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El Big Crunch o cómo bombardear «Brazil»

Por Sergi Monfort

Crítica breve: ¿Qué ha sido eso?

Crítica extensa: Pues que Gilliam se lo ha creído mucho esta vez.

Vamos a dejar a parte el hecho de que (algunos) conocemos el estilo exagerado, grotesco y sucio del Monty Python que “se quedaba entre bastidores”. También vamos a poner el grito en el cielo todos los fans de Brazil. Sabemos que la película es antirrealista, auto-paródica, tragicómica e improbable de encajar en casi todos tus estándares. Pero.

Aun encontrando un resquicio de orden en el caos del realizador, su nueva (y arriesgadísima) apuesta es tan sólo medio convincente.

Para empezar, la premisa principal de la película no tiene ningún sentido.

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Estamos en el cierre del «tríptico orwelliano» al que pertenecían la mencionada Brazil (dicho sea de paso, una de mis —muchas— películas favoritas) y 12 monos (que a muchos les sonará más) y toca otra de distopías. Pues esta distopía ni siquiera está bien definida. Terry se esfuerza para no dejar entrever nada, pero pasamos de la fascinación a la mera confusión en cuestión de segundos, y así sucesivamente. Las reglas del juego no están claramente dispuestas. Y en un universo que no sabes si crece o se contrae, si todo es nada o nada es todo, si pollas en vinagre con mayonesa, todo vale y todo parece un gazapo.

Que sí, Christoph Waltz está genial. Pero este brillante hombre ya es garantía de éxito vaya donde vaya.

Y otra cosa que no se puede negar es la originalidad y muchos de los ingredientes que funcionan bien entre sí: ¿dónde encuentras la típica historia de un tipo con fobia a prácticamente todo, que vive en una capilla abandonada intentando hacer encajar fórmulas matemáticas y se aferra a la vida solamente a causa de una llamada telefónica?

Por muy fallida que sea la película, lo cierto es que no deja de ser interesante (aunque el ritmo también sea deficiente), especialmente a la hora de explorar un mundo en el que la mayoría de los espectadores no están preparados para entrar y que es muy difícil de conseguir sacar adelante. Y Terry Gilliam es el único hombre para el trabajo. Aunque el trabajo le haya salido tan sólo medio bien.

Quitando a Matt Damon (vaya, que una de las peores decisiones de la película era de casting), borrando de la existencia el “momento rap” de Tilda Swinton que todavía estoy intentando neutralizar, reescribiendo el guión y limando el final, habría quedado algo considerable.

Que Batman el Redentor nos pille confesados.

VALORACIÓN PERSONAL: 5/10

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