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Desayuno con diamantes

Por Enrique Fernández Lópiz

Esta película es una de esas cintas inolvidables, una comedia que roza la perfección, un reparto donde brilla con luz propia Audrey Hepburn, música celestial de Mancini, y un cierre perfecto. Película, pues, en principio, redonda.

En la historia, Holly Golightly (Audrey Hepburn) es una mujer joven de gran belleza y elegancia, neoyorquina, que lleva una vida alegre y desenfadada, siempre contenta y vital. Su comportamiento es un tanto extravagante y singular y en ese repertorio curioso de actuaciones está el de tomar el desayuno mirando el escaparate de la lujosa joyería Tiffany´s, de ahí el título de la película. Un buen día aterriza en el mismo edificio y como vecino suyo Paul Varjak (George Peppard), un joven escritor que espera ansiosamente el éxito de su obra, éxito que nunca llega, y mientras tanto, vive a gracias al patrocinio no desinteresado de una mujer madura, la Sra. Failansen (Patricia Neal).

En el año 1961 esta película tuvo cinco nominaciones a los Oscar, de las que obtuvo dos de ellos: mejor canción y banda sonora película no musical. Y es que es una película encantadora. Yo la vi hace años, y hace poco la volví a ver, y la verdad, siempre me gusta, siempre me deja un buen sabor de boca.

Su director, Blake Edwars, hace un gran trabajo de elaboración y puesta en escena, un excelente trabajo tras la cámara y una gran dirección de actores; por supuesto con un guión memorable de George Axelrod, basado en una novela del conocido Truman Capote, Desayuno en Tiffany´s, donde el autor pretende esbozar un retrato de la parte más frívola e insustancial de la sociedad neoyorquina. La música de Henry Mancini colabora mucho en arropar ese clima desenfadado, una música que enriquece la jovialidad del humor (incluso la desesperación de los personajes) y el ambiente festivo de los partys, que incluye la canción Moon River, cantada por coros, Hepburn y silbada por Peppard. Y este delicioso y tragicómico film tiene además una excelente fotografía de Franz Planer.

En cuanto al reparto, Audrey Hepburn está sencillamente excepcional, bella, pizpireta, simpática, desenfadada y comunicativa en cada mirada o gesto; una actriz maravillosa en plenitud de facultades. En cuanto al segundo de a bordo, George Peppard, no puedo decir lo mismo. Peppard hace lo que puede, y creo que pierde la gran oportunidad de su vida que se le brindó con este film, pues no sabe o no puede estar a la altura de las circunstancias ni de su partenaire, la Hepburn. No obstante, esto empaña poco la obra que conducida por Edward e interpretada por Audrey ya tiene más que suficiente, sin olvidar, repito, a Mancini con su maravillosa música oscareada; amén del guión que vertebra la película gracias a Axelrod.

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Cierto es que Desayuno con diamantes tiene mucho de mito, y eso hay que tenerlo en cuenta, a fin de ser lo más objetivos posible. Es decir, que no estamos ante una obra memorable de la cinematografía universal, pero su encanto y su tradicional impronta en quienes la vimos hace años, hace que la peli trascienda los cánones de la crítica en si, y se convierta por arte de magia, nunca mejor dicho, en un recuerdo imborrable lleno de frescura y lindeza. Tal vez si la ve hoy un joven, no le resulte igual, pero no ocurre así con los más veteranos. Por lo tanto, admito ese sesgo y mi admiración y embelesamiento ante la Hepburn; yo la considero, junto a otras como Grace Kelly, Ingrid Thulin, Julie Christie, o más recientemente Nina Hoss o Michelle Marie Pfeiffer, iconos en mi imaginario de actrices del cine de todos los tiempos. Y cuando las veo, pues qué decir, me rindo y digo: “lo que tú digas, cariño”.

Además, acepto que la trama, más allá de lo que he señalado, no es muy aleccionadora: un entorno de lujos sin fundamento, la insatisfacción de los personajes en un mundo de cartón piedra sin futuro, una vida casquivana añorando las joyas de Tiffanys, las fiestas poco recomendables, el aturdimiento de Holly por encontrar un marido rico que le dé una vida suntuosa, una mujer inestable emocionalmente y sólo amante de una persona en su vida: su hermano Fred. De otro lado está el materialismo rampante, la falta de escrúpulos, el machismo, la prostitución maquillada. Frente este estado de cosas, el contrapunto de un más reflexivo Paul (Peppard) contra los falsos sueños de Holly y su inconsciencia, lo cual da lugar a algunos diálogos que tienen su carga de profundidad. Es decir, que yo sé que la peli tiene otra lectura más crítica. Todo ello en un film adobado por un humor alegre y sarcástico a la vez.

En fin, para acabar quiero recordar la presencia en el film del mítico Mickey Rooney y de nuestro paisano José Luis de Villalonga, con quienes Holly flirtea en ese mundo de burbujas y decadencia, inmoral, sí, de cascos ligeros, donde pasado y futuro se detienen en un presente de Tiffany´s y el deforme e irreal espejo de los diamantes.

Pero también está una visión adormecedora y bonita, la de una película hecha para soñar en rosa, cuanto uno quiera, incluso con lo imposible, poder uno detenerse en un momento imperecedero de felicidad extrema. Si no la has visto, vela y olvida el resto mientras escuchas:

Moon River, wider than a mile,
I’m crossing you in style some day. 

Oh, dream maker, you heart breaker, 
wherever you’re going I’m going your way. 

Two drifters off to see the world. 
There’s such a lot of world to see. 

We’re after the same rainbow’s end– 
waiting ’round the bend, 
my huckleberry friend, 
Moon River and me.

Comentarios

  1. Valeria

    Lei tu critica después de haber visto la película, tenia muchas ganas de verla, pero me decepciono, la trama, me pareció muy sosa, la actuación sobre todo de ella, raya en la exageración, él sin pena ni gloria, el chino, horrible, la película en si vale por admirar la elegancia inata de Audrey, con sombrero, sin sombrero, vamos, una belleza “Tiffany´s” sin lugar a dudas y la música, me encanto!

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