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Drama luminoso tejido de pequeñas cosas y aspiraciones sencillas

Por Enrique Fernández Lópiz

Corren los años cincuenta en una Irlanda pauperizada y pacata. Es en esos entonces cuando la joven Eilis Lacey decide abandonar su pequeño pueblo y su país para viajar a Nueva York a forjarse una vida digna. Allí, amparada por la Iglesia Católica le han buscado un modesto trabajo en unos almacenes de moda. Al principio la muchacha está nostálgica de su terruño. Vive de inquilina en una pensión de mujeres dirigida por una singular señora de “corta y rasga” que las mantiene a raya.

En un baile de irlandeses conoce a un joven de origen italiano agradable y apuesto del cual se enamora. A partir de entonces su vida da un giro de ciento ochenta grados. Está exultante, feliz, en su trabajo es más eficiente y estudia contabilidad en la Universidad. Pero un día le llega a Eilis la fatal noticia de la muerte de su queridísima hermana. Entonces decide volver a su país a acompañar a su madre y a llevar flores a la tumba de su hermana. Pero hete aquí que en el pueblo, por eso de venir de Nueva York y estar al tanto de la moda, con su título de contable, otra prestancia, etc., no hacen más que lloverle propuestas: trabajo, pretendientes, etc. En ese punto y por otras circunstancias que no desvelo, la señorita Lacey decide finalmente rechazar las sabrosas ofertas que le ponen en bandeja y regresar a Brooklyn, o sea, a su nuevo país, su nuevo barrio, su libertad, su felicidad.

Me ha encantado esta película Brooklyn del director John Crowley. Crowley sabe darle el punto exacto a una especie de melodrama clásico rodado con esmero y dirigido justamente a los amantes del clasicismo, que somos mayoría según creo; lo clásico no defrauda. Film muy bien realizado (fotografía, colorido, etc.) y con escenas y elementos que van al nódulo de la historia que narra. Una historia, como describe Martínez que compone el paisaje melancólico de una mujer atrapada entre dos mundos, dos hombres, dos continentes. De un lado, la certeza de lo que se deja atrás; del otro, la lejana posibilidad de un futuro. Por supuesto, incierto”. Esta película, ambientada en los años 50, encaja en esa modalidad del woman’s film, precisamente una de las variantes del melodrama clásico que triunfaba en aquella década.

Muy elegante el guión preciso (y precioso) del novelista Nick Hornby, adaptación de la novela del mismo título, del escritor irlandés Colm Toibin. En Brooklyn, Toíbin narra el destino de una joven inmigrante irlandesa, “y su encuentro con un nuevo mundo, especialmente con el amor… Y de lo que pasa cuando un inmigrante es extranjero en sus dos países, e incluso de sí mismo…”, como señala el autor de la novela. Pues bien, esa historia es la que Hornby sabe trasladar al libreto que guía este film, con exactitud en el texto, y buenas dosis de conservadurismo y corrección; también una historia contada con inteligencia y una carga importante de sentimentalidad. Me ha gustado mucho la música de Michael Brook, y la esplendente fotografía de Yves Bélanger. La puesta en escena recreando el Nueva York de los años cincuenta es maravillosa, igual que el vestuario.

El reparto es en gran medida una brillante Soirse Ronan en una interpretación que descubre el carácter de excelencia de una actriz; sin llantos, sin gestos accesorios, todo el metraje atenta al peligro de ese género envenenado que es el melodrama, una interpretación que no ahonda en las miserias ni en la grandeza de la joven, ni cae en histrionismo alguno; Ronan expresa límpidamente en su bonito rostro que la única tragedia es la soledad y la única calamidad la nostalgia. Soirse Ronan: una presencia de fuerza y sensibilidad que brilla por encima de todos. Emory Cohen está magnífico en el rol de italiano en Nueva York que se enamora perdidamente de Eilis y hace con corrección la contraparte amorosa de Eilis. Y hay un extenso y magnífico reparto que sabe arropar la historia con lucimiento y de manera orquestada, actores y actrices como Domhnall Gleeson, Julie Walters, Jim Broadbent, Michael Zegen, Mary O´Driscoll, Eileen O´Higgins, Emily Bett Rickards, Paulino Nunes, Eve Mecklin, Maeve McGrath, Jenn Murray, Aine Ni Mhuiri y Nora-Jene Noone.

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Premios y nominaciones en 2015: Premios Oscar: Nominada a mejor película, guión adaptado y actriz (Ronan). Globos de Oro: Nominada a Mejor actriz drama (Saoirse Ronan). Premios BAFTA: Mejor film británico. Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actriz (Saoirse Ronan). Críticos de Los Angeles: Nominada a Mejor actriz (Saoirse Ronan). Satellite Awards: Mejor Actriz (Saoirse Ronan). 2 nominaciones. Critics Choice Awards: 5 nominaciones incluyendo Mejor película y Actriz (Ronan). Sindicato de Actores (SAG): Nominada a Mejor actriz (Saoirse Ronan). Asociación de Críticos de Chicago: 3 nominaciones incluida Mejor actriz (Saoirse Ronan).

Es una película bonita, predecible, sin muchos recovecos, incluso circular en su planteamiento. Y hasta incluye una preciosa canción irlandesa cantada a capella; todo es primoroso: dirección, guión, interpretaciones incuestionables, etc.

Sólo hay un atisbo de sorpresa en la historia cuando se da en la protagonista, tras su regreso por la inesperada muerte de su hermana, una actitud un tanto peregrina que no llega a desarrollarse, pues habría convertido la película en otra cosa más equívoca y compleja, pero lejos del cariz bonito, romántico y plácido que la define. Hay, pues, una fugaz y pasajera nota de pasión oscura en este filme refulgente y cordial.

Esta nota, como la llamo, se produce hacia la mitad del film, algo que no resulta extraño a quienes tienen la experiencia de irse y volver luego a la localidad natal con algunos galones adquiridos durante la ausencia; algo que le ha ocurre a muchas personas en esta situación. Yendo al caso de la protagonista, cuando ella se marcha la primera vez, era una especie de paria a la que nadie hacía caso en ningún sentido. Pero hete aquí que a su regreso, envuelta en el glamour neoyorquino, elegante, cambiada y con un flamante título universitario bajo el brazo todo el mundo la requiere. De manera que apenas le da tiempo de visitar a su hermana en el cementerio cuando unos y otros la montan en una “nube” o “alfombra mágica” destinada a la admiración de los triunfadores. Le sirven en bandeja todo tipo de dichas y ventajas, lo cual que me recuerda a las tentaciones de Cristo: una excelente opción laboral, una relación amorosa conveniente y ventajosa, una casa en ciernes, un estatus encomiable, confort, etc… si decide quedarse, claro.

Sólo cuando la “bruja” chismosa del pueblo la amenaza con un cotilleo de ella, algo inconfesable, a Eilis se le abren los ojos y se le hace evidente el dicho de: “pueblo pequeño infierno grande”; es decir, toma conciencia de dónde se encuentra parada: en su misérrimo y atrasado pueblo irlandés. Así, con las mismas, en un plis-plas hace la maleta y se larga a América de nuevo sin apenas despedirse ni de su madre. Lo cual que el film continúa, una vez dejado al lado este puntito crítico en el guión, con el tinte lindo de historia sosegada y maravillosa. Como escribe Travers: Puede haber películas más grandes, salvajes y con más peso en este año, pero ninguna más adorable que ‘Brooklyn.

Como digo, yo he pasado un sentido y agradable rato con esta película de alma, luminosa y entrañable. También con la amargura de la joven emigrante que anhela sus verdes campiñas irlandesas. El amor y el desamor (anverso y reverso de una misma moneda), una mujer que busca y a la vez mira de reojo su pasado, un pasado que ya se demuestra inexistente salvo en forma de nostalgia. Porque el presente es Brooklyn, los anhelos están ahí, y aunque Eilis se ha dejado jirones de piel al otro lado del océano, y ha padecido el trago amargo de la pérdida de su tierra triste y noble, todo ello le sirve para soportar y dar sentido a una vida que se dibuja esperanzada… aunque algunos echen en falta algo más de mordiente. Yo no.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=1ekxPFTZm1Y.

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