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Edulcorada e insoportable película de postal rosa

Por Enrique Fernández Lópiz

La película cuenta la historia de Logan (Zac Efron), un marine americano que fue destinado en Irak. En medio de una refriega con fuego amigo se tropieza con la fotografía de una mujer, antes de salvar su vida por los pelos. El joven entiende que la foto es un signo de buena suerte y a la vuelta de la guerra busca desesperadamente a la bella muchacha y la encuentra finalmente en un paraje natural de Louisiana, un pequeño pueblo donde vive plácida y asilvestradamente. Se llama Beth (Taylor Schilling) y habita con su madre. Es una joven muy bonita, para más suerte aún de Logan, y para colmo de ventura, divorciada del agrio y celoso sheriff local George Brent (Jay Rowland Ferguson) con el que tiene un hijo de corta edad (Riley Thomas Stewart). Y además, regenta un establecimiento en el campo para el cuidado de perros, que es a donde llega Logan que al verla no sabe qué decir de tan tonto y pasmado como queda el pobre. Y si no al principio porque está feo, pero sí al muy poquito, casi en un santiamén, la llama del amor prende entre ambos iniciándose una algodonosa historia de amor que hace temer que la peli no acabe nunca.

Scott Hicks dirige con más oficio –por decir algo- que fortuna, esta empalagosa historia llena de tópicos y en extremo simple. Will Fetters escribe un guión sin aparentes pretensiones, dulzón y corto de miras, un guión también tosco, pedestre y delirante en, por ejemplo, la forma de resolver el problema del molesto personaje del ex marido en el clímax del puente colgante; un guión, en fin, cuasi infantil. Basado en una novela de Nicholas Sparks (El diario de Noa), el más exitoso practicante del nuevo romanticismo de telenovela adaptado a los nuevos tiempos y cuyas adaptaciones cinematográficas suelen ser horrorosas: Mensaje en una botella de Luis Mandoki, 1999; Un paseo para recordar de Adam Ahankman, 2002; Noches de tormenta de George C. Wolfe, 2008; o Querido John de Lasse Hallström, 2010, entre otras. Se salva más o menos la música de Hal Lindes y sí me parece buena, aunque igualmente edulcorada, la fotografía de Alar Kivilo.

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Las interpretaciones no dan mucho de sí. Zac Efrom está todo el tiempo hierático y como inhibido, tal que le hubiera dado un pasmo amoroso o similar; Taylor Schilling parece sacada de una película de serie B con aspavientos y salidas de tono que no vienen a cuento, amén de sobreactuar constantemente; Blythe Danner en el papel de madre de la chica es tal vez la que mejor está, aunque no deja de ser igualmente una actriz de series de TV; también que más o menos se salva el afectado niño Riley Thomas Stewart, a pesar de su blandenguería dirigida, claro –pues los niños son dirigidos-, por el inefable Hicks; y finalmente y por no extendernos en lo inextensible, el tejano Jay
Rowland Ferguson hace un horroroso papel de villano de más propio de los dibujos animados que da risa y que hace aún más insufrible este almibarado film. Sin duda los más creíbles son los perros, que hacen cosas de perros, y las hacen con naturalidad.

Como se puede ver a las claras quien tenga la mala suerte de toparse con esta peli, la puesta en escena es absolutamente jabonosa, más propia de un anuncio publicitario de ropa pija, tipo postal de comedia musical y con unos matices en los personajes que sólo se ven en películas casi de risa en la que “el sol del amor ciega la cara de los enamorados” (la frase es mía).

No hay duda que esta peli está pensada para saciar las ansias románticas de toda una legión de adolescentes que ve en Zac Efron al prícipe azul, al GRAN guaperas, aunque en realidad no lo sea tanto.

Como escribe Javier Ocaña con gran acierto: Con un villano de opereta que da risa incluso en su redención de folletín, y una puesta en escena de anuncio de Tommy Hilfiger, con aspirantes a campesinos que no son más que pijos de revista con camisas a cuadros sin abotonar, Hicks practica el romanticismo de postalita, aunque en realidad esté hablando nada menos que de estrés postraumático tras la guerra de Irak y de muertos por fuego amigo. Claro que tampoco es fácil entender a Sparks si además tienes que bregar con la estrella juvenil del momento: aquí, Zac Efron, que confunde sentimiento con estreñimiento, y que, con su mirada al borde del estrabismo, y sin mover un músculo, provoca una continua sensación de que el sol le está cegando los ojos.”

En fin amigos, hoy me toca hablar de una película muy pero que muy regular, empalagosa y desaconsejable de todo punto para el buen cinéfilo. Y es que también hay que prevenir, no sólo comentar las grandes pelis que en el mundo hay. Y mi intención la asocio con una bella letra del folklore argentino, pues al haber yo visto la peli, y haberla visto ¡entera!, y haberla padecido y sufrido, y a fin de advertir y de que procuréis evitarla a toda costa, me han venido estos versos de las Coplas de un payador perseguido de Atahualpa Yupanqui, cuando dice: … si he pasao lo que he pasao,/ quiero servir de advertencia,/ el rodar, no será cencia/ pero tampoco es pecao.” Pues eso, eviten pasar por mi misma experiencia. Amén.

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