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E.T. ¿La película de mi vida?

Por Gerardo Gonzalo

Es muy difícil nombrar sólo una película como “la de tú vida”, y la subjetividad en la valoración, aquí sí que es total. Bajo este concepto no se pretende hacer una valoración estrictamente cinematográfica, sino explicitar el valor que en un momento concreto y condicionado por el recuerdo, el contexto, el momento vital o las circunstancias concretas de una época, diste a  algo que hace que sientas una historia como algo más personal e intransferible que otras, quizás mejores, pero que no influyeron tanto en tu existencia, ni dejaron tanta huella.

Tenía 9 años cuando vi E.T., recuerdo que las colas en los cines para verla eran larguísimas (es la primera vez que tuve una sensación tal de expectación ante un estreno), todo el mundo hablaba de ella, y mi padre, ante las dificultades de adquirir una localidad, apareció un día por sorpresa poco antes de terminar las clases y le pidió al profesor si podía salir un rato antes, ya que había que llegar pronto a la cola de un cine de la C/Bravo Murillo en Madrid que la daba, y donde nos esperaba pacientemente mi madre. Conseguimos las entradas, vi la película, y recuerdo que me gustó mucho.

Y con ese recuerdo he vivido 30 años, cada vez que veía una secuencia, un reportaje, su música o algo que la evocaba, la sentía como algo especial, algo que tenía muy dentro y a E.T. al igual que Elliot, como a un amigo. Sin embargo, durante todos estos años no volví a verla, había una parte de miedo en no sentir lo que sentí siendo niño, o quizás que el hecho de volver a verla requiriese un motivo, no quería verla sin más, de forma rutinaria, quería buscar un momento que le diera una significación especial.

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Ahora soy padre, y desde que lo fui, pensé en el momento en que vería con mi hija esta película, en si le gustaría, y hasta cuando debería aguardar para verla y que pudiese entenderla y disfrutarla plenamente. Pues bien, ese momento llegó hace unos días, mi hija ha cumplido 7 años, los dos teníamos vacaciones el mismo día y estábamos solos en casa, le propuse verla, le pareció bien y nos sentamos frente a la tele.

He de decir, que como si tuviera los 9 años de la primera vez que la vi, disfruté y me emocioné bastante, lloré viendo la relación de E.T. con Elliot y como se quieren, me estremecí al ver de qué manera llega a formar parte de la vida de unos niños y el amor que despierta en ellos, sollocé asistiendo el desamparo en que queda el pobre E.T. al ser abandonado en nuestro planeta y su anhelo por volver con los suyos, rompí en un mar de lágrimas cuando E.T. se pone enfermo, para al final ya casi no poder ni ver a través de mis ojos hinchados por la emoción, ese abrazo de despedida entre Elliot y el pequeño extraterrestre.

Quizás sea todo muy poco racional, y tanto es así, que mientras escribo esta crítica me sigo emocionando, pero si el cine es arte y  sentimiento, nada en mi ha provocado tan torrenciales efectos como esta historia.

En cualquier caso, intentando objetivar mí opinión, la película me parece de una belleza estremecedora, la historia está narrada con la máxima sensibilidad y el verismo de las relaciones entre los personajes alcanza altas cotas de profundidad, (lo cual es muy meritorio ante una historia que de partida resulta inverosímil). La forma en que está narrado el mundo de los niños, y lo distanciados y ajenos que aparecen los adultos frente al mismo, está aquí planteado con un mimo por los detalles que es difícil que no te vuelvas a sentir un poco niño viéndola. Y por supuesto, no quiero olvidarme de determinados momentos de risas, con algunos gags que resultan antológicos.

Hasta aquí yo, ¿y mi hija?, ¿qué le pareció? …. pues a mi hija le gustó mucho, sobre todo el personaje de E.T., y le dio un ataque de risa cuando éste ve al maestro Joda y dice “Mi casa, mi casa”. En el conjunto dice que le encantó, aunque no se emocionó (no tiene porqué ser igual que su padre, y aunque no lo recuero, seguramente yo tampoco lloré cuando la vi con 9 años), pero lo que más le impresionó, y ahora repite a todo el mundo, es que su padre no paraba de llorar, y como dice ella “oye, que nos es que papá se emocionase un poco, es que le corrían las lagrimas por todo la cara”.

Comentarios

  1. Íñigo

    Maravilloso artículo, Gerardo. A veces pasa que, al ver una película después de tanto tiempo (y esto lo dijo Garci), quien cambia no es quien la ve, sino la película al envejecer con el tiempo. Un saludo.

  2. Alberto

    Gracias por compartir tan buena historia Gerardo. Hay películas que nos dejan marcados, aún hoy a mis años sigo descubriendo algunas, de aquellos tiempos o de estos, que con mayor o menor intensidad, me embelesan. Y es un placer. Me atrevo a decir que tu hija jamás borrará el recuerdo de haber visto esa película con su padre y con los años se convertirá en uno de “esos recuerdos”. Saludos

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