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Drama romántico disparatado que incluso se puede disfrutar

Por Enrique Fernández Lópiz

Adaline Bowman (Blake Lively) ha nacido a comienzos del siglo XX. Con el tiempo se convierte en una bella mujer, contrae matrimonio y tiene una hija. Una noche, conduciendo bajo una inesperada nevada tiene un grave accidente de automóvil. En el accidente, cuando ya está prácticamente muerta, cae un rayo sobre el vehículo y la fuerte descarga eléctrica y cierta confluencia astral la vuelven a la vida. Adaline tiene entonces 29 años y por el efecto de estos acontecimientos, su biología sufre una profunda transformación, tanto que su edad queda suspendida en eso que llamamos “eterna juventud”. Llevará a partir de entonces una vida solitaria y esquiva, permaneciendo durante ochenta años con la misma edad mientras sus amistades e incluso su hija envejecen. Para evitar que conozcan su secreto, Adaline cambia constantemente de residencia y de trabajo. En un momento de la historia conoce Ellis Jones (Michiel Huisman), un atractivo hombre del que se enamorará, y cuyo amor provocará el desenlace del film en el que conseguirá al fin ser de nuevo una mujer mortal.

El director Lee Toland Krieger es bastante nuevo y con una irregular trayectoria; creo que su formación y aptitudes a día de hoy, no le hacen apto para acometer una obra de esta envergadura. Así, el film está rodado con oficio pero carece de virtudes destacables. A eso se le une un guión de Salvador Paskowitz y J. Mills Goodloe con numerosas brechas y elementos sin enfoque temático, un guión, que no permite a la historia prender la chispa que se necesita para para despertar un genuino interés por el film, amén de estar cruzado por una absoluta falta de credibilidad. Pero no ya de credibilidad científica o humana, sino de lo que debe ser una historia con una lógica y una trama interna digerible. Es aceptable la música de Rob Simonsen, buena la fotografía de David Lanzenberg, que incluso se adecúa a los diferentes episodios históricos que transita, y buena puesta en escena, vestuario, ambientación, etc.

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El reparto de El secreto de Adaline es para mí eminentemente femenino en lo que toca a su peso en el film y en su calidad. Destaca la protagonista Blake Lively, esforzada pero también perfecta por su encanto y belleza intemporal en su rol; yo colocaría en segundo lugar de calidad a Ellen Burstyn, que hace un trabajo impecable en papel de hija ya mayor de Adaline (tiene un Oscar); e igual me gustó mucho la actuación breve pero sustanciosa de Kathy Baker. Acompañan correctamente el guapo y cortito Michiel Huisman, un emperillado y poco más Harrison Ford, y junto a todos los mencionados Amanda Crew, Richard Harmon, Anjali Jay, Lynda Boyd, Peter J. Gray, Lane Edwards, Alison Wanszura, Aaron Craven y Jane Craven, todos correctos.

Hace ya tiempo que el cine de Hollywood siente atracción por el paso del tiempo y sus avatares. Recordemos El curioso caso de Benjamin Button de Fincher (2008), en cuya historia el curso de vida del protagonista sigue un recorrido inverso, nace viejo y muere bebé; y no digamos de la celebérrima novela del escritor romántico inglés Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray, llevada al celuloide en múltiples ocasiones, la última en 2009 por Oliver Parker; una siniestra historia en la que su protagonista paga caro su afán de perpetuar su propia juventud. Pues bien, este film va de otro tanto, solo que como dice Marinero del asunto de la juventud detenida: “…esquiva la refutación conceptual para llevarlo al terreno del melodrama más fácil, inverosímil incluso en la lógica narrativa, presumiendo que es aceptable como licencia poética.” Nada más cierto. Hay una escena en la que el ¡guapo novio (Huisman) y su padre (Ford) tienen un diálogo en que el padre le pregunta si ama la Adaline –quien años atrás hubiera sido novia de él:¿La quieres? Si ¿Cómo lo sabes? Porque sin ella nada tiene sentido.” Pues eso.

De esta guisa, todo el extraño fenómeno de la congelación del tiempo de Adaline, sin sustento ni razón, se limita a ser una especie de bambalina o decorado de fondo para justificar los movimientos encantadores de la Lively y un romance sonado que brinda a la protagonista de la historia, tal vez su última oportunidad de amor, lo cual que puede parecer muy tierno y arrobador. Es decir, que la peli tira por el camino del medio, que es el más simplón. Así, como dice Ocaña escribiendo con letra de verdad: Si no se piensa mucho, se ve con cierto agrado. Si se escrutan sus posibilidades, se derrumba.” Y así es. Para los que fuimos en una calurosa tarde de verano a pasar un ratito agradable, pudimos disfrutar de los encantos de la cinta. Pero es luego, pensándolo mejor, cuando te vienen las ganas de expresar una opinión más ponderada. Y esto es lo que pretendo hacer con estas líneas.

En conclusión, es una película recomendable con los reparos que ya he apuntado. Pero tampoco hay que pretender ver una joya cada vez que uno va al cine. A veces uno ha de conformarse con la circunstancia de que la cosa sea digerible, amena y llevadera. Y estamos ante una historia de amor con un toque fantástico, entretenida, sobre una joven que deja de envejecer, y que a pesar de los años vividos, nunca ha podido tener una vida plena. Drama romántico disparatado, pero que se puede disfrutar si uno deja de lado las exigencias cinéfilas.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=kQKNyeo_I6k.

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