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Donde nada es lo que parece

Por Enrique Fernández Lópiz

Paul (Daniel Auteuil) es un neurocirujano de renombre, de más de sesenta años y casado con Lucie (Kristin Scott Thomas), una mujer burguesa que cuida hacendosamente de la casa y el enorme jardín que la rodea. En principio, nada parece empañar la felicidad de Paul. Él se dedica a atender a sus pacientes, sin tiempo prácticamente para disfrutar de su lujosa casa en las afueras; a cambio, su mujerpasa días y noches en solitario. La relación entre ellos es distante pero cordial, y les une su hijo recién convertido en padre, y sus años de complicidad juntos que prácticamente ha reconvertido su relación marital en una relación fraterna. Por lo tanto su vida esen apariencia satisfactoria, con la asidua visita de una larga amistad, un psiquiatra de la misma edad, interpretado por Richard Berry. Pero de pronto las cosas empiezan a sufrir cambios cuando Paul comienza a recibir anónimamente ramos de flores en la clínica e incluso en su casa. Paul sospecha que se pueda tratar de una amenaza, pero a la vez constantemente se encuentra en el camino con una joven de veinte años llamada Lou (Leïla Bekhti), que dice haber sido paciente suya cuando de niña la operó de apendicitis. Se trata de una joven hermosa y en este punto, Paul se plantea qué papel está jugando Lou en su vida, y si es ella la que le envía flores a casa de forma anónima. Y más: empieza a replantearse su vida. Él ve en Lou el recuerdo de un pasado libre y emocionante, sin las ataduras y la rutina de sutrabajo y su familia.Esta circunstancia hará que el matrimonio entre Paul y Lucie se vea debilitado por la intromisión de Lou, ya que Paul se pregunta sobre sus ilusiones y sueños en la vida, sobre todo antes que llegue a un punto irreversible, o sea, “antes del frío invierno” (aunque el título de la película en francés sea meramente Antes del invierno): la vejez. Será en este punto cuando caigan las máscaras, o al menos algunas máscaras de los protagonistas, y las preguntas recurrentes harán su aparición: ¿Son ellos lo que aparentan ser? ¿Es realmente la vida entre Paul y Lucie la que habían soñado? ¿No habría tal vez una nueva alternativa?

Todos hemos oído alguna vez que la vida se anuda y teje a base de detalles sin aparente importancia, casualidades, o reencuentros inesperados. Este planteamiento, que habría podido servir para un film romántico y edulcorado, se convierte en Antes del frío invierno de Phillipe Claudel en una historia más bien oscura, un thriller en el que su protagonista, el Dr. Paul vive una historia lejos de lo idílico y más próxima a la turbulencia. Hace aparición en su vida la típica tercera mujer que hace tambalear los cimientos de un matrimonio de treintaaños de duración. Nada nuevo, podemos pensar. Pero la cinta es intrigante, tiene lecturas diversas, se aviene a la interpretación. Como escribe Álvaro Casanova: “Claudel disecciona paso a paso la trama, sin prisa y con bastante pausa, va echando aceite al engranaje de las sorpresas, los giros narrativos y las escenas clave para que no haya sobresaturación. Nos encontramos por tanto ante un panorama poco revuelto en lo que se refiere al ritmo de la cinta, ya que lo importante de la película se encuentra en la interpretación que el espectador haga sobre lo que está viendo y no sobre lo que verdaderamente se enseña a través de la pantalla. Comentada la situación de intriga que se genera respecto a quién envía las flores, también vemos que hay segundas lecturas en la relación de Lucie con Gérard, amigo del matrimonio, los partidos de tenis que éste juega ante Paul o el paseo nocturno en coche que se da el protagonista sin que sepamos muy bien cuáles son sus motivaciones”.

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El proceso argumental resulta impecable en la forma y menos en el fondo; quizá falte algo de picante, de mordiente. Se da cierta desinformación sobre algunas circunstancias de la historia, lo que puede provocar que a veces algunos sucesosresulten vacíos, pero también fuerzan al espectador a rellenar estos huecos. Es como que el espectador se veforzado a ejercitar su imaginación a fin de agregar lo que en la película falta.

La actriz británica Kristin Scott Thomas resulta ser una intérprete muy satisfactoria que apuesta por proyectos interesantes artísticamente hablando; una mujer meridiana en su interpretación y de una singular y serena belleza que sabe transmitir sus sentimientos de forma muy convincente. Pero el papel vertebral del film cae sobre los hombros de un ya reconocido Daniel Auteuil, un actor de primera categoría que interpreta su rol con gran temple, sobre todo en determinadas escenas, sabiendo medir el gesto efectivo pero sin excesos ni teatralización.Auteil aporta a la obra su propia confusión, un papel de hombre patético que se ve consumido por un odio a sí mismo.Es una interpretación sosegada que ayuda de manera óptima a que el “invierno frío” no se enfríe todavía más en una película que de suyo es glacial. Y no hay que olvidar a Richard Berry en el papel de amigo psiquiatra y enamorado desde siempre de Lucie; Berry hace un papel creíble, medido, dramático en ocasiones y en un nivel de excelencia.

Phillippe Claudel indaga en el mundo de la burguesía francesa ilustrada, como solía hacerlo Chabrol, pero sin los toques de humor negro de éste último. Claudel, un escritor de novelas, hace a veces excesivos circunloquios a lo que en un par de imágenes podría resolverse de manera óptima (“haz una cruz sencilla carpintero”, que decía nuestro gran poeta León Felipe). No obstante lo dicho, la película, en palabras de Ocaña… tiene inquietud, interés y conocimiento de la clase social. El cirujano que interpreta Daniel Auteuil es un hombre enfrentado a su propia cuadrícula, la de su mente, la de su existencia; un tipo acostumbrado a no hacer nada banal que no haya reflexionado antes, y a no reflexionar los pasos verdaderamente importantes de su vida. Un supuesto genio que quizá no sea más que un idiota. La frialdad, el aburrimiento, la escuadra y el cartabón de su casa de arquitecto moderno, y su devenir milimetrado, sin sobresaltos y sin emociones, van a encontrar en la inquietante belleza de Leïla Bekhti un antídoto que tiene mucho de moral […] Claudel aplica altura en las tramas secundarias y buena graduación de la información, hasta conseguir una película compleja y notable”.Con encuadres impecables y sin caer en los tópicos, la película esquiva asimismo el exceso y ofrece una historia profunda, con la suficiente densidad como para mantener la atención, y todo ello en un brillante duelo interpretativo entre Kristin Scott Thomas y Daniel Auteil.

Sabemos los que ya tenemos algunos años, que el matrimonio, para que continúe felizmente, debe tener sus secuencias de renovación permanente, si no, se va al traste, pues el tiempo puede con todo. Así,en esta tercera película del realizador francés Phillipe Claudel, se nos cuenta cómo, en el día a día de la vida conyugal, no hay mucho de idílico ni de romántico, y que una espada de Damocles pende debido a los errores del pasado y sobre todo cuando hay falta de comunicación y diálogo (en esto me recuerda a Bergman). Y es que el pasado puede resultar acusador, por los artilugios con los que los humanos disfrazamos la realidad tan repetidamente y de manera siempre igual y tozuda, y a la contra de la verdad. Es por eso que el universo del matrimonio del film se está derrumbando: a causa de secretos que no han salido a la luz abiertamente y de la falta de diálogo. La pareja se tambaleacuando intervienen circunstancias aparentemente banales como el envío de una parte anónima de ramos de rosas rojas, y también cuando hace su estelar aparición salvadora (nada nuevo cuando hay crisis) el gran amigo de siempre y eterno enamorado de la señora, el psiquiatra igualmente maduro que trabaja en la misma clínica que Paul. Y como apunta Luís Bonet: “Philippe Claudel ha filmado Antes del frío invierno de manera tan minuciosa como la utilizada por el protagonista en sus operaciones”.

En la obra hay influencias Claude Chabrol, de Claude Sautet, pero también de Hitchcock trasiega elementos. Justamente, en esta dimensión de thriller y misterio la narración puede desconcertar en una cinta que habla más bien el amor, aunque éste sea más o menos frustrado; pero ante todo es una película de amor. Como muy bien escribe Ignacio Navarro: “Su guionista y director parece más preocupado en que nos interesemos por las dudas existenciales de su protagonista que por el desenlace de un trance amoroso. Por ello arranca el metraje con una secuencia cronológicamente situada al final, para luego seguir desde el principio hasta que eventualmente, lo sabemos, retomaremos esa escena inicial. Con este recurso cada vez más frecuente en el cine se pone el acento en el cómo antes que en el qué, y suele utilizarse también para subvertir las expectativas del espectador. Pero más que hacerle a uno sentirse inteligente por especular cual puede ser la sorpresa que le tiene deparada la película, minusvalora esa inteligencia al reducir el campo del suspense. A priori, en este caso la táctica es excusable porque el foco no gira tanto sobre la resolución de un adulterio como sobre las interacciones familiares que se mueven en el marco de ciertas subtramas: entre el hijo del matrimonio y su pareja o entre el compañero del protagonista y su mujer. En otras palabras, se emplean personajes secundarios para alimentar el conflicto que realmente interesa a Claudel: el interno, no el externo”.

En conclusión, esta obra es satisfactoria en general, pues a pesar de las lagunas, es una película que se va a recordar, no como esas que en apariencia son atractivas pero al poco se olvidan. Y esto es debido a un buen trabajo de parte de su director en el terreno reflexivo sobre ciertos aspectos cruciales de la vida en pareja. Ello, unido a un excelente nivel estético. Y aunque deje un cierto sabor acre el desenlace y el final, yo creo que estamos ante una película de mérito, típicamente francesa, una obra de gran nivel.

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