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Django, Tarantino desenfrenado

Por Adrián Pena

Si algo tiene Tarantino es que su cine no deja indiferente a nadie, y si se caracteriza por algo es por ser un visionario que hace lo que le da la gana y cuando le da la gana, eso sí, el 90% de las veces con excelentes resultados. Su Django está dentro de ese porcentaje de maravillas que su corta, pero intensa filmografía, nos ha dejado. Si hace unos años reinventó la historia con sus Malditos Bastardos, donde un grupo de judíos americanos se dedicaba a dar caza y cortar cabelleras a nazis, este mismo año no la reescribió sino que la revivió a su modo en otra de las páginas negras de nuestra historia más reciente. En Django desencadenado Tarantino nos muestra el duro recorrido de un esclavo de color hacia la venganza, una venganza que no sólo deja con buen sabor de boca a su personaje, sino que hace las delicias del público con la sangre librada por él.

Django desencadenado es una de esas historias épicas que tantas veces hemos visto en el cine, pero a diferencia del resto se disfraza de western sureño, nada que ver con las localizaciones de Gladiator y Espartaco, pero compartiendo con ambas los mismos fines: la venganza y el fin de la esclavitud. Y eso es algo bien marcado con mayúsculas en esta cinta, está claro lo que se va a ver, no hay trampa ni cartón; Tarantino va directamente al grano sin engañar a nadie, eso sí, todo de una magnífica factura y realización, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados. Como ya se dijera en la magnífica el Club de la lucha, «únicamente cuando se pierde todo somos libre para actuar» y de eso se nutre el personaje de Tarantino, que tras arrebatárselo todo se verá libre para iniciar su andadura en el camino de la venganza. Todos sabemos desde Batman Begins que la justicia es armonía y la venganza sólo satisfacción personal, pero para Django la venganza es su justicia y lo satisfactorio es el reencuentro con su mujer, el dulce postre tras tanto plato amargo. A su lado y como su liberador está un singular dentista, el Dr. King Schultz (Waltz), un cazarrecompensas que ayudará al pobre de Django en sus andanzas, el fiel amigo y maestro que necesitaba para alcanzar su meta. Pero antes de todo eso tendrá que aprender muchas cosas, entre ellas a disparar un arma, y ayudarle a capturar a forajidos, los hermanos Brittle incluidos (los malhechores que vendieron a su mujer). En el camino se encontrarán con calaña de lo más variopinta, Big Daddy (Don Johnson), un acaudalado que se dedica a traficar con gente; el Ku Kux Klan en una de sus primeras andadas y en una de las escenas más delirantes de la historia del cine, pura burla tarantiniana; o Sheriffs que no son lo que parecen. Hasta el momento del encuentro con Calvin Candie, el francófilo que tiene apresada a la mujer de nuestro protagonista. El recorrido es largo para Django, pero la recompensa de incalculable valor sentimental.

El film es incuestionable; bestial, brutal, salvaje, otro regalo más del genio Tarantino. Un dulce caramelo para el espectador, porque a cada minuto lo amargo vivido por Django se va haciendo más agradable con su exquisita venganza. El film consigue cautivar de principio a fin, y a pesar de sus casi 3 horas de metraje, la cinta ni decae ni aburre. Más bien todo lo contrario, te evade y te “encadena” con gusto a la vez. Un drama sureño convertido en un satisfactorio producto de entretenimiento. El éxtasis absoluto del cine, una película desvergonzada y a su vez vergonzante (por las atrocidades que el ser humano es capaz de hacer), un punto de sentimientos encontrados, en definitiva espectacular.

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La violencia y la sangre corren de la mano de Tarantino, al igual que la excelente dirección, fruto de un genial guión sacado de su chistera sin fondo. Quentin saca el látigo y vuelve a fustigar a los malos mediante Jamie Foxx, que realiza un gran papel y se desenvuelve a la perfección en todas las escenas tan magníficas que su director nos regala. Las localizaciones donde sucede la historia son increíbles; la fotografía de Robert Richardson nos deja como legado el western más nutrido. La música una vez más es acertadísima, Tarantino y pocos más saben elegir de manera tan adecuada la banda sonora que sirve de comparsa al film. Las escenas sobresalen durante la mayor parte del metraje, y muchas de ellas llegarán a la eternidad de las escenas míticas del séptimo arte. Al igual que las dosis de humor que con tanta rabia introduce, su peculiar estilo marca una vez más al espectador, que sólo puede rendirse ante tanto talento.

El reparto de Django desencadenado cumple en sus diferentes roles. Tarantino sabe lidiar con sus estrellas y las doma y moldea a su antojo. Jamie Foxx es el protagonista de la cinta, realizando aquí uno de sus mejores papeles. Pero a la vez se ve empequeñecido y eclipsado por el personaje de Christoph Waltz, que simplemente vuelve a estar brillante a las órdenes del director, una conexión que vuelve a funcionar a las mil maravillas tras la revelación que supuso su papel en Malditos Bastardos; el austriaco no le puede estar más agradecido, dos nominaciones al Óscar bajo su mando, dos estatuillas que se ha llevado a casa. Para quitarse el sombrero. El tercero en discordia es el talentoso DiCaprio, que está fabuloso, probablemente en uno de sus mejores papeles y merecedor de la nominación al Óscar, al menos. Su personaje, ya lo dijo Quentin, es como un Luis XIV pervertido, aunque más bien perverso diría yo. No sólo es un villano repugnante con cierto encanto a la vez, sino que ser malo le sienta como un guante, rol que debería plantearse repetir. Bajo su mando, ¿o es más bien al contrario?, está un fabuloso Samuel L. Jackson, merecedor de reconocimiento también, que lo borda como negro negrero. Consigue transmitir, verdaderamente, el asco y desprecio que su personaje merece. Don Johnson, Jona Hill, Franco Nero (en forma de cameo, como Quentin) y Kerry Washington completan el plantel. Mientras que el primero realiza un buen papel como millonario amante del dinero y las riquezas, el segundo hace acto de presencia en un breve pero buen papel, su personaje es uno de los que aparece en la escena del KKK. Por su parte Kerry Washington cumple con su papel, siendo el mayor tesoro de Django, verdaderamente eso es amor.

Algodón bañado en sangre sucia, latigazos y peleas de mandingos son los ingredientes de la película del año. Tarantino de un paso al frente tras Malditos Bastardos y llega a su madurez absoluta, sin perder ese humor agrio tan característico suyo. Django desencadenado es la cinta cazarrecompensas del año, la película por la que merece la pena pagar.

Ojalá en un futuro, no muy lejano, veamos juntos bajo las órdenes de Quentin a Uma Thurman, Christoph Waltz y Samuel L. Jackson, él es el que mayor rendimiento les ha sacado y él único capaz de ofrecernos tan buen regalo.

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Comentarios

  1. Lourdes lueiro

    Genial tu crítica Adrián (como siempre), estoy de acuerdo con todas tus palabras, no podrías haber hecho una descripción mejor de este grandísimo film, la verdad es que es para quitarse el sombrero con Tarantino y con todos los que colaboraron en la película, es fantástica, y como tu dices las casi tres horas no aburren en absoluto, y se te pasan rapidísimo. Saludos!

  2. Adrian

    Creo que el final es lo que le privo del Oscar. No digo que sea malo, ojo, que me encanta el desenfreno y pasion que pone Quentin en el desenlace. El final es de lo menos Oscar de la ultima edicion. Pero Quentin demuestra con ello que no busca el Oscar si no hacer lo que el siente, para bien del espectador.

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