Tras terminar de ver El consejero de Ridley Scott, lo primero que viene a la cabeza es que realmente el director necesita un consejero a la hora de tomar decisiones y de dirigir una película.

Sorprende como con un reparto de primer nivel y un argumento basado en el reputado creador de las historias que dieron paso a No es país para viejos y La carretera, Cormac McCarthy, el resultado de batir todos esos elementos, no dé como resultado una gran película.

El consejero en su afán por ofrecer grandes momentos de cine, con monólogos ambiciosos, se olvida de desarrollar de una forma correcta el núcleo de la historia que intenta ofrecer, perdiéndose en la grandeza de las estrellas que inundan el relato. Se convierte en una película irregular con grandes personajes que no quedan bien dibujados, Ridley Scott descuida el tratamiento del argumento y se deslumbra por las estrellas que integran el reparto, olvidando como se cuentan y presentan las historias.

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Cierto es que los trabajos literarios de Cormac McCarthy, son difíciles y complicados de trasladar a la pantalla, pero debería haberse cuidado mejor el tratamiento del guion, quizás rescribirlo o algo similar. Al llegar a su conclusión deja al espectador perplejo, incapaz de comprender lo que se ha desarrollado ante sus ojos, posiblemente porque sobran monólogos y se resiente por la falta de cohesión. Es como si el director hubiera querido ofrecer un producto más extenso y que los de la productora le hubieran hecho cortar algunos fragmentos que dieran cierta coherencia a lo presentado.

Una verdadera lástima que el talento como director de Ridley Scott y de gran parte del reparto se vayan a pique con el proyecto al completo, un auténtico naufragio que se lleva a toda la tripulación a las frías y profundas aguas de la crítica. Lo que debería haber sido una película memorable e inolvidable por su calidad, termina por convertirse en inolvidable y memorable por su estrepitoso fracaso de crítica y publico, quedando en muy mal lugar. Puede que con los años se convierta en una película de culto, como ya ocurriera con otras producciones del pasado de Ridley Scott, como con Blade Runner, pero, de momento, no es el caso.

No hay mucho más que decir de la película, no convence, no entretiene, se antoja pretenciosa y deja en evidencia las carencias del cine actual de Hollywood para trasladar buenas novelas a la gran pantalla. Una gran decepción que sobre el papel ofrecía numerosas posibilidades, pero que termina en la papelera del olvido por la salud mental del propio espectador.

Jon San José Beitia

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