Image Image Image Image Image Image Image Image Image

El cazador. La tragedia de la guerra

Por Enrique Fernández Lópiz

Hay que recocer en los norteamericanos, que al igual que montan la gresca y se meten en guerras donde nadie los ha llamado, con esa misma osadía, saben hacer su propia autocrítica, saben entonar su “mea culpa” sin que se les caigan los anillos (pero, claro, sin que la crítica afecte a los cimientos del sistema). Y eso es este film, un severo cuestionamiento de la intervención norteamericana en Vietnam; una película dura, angustiosa, pesada de ver y de asimilar. Aún recuerdo cuando por primera vez la vi en su estreno, que luego tuve que dar un largo paseo para desintoxicarme serenarme ante tanta crueldad y tanto drama.

Y es que la guerra, en general, no sólo hiere los cuerpos o los mata, sino que también mata el alma, ataca mortalmente la parte moral del individuo y mata psicológicamente, demencia a las personas, acaba con sus sueños o esperanzas, los quema por dentro como una mala quimioterapia por la que siempre pasan, hay que decirlo alto, los más desgraciados.

En esta película, los desgraciados son tres amigos, obreros, trabajadores humildes y rudos de una fábrica de fundición de acero en Pensylvania, que tienen la afición de la caza (de ahí el título El Cazador, que no hay que confundir pues nada tiene que ver con la película Dersu Uzala, El Cazador de Kurosawa). Pues bien, estos jóvenes deciden pasar juntos sus últimas horas antes de partir a la guerra de Vietnam a la que van como voluntarios; y lo que ocurre es que se fueron de una forma y volvieron de otra, o sea, la trama de este film es como esas investigaciones pre-test/post-test que hacen los científicos de la conducta. Cómo se fueron y cómo volvieron: el conflicto bélico, las aberraciones de la guerra, la muerte, la sangre salpicante del campo de batalla cambiará a todos la vida para siempre.

elcazador2

En el metraje hay momentos inolvidables, como el juego de pool en el bar mientras los amigos entonan el bello tema de Frankie Valli:Can’t take my eyes off you”; las jornadas de cacería en los bellos bosques norteamericanos; la boda por el rito ruso ortodoxo y la fiesta de la boda; y cómo todo ello contrasta con la estancia en Vietnam, en la que se alcanza un punto álgido tanto de ansiedad como de crueldad y salvajismo, incluyendo la insensibilidad de quienes jugaban y apostaban al perverso y atroz “juego” conocido como “ruleta rusa”.

Se trata de un film excelentemente dirigido por Michael Cimino, una dirección con pulso, brío y densidad que dibuja una historia asfixiante; un guión magnífico de Deric Washburn basado en historia de Deric Washburne y Michael Cimino. La música de Stanley Myers es muy buena y arropa la tragedia con una partitura original que incorpora cortes tan emotivos como Sarabande (solo de guitarra), y es igualmente de alta talla la fotografía de Vilmos Zsigmond que ennegrece un tanto, en el mejor sentido dramático del término, la propia tragedia que vivirán los protagonistas.

En cuanto al reparto no puede ser más acertado. Robert De Niro borda el papel de amigo franco que no duda en poner su vida y hacienda en riesgo por salvar a sus colegas. Las interpretaciones de Christopher Walken (gran interpretación premiada con un Oscar), John Savage (que realiza otra actuación enorme y conmovedora), John Cazale y Chuck Aspegren no le van a la zaga, y sus roles supertrágicos son totalmente creíbles y suscitan una gran angustia en el espectador. Podemos ver en cuanto a actrices a una bellísima y joven Meryl Streep, quien también hace su aportación de amante esposa que acompaña en todo momento a su marido.

Esta película tiene en su currículo de 1978 cinco Oscars: película, director, actor de reparto (Walken), sonido, montaje, y nueve nominaciones. Globos de Oro: mejor director y seis nominaciones; Círculo de críticos de Nueva York: mejor película, mejor actor de reparto: ¡respetables galardones!

Algunos críticos como mi admirado Boyero dice que más que una película sobre guerra es una película sobre la amistad: Sobre cómo la vida puede joder las cosas más hermosas que hemos tenido, la imposibilidad de recobrar el esplendor en la hierba. También es un canto a la supervivencia. A mí me sigue haciendo llorar.” Y es que esta película es frenética, apabullante, aguda, feroz, enternecedora y emocional al máximo.

Y sí, realmente la película es como esos versos que leyó Natalie Wood en Esplendor en la hierba de Elia Cazan de 1961, poema que da título a la película, versos de Woodsworth que dicen: Aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, porque la belleza subsiste en el recuerdo”. Solo que aquí es poca la belleza que subsiste en el recuerdo de los protagonistas, porque la guerra ha provocado en esos tres muchachos, bien la muerte física (dan realmente escalofríos las escenas, como decía antes, del jugo de la ruleta rusa), bien la amputación de las piernas, bien una especie de electroshock que ha borrado de sus mentes y de sus corazones esos días en los que bebían, bailaban, cazaban, reían. Pues tras la experiencia-Vietnam, ya todo es páramo, viven –los que viven- pero están muertos, y a veces lloran sin que sepan muy bien por qué lloran.

Lo he dicho muchas veces y lo repito ahora al hilo de este film: ¡no más guerras, por favor!

Comentarios

  1. Preciosa película que exalta el valor de la amistad (en eso estoy con el gran Boyero). Para mi gusto le sobra bastante metraje en la parte de la boda pero hay momentos realmente inolvidables. Me quedo con esa partida al billar mientras suena el “I Cant take my eyes off you”, el impresionante desenlace y la preciosa fotografía. Christopher Walken es para mí sinónimo de ruleta rusa.

    En fin, coincido en lo que dices pero insisto en que le sobra media hora.

  2. Enrique Fernández Lópiz

    Yo más que “preciosa” película, la veo “buena” y “dura” película; en cuanto al metraje, pues sí, puede ser que 183 minutos sean muchos, en general para una peli. Saludos

Escribe un comentario