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Del Toro Power

Por Adrián Pena

Fuera prejuicios y ¡hola! al niño que llevamos dentro, con esas premisas ya podemos ir a ver el nuevo trabajo de Guillermo del Toro, en el que nos adentra de nuevo en su propio universo. En un verano lleno de propuestas atractivas como El hombre de acero, Lobezno, Guerra Mundial Z, Red 2, Elysium y El llanero solitario; Pacific Rim nos ofrece uno de los mejores entretenimientos de esta época estival. Su séquito de Transformers humanizados o Iron man gigantes harán de las delicias de un público que busque retroceder en el tiempo hasta su niñez.

La larga espera que Guillermo del Toro nos ha hecho pasar ha merecido la pena, compitiendo directamente con El hombre de acero de Zack Snyder y el escuadrón de zombies de Marc Forster por ser el blockbuster del verano, a la espera de la westerniana aventura de Johnny Depp. El mejicano se ha acompañado de actores casi desconocidos en la gran pantalla como Charlie Hunnam (Hooligans e Hijos de la anarquía) o Rinko Kikuchi (nominada al Óscar por Babel), actores más conocidos como Idris Elba, amigos como Santiago Segura o Ron Perlman para pequeños papeles y su comitiva de súper robots titánicos para hacer un espectacular homenaje al mundo nipón y su cultura. Con mucho corazón y cariño ha creado un mundo propio, pero mirando de refilón al país del sol naciente, para aportar algo diferente a lo que se nos propone habitualmente en la gran pantalla. Pacific Rim puede parecer a primera instancia una película más de robots contra alienígenas, y a simple vista es así, pero según nos adentramos en el metraje de la película nos damos cuenta de que esa chapa y esos monstruosos aliens son colocados con inteligencia y sentido, y que de no haber sido por su director probablemente estaríamos hablando de un gran descalabro tipo Transformers 3. Del Toro demuestra que dentro de sus colosales máquinas hay calidez y alma, la que aportan sus inquilinos humanos. Su toque distintivo y la peculiar marca de la casa Del Toro invitan al disfrute de su extraño y atractivo film.

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Teniendo en cuenta que es el jalisqueño el que está tras la cámara sólo podemos saber que nos sumergirá en su película como si de su propio mundo se tratase, realizando una jugosa y audaz dirección de lo que a priori es un guión simple. Los actores cumplen todos perfectamente con sus roles, el serio aporta seriedad, el gamberro risas y el atlético músculo, equilibrando un film que de por sí no requiere una gran dote interpretativa. Los efectos digitales empleados en la cinta son punteros, muy buenos, cojonudos, pero algo por detrás de los de James Cameron o Zack Snyder. Si juntamos todo eso lo que tenemos es un trabajo ameno, unos espectaculares fuegos de artificio que alegrarán a nuestras retinas cansadas de productos repetitivos.

El espíritu del Guillermo del Toro niño se apodera del adulto, para dirigir un blockbuster cuyo resultado final es un grato film sin pretensiones, con el claro objetivo de entretener. ¡Volvamos a esos veranos donde nos divertíamos en la piscina peleando con corchopalos contra nuestros amigos!, ¡Llenemos salas de cine con productos que hagan crecer de nuevo nuestro joven espíritu! Porque si algo tan simple y alocado como Pacific Rim lo consigue, es posible que el resultado se vuelva a repetir de manera más frecuente.

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