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El coñazo y la modelo

Por Manuel G. Mata

Iba a titular mi crítica El artista y el coñazo, pero corría el riesgo de ser tachado como retrógrado y machista por llamar a una mujer como su aparato reproductor, también descarté El coñazo y el coñazo por lo mismo, (bueno, y porque iba a ser más difícil saber de qué película estaba hablando) así que finalmente me decanto por éste, que creo que hace justicia a lo que es la infumable película del oscarizado Fernando Trueba.

Tenía muchas ganas de verla dado que era una de las películas con más nominaciones a los Goya de la edición de 2013 (gala de la que soy fanático) optando a 13 bustos, de los cuales no se llevó ninguno. Si de trece se lleva cero, quizás es que es un poco tostón, pensé, pero me aventuré. Error.

No todo es malo, ojo, la fotografía de Daniel Vilar (y hablo cien por cien en serio) es de lo mejor no que he visto en España, sino que he visto en mi vida. La composición de planos es brillante, el etalonado final y la tonalidad de las imágenes derrochan belleza, y todo ello combinado con una dirección artística magnífica y una muy lograda puesta en escena hacen que las imágenes sean poesía pura, magia, es la única causa por la que recomiendo esta cinta, y la reivindico como ejemplo de lo que se debe hacer en una película para tener una fotografía perfecta. Pero, como suele pasar en estos casos, toda la fuerza que tiene la parte técnica no puede competir con la artística.

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La historia no termina de cuajar, en pocos momentos se ve el ansia o el ímpetu del artista por hacer una obra única al encontrarse con una nueva musa, no parece descubrir algo nuevo, sino repetir lo que ha hecho durante toda su vida, no se sale de su guion establecido de vida. La modelo, por otra parte, tampoco despierta sensaciones o de repulsa o de amor hacia el artista, hay momentos en los que parece que hay química entre ambos, pero se muestran fugaces durante la trama. La subtrama del miliciano, parece darle cierto dinamismo a la cinta y algo de tensión cuando aparece el biógrafo del artista en escena, pero todo esto lo único que hace es dejar al espectador con la miel en los labios, pues tras una fugaz sensación de subida, la película se sigue manteniendo lineal. El elenco de reparto, salvo la genial Chus Lampeavre (Que es la única que aporta algo a la cinta, al menos el interés renace cuando ella está en cuadro) no tiene peso que justifique su papel en la historia. La cinta se hace pesada, aburrida, larga, sin ritmo.

El reparto trabaja bien, sobre todo Jean Rochefort, mientras que Aída Folch se tiene que centrar en un papel con peso pero desnudo, como ella durante casi toda la película. La ausencia de música no ayuda a digerir el producto. Final desconcertante.

Comentarios

  1. Irene Pardo

    Un título con gancho! A mí me pasó lo mismo al ver la película.

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