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Deuda de sangre

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuenta esta película la historia de Terry McCaleb (Clint Eastwood), un individuo duro, un veterano ex agente del FBI jubilado. En una operación contra un asesino en serie, Terry, que persigue al llamado “asesino del código”, al verlo en la escena del crimen comienza una persecución frenética que acaba por provocarle un infarto. Como consecuencia de este traumático acontecimiento, a Terry le implantan nada menos que un corazón nuevo; y por una de esas casualidades, se entera de que la donante ha sido una mujer hispana asesinada en una pequeña tienda de barrio. Terry, que es muy agradecido, comienza, por esa deuda con la donante y por intermediación de su hermana (por eso se llama “Deuda de sangre”) a indagar los crímenes, que son dos, cometidos por el fatídico individuo. Para ello, Terry, que es muy minucioso, va haciendo pesquisas que van desde la policía local hasta los mismos lugares donde se han cometido los asesinatos, por ver cualquier indicio o pequeño detalle que le lleve a encontrar al homicida. Y este es el comienzo del film: un Eastwood enfermo y recién operado queriendo atender la súplica de la hermana de su donante, a modo de cumplir con una deuda de sangre, o mejor, de corazón.

Es una película dirigida e interpretada por Clint Eastwood que es alma del film, aunque a decir verdad, no es con mucho la mejor película de Eastwood. El guión de Brian Helgeland inspirado en una novela de Michael Connelly, que parece que no da mucho de si, es correcto y la trama resulta de interés durante los 115 minutos de metraje; y aunque la peli no mueva los cimientos de la sala, tiene puntos muy acabados y de excelente resultado. También está bien la música de Lennie Niehaus y la fotografía de Tom Stern.

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En el plano de las interpretaciones es Clint Eastwood quien mantiene sobre sus espaldas el noventa por ciento de la película, pues el resto, los actores secundarios, se limitan a cumplir con el guión de forma mecánica, con oficio pero sin excelencia de ningún tipo, es decir, que no ayudan en prácticamente nada al pobre Clint, ni aportan frescura a la historia; no hay la mínima iniciativa o atrevimiento; así, Jeff Daniels (cuyo papel habría dado para un mayor lucimiento como vecino loco de McCaleb), Anjelica Huston (como preocupada Doctora) o Wanda De Jesus (como hermana de la donante) por mencionar los principales, son meros peones que se mueven sin convicción por la pantalla.

En la película, Eastwood muestra de nuevo su afición por los tipos duros y atormentados, su afecto por las pelis de policías y también por el mundo hispano. La historia, típico thrillers de Hollywood, tiene partes buenas, tal el caso de que te engancha a la butaca con su acción e intriga, y partes menos buenas, como resultan ser las escenas finales de la cinta. No es una película apasionante o que sobrecoja, pero tampoco es aburrida, y es que, no hay que olvidar que Eastwood es uno de los mejores realizadores norteamericanos, un clásico y vivo. Y aunque esta película sea una obra menor en su filmografía, tiene su interés para el espectador y para el amante del cine de intriga y acción, como no puede ser de otro modo tratándose de un grande.

La película tiene su lado oscuro, su atmósfera sombría y también momentos elevados que llegan a conmover. Pero como es un film un tanto ciclotímico, o bipolar como se dice hoy, también tiene sus momentos de falta de ritmo y sus escenas incluso ramplonas. O sea, en la peli convive lo mejor de Eastwood con algunos desvaríos, la inteligencia y la torpeza, aunque al final es una película que flota, que no se va lo hondo del mar, que salva los trastos, como suele decirse.

Ya sabemos que antes de esta peli fueron otras obras como Bird, 1988; su maravilloso homenaje al western Sin perdón, 1992; Un mundo perfecto, 1993; Los puentes de Madison, 1995; o Poder absoluto, 1996 entre otras. Y luego de esta vinieron otras: Mystic River, 2003 o Million Dollar Baby, 2004 y tantas más. Pero entre tanta obra maestra también hay cabida para un poco de cine comercial, la acción, los tiros, unas pizcas de intriga y al Eastwood que siempre sabe qué hacer y qué contestar, aun en los momentos más complicados. O sea, bien, la peli está OK.

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