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El asesino del taladro

Por Jon San José Beitia

Detrás de este contundente y llamativo título, se esconde uno de los primeros trabajos del irregular realizador, Abel Ferrara, donde ofrece las premisas habituales de su cine futuro: con violencia, polémica y sexo. La película presenta claros síntomas de la baja habitual de una producción novel, con un trabajo de imagen y sonido muy pobre, al tiempo que lamentable, donde el guion y las interpretaciones rozan lo esperpéntico.

El título de la película es muy llamativo y de alguna manera atractivo, pero lo cierto es que ofrece mucho menos de lo que promete, cayendo en un desarrollo parsimonioso donde no ocurre nada y se suceden las escenas de grupos musicales en discotecas de la época sin llegar a desarrollar una trama interesante. Ferrara intenta relacionar y desarrollar los pensamientos del personaje principal con la violencia, el arte y la música, pero lo cierto es que no lo consigue y únicamente logra confundir y aburrir al espectador que desea utilizar el taladro contra el propio director, despertando los demonios más escondidos.

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La trama no se sujeta por ninguna parte, no existe un hilo que consiga captar la atención del espectador y todo desemboca en lo que promete el título: a un loco suelto con un taladro haciendo de las suyas, pero eso no ocurre hasta pasada la hora de película, es decir, tarda en ir al grano y se va por las ramas poniendo a prueba la paciencia del espectador.

Una producción llamativa y atrevida que deja claro que cualquiera con los elementos básicos puede hacer cine, aunque El asesino del taladro se aproxime a una de las grandes chapuzas ejecutadas con un taladro. Una película totalmente prescindible que no merece más de mí tiempo.

Jon San José Beitia

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