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El amor que encanta y reconforta el espíritu

Por Enrique Fernández Lópiz

La película La tentación se desarrolla el verano de 1969. La familia Kantrowitz pasa sus vacaciones estivales en una comunidad familiar de pequeñas casas cerca de Woodstock. Ese verano, la joven de la familia, la pequeña de catorce años Alison (Anna Paquin) se convierte en mujercita y se inicia como adolescente en su relación con los muchachos. Por otro lado, su madre Pearl (Diane Lane), es una mujer que es madre desde los 17 años y que cree que le quedaron cosas por vivir. Entonces, por cosas del azar se encuentra ante la experiencia de un apasionado romance con un vendedor ambulante mientras su marido trabaja en la ciudad arreglando televisores.

Se trata de una cinta con un convencional guión de Pamela Gray del que difícilmente pueden obtenerse grandes cosas, aunque no desmerezca por ello la gracia del film. Además, su director Tony Goldwin intenta y logra secuencias de gran intensidad y sutileza, sobre todo con relación a las pasiones prohibidas de la espléndida Diane Line con el atractivo Viggo Mortensen. A partir de ahí el drama familiar está servido, pues el esposo de Pearl (Liev Schrieber), persona buena, honesto y buen padre, se entera del affaire de su esposa y esto sirve a desencadenar el drama, mas siempre un drama “amable”.

Las interpretaciones son muy buenas, sobresaliendo una actuación magnífica de Diane Line que interpreta con delicadeza el papel de mujer casada, ama de casa, sencilla y anhelante de aventuras en aquella época de hippies, música rock y marihuana. Diane Line está realmente bien, con la erótica a flor de piel y la intensidad adecuada, con cara de ángel y un cuerpo excelente, una mujer bella que hace buena pareja con Mortensen. Acompañan muy bien con sus actuaciones Liev Schreiber con un rol empático y creíble de marido engañado; Anna Paquin magnífica en su rol de adolescente que va hacia la vida; y el resto de actores y actrices como Tovah Feldshuh, Bobby Boriello y Star Jasper. La música de Mason Daring y la fotografía de Anthony B. Richmond acompañan muy bien este bonito film.

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En 199 fue mencionada así: Independent Spirit Awards: Nominada a Mejor actriz (Diane Lane). National Board of Review: Mención especial. Satellite Awards: Nominada a Mejor guión original.

Creo que es una película encantadora y que a pesar de los avatares dramáticos y sensibles que toca, la película sigue manteniendo su “cálido brillo de verano” como apunta Mitchell. Estamos ante un film fresco, sin la pegajosidad de los falsos dramas sentimentales. Además, cuando en algún momento parece que pudiera haber un giro hacia lo televisivo, los actores enmiendan la plana, corrigen, y la cinta vuelve a su entidad. Y es que, vuelvo a insistir que este film tiene ante todo su calidad en base a las interpretaciones, por el elenco actoral que lo preside.

No hay que perder de vista el papel reivindicativo de la protagonista femenina, Pearl, que encuentra en el contexto del Festival rock de Woodstock el momento idóneo para liberarse, abandonar sus reservas y entregarse a la locura de una juventud de la que en su momento no disfrutó por su precoz maternidad. Es la época en la que los EE.UU. brilla con el paseo de Neil Armstrong sobre la luna, mientras se describe con sencillez y belleza a la vital y deliciosa Pearl que se debate entre lo que “debe” hacer y el imperioso anhelo de un amor que le dé sentido a su gris su existencia, e igual, la necesidad pasional del sexo con otro hombre que la haga sentir de carne y hueso de nuevo. Aunque en honor a la verdad, en la película ni hay gran amor, ni tampoco un agudo sentimiento de pérdida, ni tampoco exabruptos, pues el film se mueve siempre en el terreno de lo correcto.

Desde luego es Diane Lane la artífice de esta “tentación”, de esta bonita película; la Lane tiene una belleza doméstica, algo marchita, que otorga calidez a sus interpretaciones. Ella sabe encarnar a Pearl y logra trasladar al otro lado de la pantalla los infortunios y frustraciones de la protagonista, sus sentimientos y su encantadora e intensa sensualidad, allí donde el argumento lo precisa. Y como de actores vamos, a Lane le secundan dignamente Liev Schrieber, Viggo Mortensen y Anna Paquin, cada cual en su papel de marido herido, amante o hija naciente a la vida.

Película, pues, con su encanto y que tiene sin duda su momento para verla en la intimidad de una velada, una película de amor amable y sin estridencias que reconforta el espíritu.

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