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Dos películas en una con un Spielberg tedioso

Por Enrique Fernández Lópiz

Estamos en el año 1957, en plena guerra fría URSS versus EE.UU. En esa ápoca, y basada en hechos reales según se dice en los títulos, a James Donovan (Tom Hanks), abogado de un bufete en Brooklyn (Nueva York), le encargan inesperadamente que defienda a un supuesto espía soviético apresado, a fin de que Norteamérica dé la impresión a sus enemigos comunistas y al mundo entero de ser un país garantista en lo que a justicia se refiere. Donovan se ve así involucrado en esa guerra larvada entre las dos potencias. Se suma a esta historia el derribo de un avión militar espía norteamericano en territorio ruso. El gobierno americano decide rescatar al piloto (Stowell), que ha sido capturado, aunque para ello sea la misma CIA quien encargue a Donovan que negocie un intercambio entre el piloto y el espía. La cosa es que sea un particular quien lo haga y no el gobierno. Pero Donovan quiere sacar además a otro joven, un estudiante norteamericano preso en las garras policiales del Berlín oriental. Todo coincide con la construcción del famoso Muro que separó al Berlín libre del comunista.

Es decir, todo el que conoce algo de la Historia reciente, sabe que los años 1956-58 eran momentos de gran tensión y al borde de un estallido bélico entre Norteamérica y la ex URSS. Spielberg conoce muy bien, por su edad, esa época. Y según el topicazo, es él mismo quien mira a través de los ojos infantiles del que fuera Spielberg chaval, todo lo que pasa. Él es el hijo de Tom Hanks dentro del film. Ese niño-Spielberg que vive obsesionado por la guerra fría y se prepara para la caída de la bomba, una criatura de la misma edad que tenía Spielberg en la época de que refleja la película. Es de nuevo una incursión del reconocido cineasta en construir su visión del mundo desde el microcosmos de la familia. En definitiva, Spielberg utiliza el escenario familiar del protagonista para lanzar al espectador una supuesta sensación de realidad y de miedo-temor-lloriqueo del marrón que le ha caído encima al abogado Donovan, incluidos los reproches y quejas de la santa madre y esposa y toda la prole: ¡No debes defender a un soviético! ¿Cómo nos van a mirar por la calle?. ¡Ay, Dios mío! Lo que hay que ver… 

Acabo de venir del cine de ver este film y, la verdad, no he salido con buen sabor de boca. No sé si a Spielberg le ha faltado ingenio o fuerza, pero esta entrega sobre la tan manida guerra fría, tema recurrente sobre el que se han hecho docenas de películas muy buenas, no aporta nada nuevo y ni siquiera resulta interesante. No hay más que recordar la visión del enfrentamiento entre el bloque occidental y el comunista por parte de directores grandes y con obras maravillosas. Por mencionar algunos de esos directores-películas que he comentado en estas páginas, referiré algunos: de Carol Reed, El Tercer hombre, 1949; de Billy Wilder, Un, dos, tres, 1961; de Stanley Kubrick, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, 1964; de Alfred Hitchcock, Cortina rasgada, 1966: ; o de Tomas Alfredson, El Topo, 2011. Todas estupendas y nada que ver con esta ¿Es que Spielberg no les ha echado una miradita?

Como digo, no creo que Spielberg, al que nadie le niega capacidad narrativa o dominio del ritmo, amén de otras virtudes que en un personaje de su talla ya casi nadie discute, sin embargo, en esta obra no apasiona y en mi modo de ver, resulta incluso tedioso. No hay mucho que objetar a un guión encargado nada menos que a Matt Charman, Ethan Coen y Joel Coen (aunque la verdad que no parece que hayan participado los Coen), que tiene incluso su pizca de humor; aunque algo sí me gustaría decir de negativo sobre el mismo: es bueno en lo formal pero no es brillante. Como decían de un político nuestro: es lúcido pero no lucido, eso es. Un guión, como escribe Marañón y yo suscribo: … en el que todo el mundo ha cogido frío y se suena los mocos con pañuelo pero no pide recursos cinematográficos epatantes. Todo queda a la altura capriana del buen americano medio, salvo el abrigo de Saks”.

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Spielberg hace dos películas. En la primera parte una película de juicios, tema que a mí me gusta mucho en el cine. Pero en esta primera mitad el aburrimiento inunda las secuencias, privando a estas escenas de jueces, imputados y abogados, del interés o la intriga de otros procesos judiciales que en el cine hay a paladas y muy buenos. Es decir, la cosa queda con un discursete de Hanks, esa especie de héroe grisón a lo Frank Capra, en la defensa del intachable espía ruso, un Mark Rilance brillante. Total, al final ya se sabía que el espía ruso estaba condenado de antemano. Es decir, que encima los americanos quedan fatal en ese querer dar la imagen de GRAN justicia, o sea, querer dar el pego leguleyo, pero considerar al reo preconcebidamente culpable por ruso y por comunista. Curiosa forma de apología sobre las bondades del sistema judicial americano. En resumen, toda la milonga del juicio parece una excelente … adaptación del anhelo buenista de Frank Capra que se puede encontrar en el cine del siglo XXI”, como escribe Marañón. Todo a mayor gloria del espíritu patriótico norteamericano. Y es que Spielberg se pasa más de tres pueblos en su avidez patriotera.

Luego viene la segunda parte, más hitchcockiana, algo mejor, con espías por todos lados y un Hanks que sabe mucho y se camela por su cuenta hasta al mismísimo KGB, la cual faena remata en una charlita informal con un jovenzuelo que pasaba por allí y que para más inri maneja la lengua inglesa, pues raro sería que un yanqui manejara el alemán, obvio. Total, que al final la cosa sale bien, todo quisque queda libre, Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar… como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar”, que tan certera y bellamente cantaba Nino Bravo al hilo justamente del tremendo muro de Berlín que construyeron los soviéticos. Muro que por cierto edificaron porque se les iba la gente a chorro, huyendo del horrible régimen de la estrella roja. Como digo, todo acaba como en un cuento: canjeado espía por piloto y estudiante americano, en diferentes puentes (que eso de los puentes da mucho juego), con francotiradores apostados a una y otra parte de la frontera, de noche, claro, todos tiritando de frío, Hanks charlando con el espía ruso el cual hasta le regala un retrato que le ha hecho en la cárcel, y los de CIA babeando tipo perros de Pavlov por recuperar al cobardica del piloto que en vez de suicidarse como se le había indicado si lo apresaban, se echó en manos de los comunistas. Por cierto, tanto las terribles huestes de la CIA y el KGB parecen en la película monjas ursulinas de lo bien que se portan con los presos, cuando hay sobrada constancia de las salvajes formas de tortura que solían utilizar unos y otros. En fin, que todo lindo al final de tanta negociación que tampoco fue tanta, pero vale…

Pero a lo que vamos, que Hanks es ante todo íntegro, metido en un berenjenal de tres pares de narices, pero al que le sale todo bien, salvo que unos choricetes comunistas le roban su abrigo propiamente de la moda capitalista. Mas como digo, al final, el bueno de Hanks, muy amado por su melindrosa esposa y siendo fiel a sí mismo, regresa a casa por Navidad y con un aura de héroe de tomo y lomo, lo cual que le acaba reconociendo hasta el gobierno de los EE.UU., que hasta entonces lo había dejado al pairo de su mero hacer privado, en sus manos de abogado buenista.

En fin, no está mal la música de Thomas Newman, y la fotografía de Janusz Kaminski es ante todo meritoria, junto con la puesta en escena, pues debe andar a saltos entre el mundo y el entorno capitalista y el comunista, que como sabemos, son bien diferentes en todo sentido.

En el reparto, Tom Hanks sabe mantener el tipo, ya también mayorcete, pero aguanta bien el tirón con un trabajo impecable: “los viejos rockeros nunca mueren”; un espléndido Mark Rylance hace desde mi modo de ver el mejor papel del film metido en el cuero del hierático y cabal espía soviético. Y el resto del reparto acordes y en sintonía con el film, artistas de la talla de Amy Ryan, Alan Alda, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Manussen, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell, Domenick Lombardozzi y Michael Gaston. Conjuntados y “OK” (para no perder el rastro americano).

Al día en que escribo esta crítica, entre nominaciones y premios tiene: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actor secundario (Rylance). National Board of Review (NBR): Mejores 10 películas del año. Satellite Awards: 5 nominaciones incluyendo Mejor película y director. Un poco excesivo salvo en el caso Rylance, de lo mejor de la cinta.

Al final, Spielberg, tan anclado en su época, en su mundo, decide quiénes fueron vencedores y quiénes perdedores en aquella ya mítica guerra fría de los cincuenta y sesenta, y lo hace con la mirada de Hanks en el metro camino al trabajo y ensalzando al protagonista como un gran negociador, no sólo con los prisioneros de la ex URSS, sino incluso en la Cuba de Castro y otros similares.

Mira que no soy yo nada de las dictaduras comunistas, pero es que el que es grande con tantas y tantas películas que han causado furor y son ya puntales de la cinematografía universal (El diablo sobre ruedas (1971); Tiburón (1975); E.T. (1982); El color púrpura (1985); Parque Jurásico (1993); La lista de Schindler (1993), etc.), cuando le ha dado la llorona yanqui, se ha puesto un poquito pesado. O sea, ha hecho una especie de sumario cuasi redondo de su carrera como director, intentando ser amable y confortable con el espectador, y sorteando de forma simple los retos técnicos y cinematográficos, que es al fin de lo que va la cosa del cine.

De modo similar que sus protagonistas el abogado, el piloto o el espía, parece que Spielberg busque las tablas del hogar, por la vía siempre tortuosa del héroe. Mi recomendación… pues no diré nada, el que quiera que vaya. Es una película decente, incluso con sus innegables bondades, pero Spielberg es ya un icono, alguien que no se puede permitir errar o acometer proyectos irregulares o de nivel medio; él ya está en el Olimpo, es hijo de la excelencia y para lo que no sea eso, mejor es que se quede en casa viviendo de las rentas o asesorando a los más jóvenes.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=KQU08juhXqM.

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