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El calvario de Cristo encarnado en un cura irlandés

Por Enrique Fernández Lópiz

A veces uno ve películas insulsas y majaderas. Pues bien, a los poco minutos me di cuenta que esta era una obra de todo menos estúpida o vacua. Al contrario, Calvary era una película con unas insondables cargas de profundidad que excede el pequeño territorio del pueblo irlandés donde se desarrolla, para extenderse a un orbital universal y global, donde habita el cinismo puro, la insania, la acrimonia extrema, la maldad, la perversión y la depravación. Todo ello ante las mismísimas faldas de la sotana de un cura en toda regla, en un pueblo irlandés supuestamente católico, en un entorno rural y, en definitiva, frente unas coordenadas done el espectador espera de todo, hasta que el mismo monaguillo sea un sinvergüenza sin remisión, aunque no era el peor.

En el film, el padre James Lavelle (Brendan Gleeson) es un hombre de fe, en disposición de trabajar en pos de un mundo mejor, un mundo más bueno y más piadoso. Pero se asombra a la vez que se apena de ver la maldad y la gran cantidad de disputas que enfrentan a sus parroquianos. El asunto, obviamente, le entristece mucho. Tampoco encuentra en su compañero de parroquia a un hombre cabal ni capaz de abordar la acuciante problemática que asola la comunidad. Pero el plato fuerte de este film se produce nada más comenzar la cinta, cuando un feligrés, al cual no puede ver, acude al confesionario con una terrible amenaza que luego comentaré.

Pues bien, particularmente hay que felicitar al director y guionista de esta auténtica obra mayor de la cinematografía, John Michael McDonagh –hermano del dramaturgo y también cineasta Martin–, que sabe hacer alarde y magisterio, tanto como realizador directo al grano, como escribiendo un libreto dinámico, tenso e irrespirable, o sea angustioso, en una atmósfera que habría dado para la alegría o el fervor religioso, pero que contrariamente deviene anticlerical, agnóstica, descreída e irreverente. Tiene una curiosa pero hermosa música de Patrick Cassidy, y una excelente y brillante fotografía de Larry Smith que hace largos planos de los paisajes irlandeses y sus silvestres playas, e igual primerísimos y expresivos planos de sus intérpretes, buscando el análisis moral y psicológico de los mismos.

En el reparto brilla con luz propia sosteniendo sobre sus enormes espaldas la figura del personaje principal, el sacerdote James Lavelle, encarnado por un Brendan Gleeson que protagoniza el papel de cura de calle con su sotana; un papel para un auténtico maestro de la interpretación, una actuación tan contenida como libre y suelta, creíble e impactante. Pero es que además, le acompañan fenomenales actores y actrices como de la categoría de Kelly Reilly, genial en el papel de hija que ama a su padre, todo un remanso de paz para pobre padre James; Chris O´Dowd, magnífico como marido engañado y personaje principal de la historia; Aidan Gillen, muy bien como el ínclito Aidan “Meñique” Gillen, galeno ateo e irreverente; Domhnall Gleeson, perfecto en el rol de psicópata afín a la carrera militar; Davis Wilmot, grande como pusilánime y frágil sacerdote ayudante; Dylan Moran, brillante como millonario banquero nihilista y angustiado; Marie-Josée Croze, muy bien como reciente viuda francesa por accidente a cuyo esposo el cura da la extremaunción; Killian Scott, sujeto acosado por sus irrefrenables impulsos sexuales; Isaach De Bankolé, curioso personaje negro amante de una de las protagonistas e igualmente irrespetuoso; M. Emmet Ealsh, magnífico en su papel de escritor mayor al borde de la muerte; Pat Shortt, tabernero soez e iracundo; Gary Lydon, el policía homosexual y “buen samaritano”; Orla O´Rourke, esposa infiel y pájaro de cuidado; Owen Sharpe, bujarrón ansioso y malévolo; David McSavage como obispo en su palacio dorado; Michael Og Lane, el monaguillo pintor que se bebe el vino de la misa; e igualmente otros excelentes secundarios como Mark O´Halloran, Declan Conlon y Anabel Sweeney.

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Premios y nominaciones en 2014: Premios del Cine Europeo: Nominada a Mejor actor (Brendan Gleeson). Festival de Gijón: Sección oficial largometrajes a concurso. Críticos de Chicago: Nominada a Mejor guión.

El pueblo irlandés en el que se desarrolla esta dura y emocionante historia está entornado por parajes hermosos, playas agrestes y verdes praderas. Pero la belleza del paisaje dista mucho de los malignos vecinos que, cada cual en su modalidad, hacen gala de todo tipo de perfiles perversos y antisociales. En esta película la cámara, salvo contadas ocasiones, se desentiende del precioso paisaje para centrarse de manera pertinaz en tomar los primerísimos planos de los rostros de los lugareños, como queriendo indagar en cada uno sus maldades y patologías, pues todo el mundo en ese pueblo está encabronado o jodido por unas u otras razones, e incluso sin razones. No hay alegría ni humor sano, todo es acritud, sarcasmo sádico, chismorreo fatal, donde sus habitantes apenas logran sobrevivir a sus propios demonios o a los dramas presentes en sus vidas sin que puedan encontrar una salida airosa a ellos.

En esta tesitura, uno de los enemigos declarados del pueblo es el fuerte y robusto sacerdote James Lavelle que con su enorme y poderosa presencia, vestido de sotana y con una también enorme humanidad, soporta la desolación y los despropósitos de sus pecadores feligreses que son adúlteros, malvados, drogadictos y deslenguados. Pero el cura es, además de creyente, inteligente e íntegro y con una fe de la buena; y sabe escuchar a unos y a otros sin desmayo.

El cura estuvo casado y vivió una vida intensa, e incluso fue un gran bebedor. Tras enviudar tomó los hábitos de sacerdote. De resultas de su vida anterior de matrimonio tiene una hija igualmente depresiva que va a visitarlo al pueblo. El padre sabe muy bien y conoce las profundidades de la pena, de la pérdida (de su amada esposa), conoce el miedo y el dolor profundo, y con esas trazas ha crecido internamente y devenido un hombre íntegro, cabal y gran fortaleza.

La película se centra en una premonitoria semana en la que el sacerdote se irá comunicando con una docena de personas que o bien ocultan algo o necesitan su ayuda. Justamente, al mismo comienzo de la película, como antes apuntaba, una de esas personas, un hombre, en el confesionario, donde el cura no puede verlo, ha firmado su pena de muerte. El pretexto es explícito, el hombre confiesa haber sido violado durante su infancia por un cura pedófilo y ahora, en venganza y para resarcirse de su tormento, debe matar a un cura honesto; o sea, el padre James vivirá la cuenta atrás, día a día de esa semana, en esta especie de diario de campaña de un cura inocente que arrastra la sotana culpable de toda la institución que representa a modo de chivo expiatorio. No en vano la película se titula Calvary, en clara alusión al calvario de Cristo, el calvario de un cura honrado que tiene que purgar las culpas de otros, amén de servir de sostén a sus insufribles vecinos, mientras espera que uno de ellos cumpla su promesa de matarlo.

Quien vea esta película ha de estar muy atento a los diálogos sin desperdicio que se prodigan en el film. La película y sus dolientes, desasosegantes y a la vez creíbles personajes producen una constante zozobra en el espectador, y hace que te involucres en esta tragedia que se gesta día a día de la semana en la vida de James.

Brenda Gleeson está como decía inconmensurable en su papel del cura Lavelle, un rol con muchos matices y registros: “dignidad, humor, dudas, terror, hombría, comprensión, dureza, ternura, matices, múltiples sentimientos, a su memorable personaje. También está magníficamente arropado en su camino hacia la temida cruz por interlocutores muy inquietantes. Todo el mundo se siente solo y perdido. Mejores o peores, cínicos y sinceros, ricos o supervivientes, vengativos o resignados, todo el personal necesita mostrar o sugerir sus demonios a un hombre que se queda sin respuestas, que se siente tan acorralado como ellos. Y está transmitido con talento por un director con personalidad torrencial”, dice Boyero.

Sigue Boyero diciendo de esta película que algunos críticos: La han calificado condescendientemente de película pequeña e interesante. ¿Qué querrá decir pequeña? ¿Que se rodó en 28 días y con presupuesto escaso? Para mí es grande. Me deja tocado, algo que no me suele ocurrir últimamente.

Os diré que no menciono estas palabras de Boyero gratuitamente, sino porque me identifico totalmente con lo que dice. Algunos pensarán que esta película toca de forma central el terrible asunto de la pedofilia en los círculos eclesiásticos, y en realidad este tema emerge con fuerza en la historia. Pero desde mi modo de ver, esta turbadora obra hace suya la bajeza moral y la carencia de recursos humanos y espirituales de una sociedad pragmática y mordaz donde unos y otros se despedazan entre sí, arremetiendo sin una causa inteligible contra el mundo. Gente capaz de matar a un pobre animal, concretamente al perro del cura de manera gratuita, individuos que incendian el templo, personajes que narran terribles historias con sorna. O sea, un terror de microcosmos con sujetos que hacen humoradas de lo que no es risible, que son a la vez trágicos, brutales, venenosos e incluso se permiten entre tanto comportamiento reprobable, ser sutiles.

Una obra que sabe hacer una extraña mezcla de thriller estilizado de humor sombrío, comedia malévola y sobre todo drama interior, acompañado de los incautos debates a cara de perro del padre James Lavelle y sus feligreses. El film convierte temas como la angustia, el suicidio, el mal trato de género, el crimen o la mala conciencia de un rico banquero corrupto en un asunto cotidiano, no en el epicentro de un drama. Y eso no es común.

Para acabar diré que esta película sobre las miserias humanas en paisajes majestuosos y agrestes, apuesta a fin de cuentas por la reconciliación; ello, más allá de la justicia. Este argumento nodular hizo que la película dirigida por John Michael McDonagh, se hiciese acreedora del Premio del Jurado Ecuménico en el Festival de Berlín del pasado año, pese a tratarse de un thriller oscuro y fatalista. Recomendable, muy recomendable esta gran película.

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