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Ego versus corazón

Por Mª José Toledo

Zack Snyder vuelve con lo que no sé si es una secuela, un spin off, un crossover, una precuela o todo a la vez, pero sea lo que sea lo que está claro es que Batman v. Superman: El amanecer de la justicia es una de las películas más esperadas del universo superhéroe. En mi opinión, El hombre de acero merecía una continuación en solitario, pero esto es lo que hay y debemos conformarnos con lo que nos dan.

De hecho, posiblemente esa indefinición y globalización de tramas e ideas sea una de sus trabas. Sin llegar a ser un caos y teniendo en cuenta que hay una línea de guión principal que se va desarrollando pieza a pieza (no sin cierta pesadez en los primeros tres cuartos de hora), la película parece más interesada en sentar las bases de futuros proyectos que en realizar una historia independiente y propia. Por desgracia, la reiterativa presencia de Batman sustituye con el ego de su personaje lo que debería ser la idea crucial de la película: cómo enfrentarnos al poder. En El amanecer de la justicia un gran poder no conlleva ya una gran responsabilidad, sino que está destinado a corromperse y, por lo tanto, ¿debe el todopoderoso Superman someterse a las leyes y los códigos de los estados? ¿Qué limitaciones han de imponerse a los superhéroes? La respuesta parece adherirse a la ideología liberal norteamericana y democrática, pero yo eso lo considero una vulgarización intolerable del bueno de Superman.

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Sin embargo, a la película no le interesan estas cuestiones y sí el enfrentamiento entre Superman y Batman. Ben Affleck se toma muy en serio su papel, pero el fallo es el guión. La excusa de que Bruce Wayne crea que Superman es un peligro para el mundo no se la cree nadie y la desproporción y los nulos argumentos de su odio mortal me llevan a plantearme muy en serio que lo que le pasa a Wayne es que tiene un complejo fálico freudiano tremendo y necesita demostrar que él sigue siendo el más macho. Lo siento, Bruce, pero sales perdiendo: Kent no solo tiene más corazón que tú, sino que además es más guapo y tiene más larga la capa… La capa, mal pensado. El apolíneo Henry Cavill es el mejor Superman hasta la fecha y está increíble en todas, y he de decir que escasas, apariciones. Llaman la atención las muchas referencias cristianas a través de un Superman mesiánico que se erige en dios que viene a dar su vida por el Hombre. La presencia de Wonder Woman queda plenamente justificada en la trama solo por ser parte figurativa de esa recomposición del Descendimiento de la Cruz y de la Piedad que Snyder introduce en la película, dos fotografías realmente hermosas.

A destacar, la apoteósica banda sonora de Hans Zimmer y Junkie XL. Guitarras eléctricas y coros operísticos para un Snyder barroco, excesivo y dado a la cámara lenta que imprime estilo a una producción de evidente sentido comercial que insiste en ser oscura y densa, pero más cerca de la pose que del fundamento, como siempre. La acción se divide entre secuencias en las que no se ve lo que está pasando y otras, la mayoría, de destrozos, caídas y persecuciones en Batmóvil muy rimbombantes. Un correcto Jesse Eisenberg interpreta a un juvenil Luthor, pero no se nos pasa por alto que a los guionistas se les ha olvidado definir cuál es su plan último, su gran objetivo, si es que lo tiene. Amy Adams se hace por fin con Lois Lane y el romance mejora bastante. Por fin.

Ni un gran error, ni un gran acierto. Entretenida en sus devaneos.

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