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El antimilitarismo de Sidney Lumet

Por Enrique Fernández Lópiz

Vi hace poco esta dura película, La colina, magistralmente dirigida por Sidney Lumet y genialmente interpretada por Harry Andrews, Sean Connery, Ian Bannen y Alfred Linch entre otros.

La película cuenta la historia durante la Segunda Guerra Mundial, de un grupo de cinco prisioneros militares británicos que son encarcelados en un campo castrense del África, y los avatares y penas que padecen. Al frente del campo, un duro y sádico sargento que los hace subir una vez y ciento a una colina que hay en el campo de reclusión.

En este film se puede masticar el alto voltaje de la crueldad y la asfixia. Encabeza la trama el despiadado y perverso sargento, interpretado de manera magistral por Harry Andrews, en un papel que le va a la medida de su físico y de sus cualidades interpretativas. Un hombre inmisericorde de los que uno no querría cruzarse ni de casualidad en la vida.

El entramado es un drama castrense en el que unos reclusos, entre ellos Sean Connery, pugnan y batallan por sobrevivir en un régimen disciplinario que pone en riesgo sus vidas, sin que al parecer nadie pueda poner coto a la crueldad sin límite de un mero sargento que, empero, es el que manda, ordena, hace y deshace a su antojo con los prisioneros. Durante la película el espectador puede sentir la fatiga de los duros esfuerzos de la instrucción militar de castigo, el implacable calor en el campamento, las injusticias sin límite en aras a un reglamento militar obsoleto para los tiempos en que se desarrolla la historia y, en fin, la angustia de ver llegar la muerte sin remisión. La historia transmite una gran sensación de desesperanza a través de un contexto en el que los inocentes carecen de toda posibilidad de éxito dentro de una prisión reaccionaria y poderosa. Un sistema que tapa su cobardía con injusticias. La película en su conjunto trata acerca de la alienación de los reclusos, sometidos a un sistema del que no son más que meros peones. Todo ello con una tensión in crescendo.

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Quiero recordar aquí películas antimilitaristas y antibelicistas, películas de denuncia, que ya he comentado en estas páginas, como las de Stanley Kubrick Senderos de Gloria (1957); y La chaqueta metálica (1987); Apocalipse now (1979), de Francis Ford Coppola ; La patrulla (1978), de Ted Post; El cazador (1978), de Michael Cimino, etc. Si bien esta que comento tiene su propia idiosincrasia y sus características singulares. Por empezar es más antigua que la mayoría de las mencionadas y entonces podría considerarse un precedente en este tipo de filmes antimilitaristas.

Esta película de un Lumet genial, nos muestra una cara cruda, feroz e irrespirable de la vida castrense, con un gran pulso narrativo, que normalmente no es que el que se muestra en las películas de guerra, salvo honrosas excepciones como ya he dicho. El guión está impecablemente escrito por Ray Rigby (1965: Festival de Cannes. Mejor guión-ex-aequo, junto a Pierre Schoendoerffer), y una impecable interpretación coral de excelentes actores. Gran fotografía en blanco y negro de Oswald Morris, y un recital de travelling, picados, contrapicados y cuantos planos se nos ocurran para meternos de lleno en una espiral de locura, desesperación, calor y castigos físicos. O sea, Lumet deja libre la cámara en un estilo en ocasiones excesivo, donde los contrapicados tropiezan con los primeros planos, y los travelling y los planos de secuencias se funden, consiguiendo un trabajo de dirección impecable que alcanza en algunos momentos escenas sencillamente soberbias.

Así, técnicamente, esta película tiene una cámara y un montaje de gran fuerza, con una gran puesta en escena influida por el cine libre inglés y el Joseph Losey de los sesenta. El film le saca todo el jugo al libreto lúcido y templado de Ray Rigby, que aunque algo teatral, tiene una precisión de cirujano. La historia destila emoción y garra por doquier.

En cuanto a los intérpretes, quizá quepa resaltar, como señalan algunos críticos, que Sean Connery arriesgó de forma valiente participar como un actor más en esta cinta, obra de actuación coral, donde la importancia de su personaje es básica, pero no mayor que la de otros protagonistas. Connery está al par de los otros actores en este agudo y mordaz drama carcelario, en el cual Lumet traza de forma inigualable el perfil psicológico de los personajes. Y lo hace de manera perspicaz, de forma dinámica, desde la sobriedad también.

Una perfecta y sintomática combinación de sujetos que, en este film, no responden a los estereotipos militares tan repetidos en este tipo de cine. Por ello, esta película cuenta una historia intrépida, franca y plausible.

Conclusión: Película británica cien por cien. Prisión castrense. Soberbio melodrama antimilitarista. Un Lumet especial e insuperable. Recomendable de todo punto de vista.

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