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De romanos con sabor añejo y que pasa el corte

Por Enrique Fernández Lópiz

Cuando he visto esta película, La legión del Águila, la he disfrutado, me lo he pasado bien e incluso puedo decir que me ha gustado. Tiene el encanto de las películas añejas de romanos, pero mucho mejor hecha que la mayoría de las antiguas (o las muy antiguas), con buen ritmo en su narración, actores para el caso e incluso la posibilidad de extrapolar ideas a nuestro mundo actual (aunque esto último tiene siempre su riesgo).

Se desarrolla en el siglo II d.C. en Britania. El legionario romano Marcus Aquila (Channing Tatum) es hijo del comandante Flavio Aquila que se perdió en una expedición en la zona boscosa de Caledonia, al norte, al mando de la Novena Legión compuesta por 5.000 hombres. En ese episodio desapareció el Águila Dorada, estandarte de incalculable valor moral para el Imperio Romano (“El Águila no es un trozo de metal, es Roma”). Por este trágico suceso, Adriano mandó amurallar la zona para sellar el territorio y preservarse de los bárbaros. Pues bien, Marcus Aquila, educado para convertirse en un brillante mando del ejército, pide ser destinado en la zona donde desapareció su padre al mando de un pequeño fortín situado en el suroeste de la isla. Marcus da prueba de un valor inmenso durante un asedio, mostrando su arrojo y cualidades militares en el puesto que le ha correspondido, al ganar una cruenta batalla contra un grupo armado compuesto por gente bárbara feroz y despiadada.

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Por esta acción Roma le condecora y elogia, pero le separa del servicio activo, pues ha sido gravemente herido. Marco está desmoralizado y convalece en la villa de su tío Aquila (Donald Sutherland), un oficial retirado. En el transcurso de una pelea de gladiadores, solicita que le perdonen la vida a un joven luchador, y Aquila compra al britano Esca (Jamie Bell) como regalo para su sobrino. Marco trata a Esca con desprecio, y el esclavo odia todo lo que es romano. Pero Esca jura servir al hombre que le ha salvado la vida. Una vez restablecido de sus heridas, Marco emprende la búsqueda de la Legión Novena, la compañía de su padre desaparecida. Su objetivo es también recuperar el emblema del Águila Dorada, no sólo un símbolo para Roma, sino algo vital para restaurar el honor perdido de su apellido. En su trayecto por zona desconocida tras la Muralla de Adriano, Marcus y Esca se encuentran con Guern (Mark Strong), un ex legionario romano. Marco comprende que el misterio de la desaparición de su padre seguramente tenga que ver con la identidad con aquel hombre. Su esclavo, con lealtad y eficacia, le ayuda a descubrir el secreto que buscan. La cosa se pone difícil cuando ambos se enfrentan a los guerreros del temible príncipe de los Foca (Tahar Rahim).

Kevin Macdonald hace una película para pasar el rato. No es con mucho ninguna cinta relevante, pero da el pego para distraer, que es de lo que va la cosa en ocasiones. El guión de Jeremy Brock es una adaptación de la famosa novela de Rosemary Sutcliff, ‘The Eagle of the Ninth’ (1954), novela que ya ha fue adaptada para la TV en 1977 por la BBC londinense; es una novelita para adolescentes, que incide en una lectura antropológica que evidencia la metáfora política de la cultura de la Caledonia/ Escocia, lejos del salvajismo, con tesis próximas al nacionalismo. Pues bien, el libreto mantiene el interés en la narración, por más que está lleno de detalles insólitos y poco creíbles, pero como digo, se trata de una película de solaz.

Magnífica banda sonora de Atli Örvarsson, de lo mejor del film. Buena fotografía de Anthony Dod Mantle, y unos escenarios selvático-silvestres muy interesantes y que aportan densidad a la historia.

En cuanto a los actores, Channing Tatum da la talla de soldado romano al que ni siquiera hace falta el peto típico de centurión, pues sus pectorales naturales son más que suficientes; por lo demás, Tatum llena pantalla a su manera sin hacer alardes como actor, más bien resulta hierático, pero efectivo. Jamie Bell está bien como esclavo, un poco mustio, y sobre todo, no hay química con Tatum y viceversa: “El itinerario moral, el que debe acompañar a los personajes en su búsqueda de la verdad, nunca acaba de ser trascendente” (Ocaña). Mark Strong bien como antiguo legionario romano. Donald Sutherland, parece no saber muy bien qué hace allí, aunque a decir verdad, su personalidad y su presencia (“quien tuvo retuvo”) nos ofrece las solemnes miradas de los grandes secundarios; pero también hay otros excelentes actores de reparto como Mark Strong y Denis O’Hare. Y acompañando en la acción Tahar Rahim, James Hayes, Lukás Bicsey, Julian Lewis Jones y Istvan Göz.

La película tiene un buen aspecto formal de corte hiperrealista, descarnada verosimilitud y la metafórica fuerza de ese monumento real que es el Muro de Adriano. Todo ello queda muy por encima de los diálogos y el propio retrato psicológico de los personajes.

Describe la película el período de una Roma de esclavos, gladiadores y neta descomposición moral en el poder; de manera que quiere pero no sabe hacerlo bien, adentrarse en la Historia de Roma, “un viaje al corazón de las tinieblas, una búsqueda a través de ríos nebulosos y bosques tenebrosos” (Fernández), que se queda y no es poco, en una trepidante fábula de aventuras de las de antes, que siguen manteniendo la afición por ir al cine, sobre todo en los más jóvenes.

O sea, película de dos mundos enfrentados, una Roma civilizada, curiosamente con tintes cristianos ante con el valor de la vida y la humanidad, y otra realidad bárbara, exótica y desconocida, presentada en un idioma antiguo y unas formas crueles. Es una película filmada con un exceso de pretensiones, a modo de epopeya, con trazas clásicas y un viaje por hermosos parajes de dos jóvenes de diferente procedencia, pero abocados a entenderse, en aras a encontrar el honor perdido. Esto también tiene su mensaje social y político para quien lo quiera ver: la unión en la diversidad.

En resumen, no es un film sobresaliente, no es Gladiator, no hay escenas, encuadres o diálogos memorables, ni unos protagonistas carismáticos, pero se puede disfrutar, da lo que se le pide sin tomar por estúpido al espectador. Más que suficiente a modo de película de aventuras. Bien realizada, buen compás; todo eso mantiene la película de Kevin MacDonald en un nivelito que pasa el corte de una producción decorosa.

Tráiler aquí: https://www.youtube.com/watch?v=-sYW482WQsY.

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