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Deliciosa action-movie con carga de crítica política

Por Enrique Fernández Lópiz

En su momento este film, 1997: Rescate en Nueva York fue un éxito estratosférico en lo que a recaudación se refiere, con más de cincuenta millones de dólares de la época en su haber, contra un coste de cinco millones. Tiene además un ritmo muy bien llevado que a veces resulta trepidante, gracias a un logrado pulso en la narración y también, entre otras, gracias a la acción en si y a la música compuesta por el propio director y guionista Carpenter, junto a Alan Howarth, una banda sonora sencilla, repetitiva y perfecta para crear el aire sarcástico y atractivo que acompaña e incluso empuja los diversos y emocionantes momentos por los que transcurre la película.

Además de una dirección excelente de John Carpenter, de una música que está a la altura de la cinta, creación igualmente del propio Carpenter y Cia; no hay que olvidar que Carpenter tenía una bien merecida reputación dentro del género fantástico de los ‘80 y como autor de muchas bandas sonoras compuestas en colaboración con Howarth.

No se queda a la zaga un guión muy bien trabajado y trabado, libreto escrito por Carpenter (de nuevo él: ¡vaya figurón!), junto Nick Castle (el que en tiempos fue considerado el “nuevo Steven Spielberg” y que dirigió películas importantes). El guión construye una trama que, además de entretenida, es crítica, lo que hace que el espectador se pregunte sobre la catadura moral de quienes nos gobiernan (en su momento fue una crítica feroz al gobierno Reagan) e incluso cuestiona el encarcelamiento y aislamiento de supuestos individuos despreciados por una sociedad hipócrita (Manhattan, cuna del capitalismo mundial, convertida en una enorme cárcel, ¿son los propios brókeres los presos?). Excelente fotografía también, de Dean Cundy, en tonos ocres muy acordes al film.

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La historia se sitúa en un futuro 1997, año en el que la ciudad de Nueva York ha sido amurallada y convertida en una enorme prisión que alberga a todas las personas criminales e indeseables de Norteamérica. Es un lugar que ha constituido su propia sociedad, sus normas y su idiosincrasia. Lo que no quita que esa gente quiera escapar. Pues bien, en este contexto, un terrorista secuestra el Air Force One (avión presidencial), y lo estrella en la ciudad con la intención de matar al Presidente (Donald Pleasence), mas sin lograrlo. Lo que sucede es que la cápsula de seguridad donde está el Presidente cae en manos de los reclusos, que negocian con su vida a cambio de que la guardia militar les deje salir de allí y retornar de nuevo a los EE.UU. Ante la dificultad de llevar a cabo una operación de rescate convencional que pondría en grave riesgo la vida del mandatario, el Alcaide del penal (Lee Van Cleef), decide hacer un trato con Snake (Serpiente) Plissken (Kurt Russell – prototipo de antihéroe carpenteriano), un conocido convicto y veterano de guerra a quien todos daban por muerto y que iba a entrar en prisión. Él habrá de encargarse de la liberación, a cambio de su libertad. Con relación a la aportación de Castle al guión recuerdo aquí sus dotes para la comedia y los diálogos, con una de las frases más míticas de esta película cuando se dice: “¿Presidente de qué?”, que Kurt Russell le dedicaba a Lee Van Cleef.

El reparto de esta película es otro punto fuerte y un valor para la obra, con actores de enorme prestigio y carisma. Destaca la interpretación de Kurt Russell, que aporta la dosis justa de desencanto y cinismo que requiere su personaje; y la de Lee Van Cleef, en la que se puede disfrutar del fuerte choque entre de egos, dos duros del cine ochentero e incluso anterior. Por cierto Van Cleef había sufrido una lesión en la rodilla antes de incorporarse al rodaje y se moría de dolor, por lo cual salía en diversas ocasiones sentado. Pero tenemos también a un siempre eficaz Ernest Borgine que hace un papel muy a su medida como convicto taxista, simpático y bonachón, con sus toques de humor, pero igualmente bravo. Donald Pleasance está muy bien como Presidente de poco fiar; un hombre acostumbrado al poder pero que en su circunstancia como rehén, ha quedado desprovisto de su natural querer; y cómo, a lo largo de la película va sufriendo una evolución en la que se observa que pasa de hombre asustado a ir mostrando su genuina personalidad despótica y autoritaria, conforme “Serpiente” Plissken le va devolviendo a su situación anterior durante la huida. Y acompañando grandes actores de reparto como Season Hubley, YIsaac Hayes, Harry Dean Stanton, Adrienne Barbeau, Ton Atkins y Charles Cyphers. Todos muy bien.

Es llamativo en cuanto a ambientación y puesta en escena, la calidad visual con que se presenta a Nueva York, como una ciudad demolida y apocalíptica por donde campan psicópatas y todo tipo de delincuentes a sus anchas, por unas calles negras y tenebrosas. Ambientación esplendida, pues, y buenos efectos especiales. Unos decorados en los que participó el director, guionista y productor canadiense James Cameron que daba sus primeros pasos en el cine; con el tiempo, esos mismos decorados fueron empleados en la archiconocida Blade Runner (1982) de Ridley Scott. Cameron creo además algunas de las animaciones que podemos ver en pantalla, haciendo un matte painting para que el skyline de Nueva York luciera en la película (que realmente se rodó en San Luis) e incluso dibujándole el storyboard al director.

Una cinta cuyo cartel bien podría resumir los conceptos de “cine-cómic”, historia “pulp” y “de culto”, e incluso “espagueti western” disfrazado de aventura futurista. Una película que ha pasado a convertirse en un clásico del cine con el transcurrir del tiempo para una parte no desdeñable de público, sobre todo de mediana edad (por ejemplo, un joven crítico llamado Montoya dixit: “A mí, me preguntan cuál es mi película favorita y digo 1997: Rescate en Nueva York). Otros hablan de Serie B elevada a los altares. Pero algo tendrá el agua cuando la bendicen”.

Por último, reitero que no hay que olvidar que los cerca de cien minutos de metraje de esta cinta son un tremendo alegato contra el poder establecido y la decadencia del sistema policial; incluso aporta al mejor terror psicológico en las crudas y violentas secuencias que tiene, sobre todo en lo que hace a la interesante pugna entre Russell y Van Cleef, una porfía a ver quién de los dos es más canalla. “Deliciosa action-movie ambientada en un (entonces) futuro próximo” (Batlle). Merece la pena recomendarla pues el tiempo no desmerece su mensaje y calidad.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=ckvDo2JHB7o.

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