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Deepwater Horizon (Marea Negra)

Por Alejandro Arranz

-Berg logra incrustar la llameante asfixia en el espectador, pero la falta de contenido convierte la propuesta en una película más de catástrofes. El aburrimiento se apodera de mí.
-A pesar de ser dramáticamente nula, el reparto hace un gran trabajo dándole humanidad a sus personajes. Estupendo Kurt Russell.

Voy a ser claro, en general me aburre el cine de catástrofes. Más concretamente la situación actual del género, que es una fuente inagotable de explosiones donde predomina la absurdez, la superficialidad, la inanidad y -a menudo- el sentimentalismo de telefilme. Cuadra que tampoco me gusta Peter Berg, pues en lo que a cine se refiere prácticamente solo le acepto Hancock. Y seamos sinceros, sus dos últimas películas (Battleship, Lone Survivor) son horribles, deplorables. Aunque siempre ha tenido cierta habilidad para recrear el infierno en la tierra a base de gruesos brochazos, así que esta historia podía funcionar bien en sus manos. De todos modos el punto que llama la atención es ni más ni menos que un reparto en el que, si bien la cara de cartel es la de Mark Wahlberg, interesa más el resto de actores de protagonismo coral que lo integran. Entre ellos: Kurt Russell, Kate Hudson, John Malkovich, Dylan O’Brien, Gina Rodriguez, Ethan Suplee y Brad Leland. Veamos si Peter Berg se apunta un tanto a favor o si con la ironía como enemiga, su película es una catástrofe.

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La cinta tiene un inicio largo y muy bien planteado por parte de Berg. El director consigue que conozcamos a casi todos los miembros de la Deepwater y al mismo tiempo juega con los malos augurios. Este tramo puede hacerse pesado para los espectadores que vayan solo por los fuegos artificiales, los demás lo agradecerán a pesar de la verborrea. A lo largo de este planteamiento, el reparto consigue humanizar a sus personajes, algo necesario para que en el desarrollo de la acción actúe la empatía y nos preocupemos por su supervivencia. Wahlberg aporta algunos matices interesantes pero destacan los cara a cara entre Kurt Russell y el “malo” de la función, John Malkovich. A la hora de la verdad, cuando todo empieza a explotar, Berg consigue introducirnos en ese infierno de lodo y llamas en medio del mar. El ritmo de las escenas es el adecuado pero no puedo evitar aburrirme de forma considerable, probablemente porque la trama y el mensaje quedan reducidos a lo anecdótico y sin eso no es más que otra película de catástrofes reales del montón, que destaca por su forma de arrastrar una pesada tendencia al vocabulario técnico con la que remarcar su realismo. La intensidad por si sola, sin un contenido que la canalice, no puede interesarme. De ahí que el aburrimiento me saque de la película y dejen de importarme cualquiera de los personajes a pesar de la buena labor del reparto. Lo que queda es mirar las agujas del reloj, ver desde la desidia como sucede todo y esperar hasta la conclusión, en la que Berg prefiere derivar hacia el sentimentalismo antes que reforzar las posibles moralejas de la historia.

Puedo dar fe de la solidez de los apartados técnicos, de la buena labor del reparto, de la energía que tiene la cinta y de algunos detalles muy curiosos que engrandecen la propuesta. No obstante Deepwater Horizon es una película terriblemente soporífera en cuanto a que el contenido queda en último lugar, eliminando el mensaje y trivializando el drama humano. La furia que encontramos aquí no es la de una crítica a las grandes corporaciones codiciosas e incompetentes, es únicamente la de las explosiones. Y eso, al menos para un servidor, es mucho más aburrido.

Alejandro Arranz

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