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Deplorable, frustrante, infumable

Por Enrique Fernández Lópiz

Desde su más tierna infancia Amy ha oído de boca de su padre el mensaje de: “la monogamia no es realista”, como que no es un estado realista y menos perfecto, ideas que le enseñó con un peregrino cuento de que las niñas gustan de cambiar las muñecas y no estar siempre con la misma. Amy ya de mayor, a la sazón periodista, hace su vida conforme a este y otros principios gozando una vida sin compromiso y sin romanticismos aburridos, plan estilo promiscuo, alcohólico y toxicómano (muy lindo). Pero parece que su existencia no tiene mucho sentido con este rollo de vida. Es ahí cuando descubre que se está enamorando de un hombre decente y normal: ¡un afamado médico deportivo! ¡El deporte, algo que ella odia! En fin, por encargo de su revista inicia entrevistas con el doctor justamente para hacer un reportaje sobre el acreditado galeno. Y de resultas le sale, por el amor que le siente, un bonito y exitoso artículo médico deportivo que lleva el nombre de él: “Aaron Conners”. Aaron es un hombre no muy atractivo pero que también la quiere a ella, amén de tener pasta a raudales. A partir de aquí Amy hace una reflexión y un replanteamiento de su forma de vida y sus creencias, pasando inopinadamente al lado contrario de sus hábitos psicotóxicos.

Empiezo diciendo que la película Y de repente tú me ha parecido burda, soez y grosera innecesariamente, y muy yanqui en el peor sentido de su hábitos y aficiones que nada tienen que ver con los míos y me atrevería a decir con el de los europeos en general. Por lo tanto, hecha esta precisión, lo que desde ahora diré ya no será agradable, pues creo que cuando el tono general de una obra de arte es vulgar, ya se pierde arte; y en un film, si pasa con la rapidez del rayo de lo transgresor a un tinte conservador tan propio del norteamericano medio, entonces la cosa resulta incluso ridícula, amén de predecible.

Lo primero que me pregunto es qué ha sido de las lecciones artísticas, de calidad, de genialidad, de encanto y enorme sentido del humor ofrecidas por maestros del cine clásico de la comedia como Ernst Lubitsch, George Cukor, Frank Capra, William Wyler, François Truffaut, Stanley Donen, Gene Kelly, Alexander MacKedrick, Stanley Kramer, Blake Edwars, Marco Ferreri, John Ford, Rafael Azcona, Sidney Lumet, Jacques Tati, Robert Moore, Barry Levinson. E incluso de contemporáneos como Wolfgang Becker, Roberto Benigni, Francis Bever, David Frankel, Mike Newel, Sidney Pollak, José Luís Cuerda, Woody Allen, John Hughes, Jay Roach, Jonathan Dayton y Valerie Faris, los Coen, Charles Crichton, Harold Ramis, los Farrelly, P.J. Hogan, Jon Avnet, Richard Donner, Sofía Coppola, Alexander Payne, Gracia Querejeta, Luc Besson, Spike Jonze, Óscar Aibar, Emilio Martínez-Lázaro o Paco León, ¡sólo por mencionar algunos! Pregunta: ¿Es que Apatow no ha visto algunas de sus películas?

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Dicho lo cual, desde mi opinión Judd Apatow hace su horribilis película con corrección pero sin medir el tiempo (126 minutos: ¡largo metraje para lo que es la cinta!) y poco cálculo de los tiempos en diferentes secuencias (arritmia), lo cual que ya quieres que termine la función cuando aún le queda más de media hora. El guión de Amy Schumer es además de predecible y ramplón, de mal gusto sobre todo en los momentos iniciales, con chistes y gags que maldita la gracia que hacen y un humor procaz de tercera categoría. Música mezcla de clásicos entre otros, de Jon Brion; y aceptable fotografía Jody Lee Lipes.

El reparto cumple destacando una Ammy Schumer bien y, aunque parezca mentira, una especie de espontáneo que saca a flote el film de Apatow: Lebron James, el súper estrella de la NBA que se echa sobre los hombros la película y roba protagonismo en todas las escenas en la que sale, con un singular e inesperado genio. Están correctos el resto de actores y actrices como Bill Header, Tilda Swinton, Brie Larson, Colin Quinn, Vanessa Bayer, John Cena, Ezra Miller, Randall Park y Jon Glaser. Nada que objetar, salvo repetir que un mal guión estropea la labor de los actores.

O sea, yo no la puedo recomendar bajo ningún concepto, y acuerdo con Cuéllar en que en el film: … aparece la transgresión en algunos lances, conversaciones atrevidas y ciertos gags divertidos, pero la columna vertebral de la trama es tan simple, rutinaria y tan vacía de contenido que no se diferencia en casi nada de las bobadas que en su día hicieron Ben Stiller, Sandra Bullock o Jennifer Aniston. Pero yo diría que esas tonterías a que alude Cuéllar, en esta película es deshonestidad pura, impudicia gratuita, y además sin ningún fondo.

Digo esto porque hay obras duras, sexuales y todo eso, como El último tango en parís (1972) de Bertolucci a la que no se puede negar un severo y duro mensaje. Pero en esta película la inmoralidad es graciosa, como un regalo estúpido que Judd Apatow y Amy Schumer nos quieren hacer… se lo podían haber ahorrado.

En resumen: película hortera y chusca, imaginable, obvia, cándida como un caracol, o sea simple, y tan repetida que tiene un final patético y risible cuando ella se enamora, se dispone a casarse con el médico ricachón, a tener hijos, se convierte en una fan del deporte, se orienta a vivir una vida burguesa convencional al estilo norteamericano, tras haber sido promiscua, drogadicta, dipsómana (de güisqui) y redactora de artículos en una revista infumable: Frustrante, deplorable.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=2MxnhBPoIx4.

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