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De nuevo la guerra con su negros presagios

Por Enrique Fernández Lópiz

Hace unas horas que he visto esta película, El francotirador. Llena la sala. Igual que la sala donde se proyectaba Las cincuenta sombras de Grey. Parece que al público le gusta Eros en estado puro o Thanatos en estado puro. Sexo y violencia. De las sombras de Grey no hablo porque ni la he visto ni pienso ir a verla. Pero de esta sí querría hacer algunos comentarios.

Lo primero que se me ocurre decir es: ¡qué mala es la guerra! Que la película es de Clint Eastwood lo sé porque aparece en los créditos, pero tal vez podría haber sido de otro director. No es una mala crítica lo que digo, pero sí opino que con Gran Torino podría haberse retirado Clint y habría quedado lo más bien.

La película está desde luego dirigida con una innegable profesionalidad e incluso algo más. El guión de Jason Hall es bastante bueno, basado en el libro autobiográfico del protagonista Chris Kyle de título American Sniper. Cazador de niño con su padre, cowboy de jovenzuelo, formado luego en el ejército como un Navy SEAL, tuvo su oportunidad en la Marina, y así, Kyle fue fichado como francotirador. O sea, un tipo que con su rifle y a larga distancia se carga a todo bicho viviente que se mueve de manera sospechosa. Kyle fue enviado a Irak con la misión de proteger a sus compañeros. Su precisión milimétrica como francotirador salvó incontables vidas en el campo de batalla, según cuentan, por lo que se ganó el apodo de “Leyenda”, pero la noticia de sus hazañas llegó hasta las filas enemigas. Entre los iraquíes se le apodó El demonio de Ramadi. Los iraquíes pusieron un precio por su cabeza con una recompensa de 180.000 dólares vivo o muerto. Chris Kyle batió el récord de muertes como francotirador del ejército norteamericano aplicando el lema de no dejar ningún hombre atrás. Kyle fue además herido dos veces por disparos de otros francotiradores y sobrevivió a seis atentados con explosivos disimulados mientras se trasladaba en vehículos de la Marina.

Según su propia versión autobiográfica, Chris Kyle permaneció diez años en los SEALs de la Marina, hasta el 2009, retirándose para poder salvar el matrimonio con su esposa Taya con quien tenía dos hijos. Siempre defendió su labor en Irak con la premisa de que cada baja de un insurgente iraquí, salvaba varias vidas estadounidenses y algo escalofriante: que no consideraba a sus víctimas como personas. Con sus propias palabras dijo: La primera vez, ni siquiera estás seguro de que puedas hacerlo (matar). Pero yo no estaba allí mirando a esas personas como personas. No me preguntaba si tenían familia. Solo estaba tratando de mantener a mi gente a salvo. (Él denominaba a sus víctimas salvajes, y mató al parecer más de 160 personas entre hombres, mujeres y niños)

Además de la realización extraordinaria de Eastwood, del guión bueno (no doy más) de Jason Hall, el film tiene una gran música de Clint Eastwood y Ennio Morricone (ya mayorcetes ambos), junto a una excelente fotografía de Tom Stern.

El reparto es prácticamente Bradley Cooper, que echa sobre sus fuertes hombros el peso del film con una actuación magistral, intensa, perfecta y laboriosa. Es una actuación cargada de sentimientos y verosímil en el dogmatismo que mueve la personalidad de hijo educado con la rigidez de la América profunda: Solo creo en Dios, en la patria y en la familia. O la consigna paterna cuando les dice a sus hijos: En la vida hay corderos, lobos y los que defienden a los corderos de los lobos: los perros pastores. Esas convicciones, acompañadas de la fuerza bruta y las armas de última generación para protegerlas de sus inmundos enemigos, no tienen por menos que provocar conmoción. Le acompañan en perfecta armonía actoral Sienna Miller, Jake McDorman, Kyle Gallner, Keir O´Donnell, Eric Close, Sam Jaeger, Owain Yeoman, Brian Hallisay o Marnette Patterson entre otros.

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En 2014, a escasos días del reparto de los Oscar, este film tiene, entre Premios y nominaciones: Premios Oscar: 6 nominaciones incluyendo Mejor película. Premios BAFTA: 2 nominaciones incluyendo Mejor guión adaptado. Satellite Awards: 2 nominaciones incluyendo Mejor guión adaptado. National Board of Review (NBR): Mejor director, Mejores 10 películas del año. American Film Institute (AFI): Top 10 – Mejores películas del año. Critics Choice Awards: Mejor actor – Acción (Bradley Cooper).

Yo sé que Clint Eastwood es un retratista cabal y profundo de la oscuridad, un estudioso de la violencia física y psíquica en sus filmes e interpretaciones, e igual un maestro de los matices y un cronista trágico de perdedores. Entonces, todo hacía pensar que tal vez haría una semblanza turbadora y vigorosa de la idiosincrasia de este legendario matador de hombres a larga distancia ¿Lo hace? Esa es una pregunta importante.

Por un lado pienso que sí, pues describe muy bien la compulsión que el protagonista tiene tras volver un tiempo de permiso a su casa, a retornar al frente de batalla. No me quedó muy claro si esa compulsión estaba motivada por patriotismo o supuesto sentido de responsabilidad para proteger a sus compañeros; tal vez con la idea fija de matar él mismo al famoso francotirador sirio que lucha en el bando iraquí (plan western); o si su nerviosidad producto de la guerra le impele a buscar la acción y el cuerpo a cuerpo para vencer sus miedos y comportamientos paranoides cuando está en la civilización de su país, donde el ruido de un taladro le alarma, vigila por el retrovisor los coches que van detrás de él por la autopista o hace un intento de golpear a un perro en una situación insospechada. Lo cierto es que tanto Eastwood como el actor Bradley Cooper desdibujan o dibujan las razones que impelen al protagonista a retornar una y otra vez al frente de batalla, para gran inquietud de su esposa y sus hijos.

Toca el film el tema de las “neurosis de guerra”, un asunto que ha sido muy estudiado y es conocido por científicos, literatos y cineastas. Como ejemplo diré que estos trastornos derivados de la exposición y participación en conflictos armados, fueron muy importantes ya desde la Primera Guerra Mundial para hacer avanzar la psiquiatría y la psicología contemporáneas, concretamente el psicoanálisis (desde Freud hasta autores más actuales como Bowlby o Spitz); e igualmente el método psicoterápico de corte existencial denominado logoterapia cuyo fundador fue Victor Frankl, psiquiatra que padeció en sus carnes las maldades de los campos de exterminio nazis.

Entonces, esto sí se trata bien en el film, el coste psíquico de la violencia y cómo erosiona las mentes y las almas de aquellos a quienes llamamos héroes. Sin embargo Eastwood y su guionista cometen desde mi modo de ver un error de cálculo, pues relegan este aspecto a los márgenes de la historia, siendo que en lugar de apuntar al corazón de la misma, el film se empecina con las rutinas concretas de una guerra, lo cual que no es con mucho interesante, salvo para quienes gusten del disparo fácil, la metralla a granel o la sangre a borbotones.

La otra cuestión es la función del francotirador así como los alardeos y el presumir de muertes en el terreno de batalla. En entrevistas a francotiradores profesionales del ejército español (diferentes a los americanos creo yo) que he consultado se dicen cosas como estas: Si lo piensas, la alternativa a nosotros siempre es algo peor”. Y otro añade y coincido con ello que: “Cuando ves a alguien así, en la mira, tienes que estar muy convencido de que puedes dispararle, por la amenaza que supone para tus compañeros. Sólo si sientes eso, que estás protegiendo a tu gente, apuntando a alguien que es seguro que va a hacer daño, puedes dispararle. Yo tengo la conciencia tranquila, me preparo para hacer lo que tengo que hacer y para no hacer lo que no tengo que hacer. Por eso, si tengo la suerte de poder cumplir con mi deber, lo haré. Pero no nos gusta andar diciéndolo, porque nadie que sea un profesional va alardeando por ahí de las bajas que ha hecho. Quien alardea de eso no es un profesional, y probablemente, en muchos casos, ni está diciendo la verdad. Sin embargo, en el film se cuentan las bajas y se hace ostentación de ello por parte, no tanto del protagonista, cuanto de la tropa. Parece, así, que fuera una cuestión cultural del ejército USA, que cuenta sin pudor los muertos caídos a golpe de disparo del francotirador, lo que recuerda las muescas que los pistoleros del far west hacían en la culata de su colt cada vez que caía un enemigo por un disparo suyo.

Algún crítico defensor del film como Oti Rofdríguez dice que Eastwood es: … grosero con lo sutil (esa mirada sin complejos: allí el lobo y aquí el perro pastor) y sutil con lo grosero, pues penetra en el interior de Chris Kyle, pero del corazón, no de su epidérmico discurso. Sin embargo me permito discrepar, en el sentido de que no creo que haya una genuina profundización en el corazón de Kyle, quien al fin continúa con la tradición de su padre, al enseñar a su hijo a cazar o manejarse con revólveres en casa. Ya sé, eso sí, que se plantea el dilema moral detrás probablemente de todo francotirador, sobre si matar o no. Por ejemplo, la duda sobre si matar o no a un niño que porta una granada rusa en sus manos ¡Estaría bueno que esto no apareciera por ninguna parte! Pero como escribe Boyero: La prosa para expresar los sentimientos del ardoroso y concienciado cowboy texano es pedestre. Imaginas que en su oficio de matador era excepcional, que sus compañeros se sentirían seguros sabiendo que su puntería letal les cubría, que su mujer y sus niños sufrieron al constatar que el desequilibrado papá solo quería volver a la guerra para cargarse a los malos y salvar a los buenos, pero su épica labor, su sentido patriótico y su visión de las personas y las cosas ni me entretenía ni me apasionaba.

También me ocurre a mí, que como ya he repetido en varias ocasiones en estas páginas, yo entiendo que el cine bélico hoy no debería sustraerse a hacer algún tipo de reflexión y de crítica antibelicista, pues en pleno siglo XXI creo que la guerra debería tender a extinguirse, a borrarse de la faz de la tierra pues quizá en ello radique nuestra supervivencia como especie sobre el planeta, algo obvio por el poder de destrucción masiva del armamento nuclear. Pues bien, en este film hay poco de eso según mi modo de ver. Quizá hay unos segundos de escena en el que el hermano del protagonista, cuando él retorna a los EE.UU. y se encuentran en el Aeropuerto, le dice a su aguerrido hermano que está contento de volver vivo y que “le den por el c. a todo esto”. Ahí sí se hace la declaración de intenciones del individuo que anhela huir, escapar de la barbarie. Como escribe Manu Yáñez: “’El Francotirador‘ decepcionará a aquellos que busquen una denuncia de la atrocidad bélica perpetrada por USA tras los atentados del 11-S. Algo lógico si tenemos en cuenta que Clint Eastwood no parece demasiado interesado en el análisis político de la situación: su mirada apunta a la encrucijada entre el mito y la realidad. Creo que en este asunto hay que ser explícitamente críticos o quizá callar.

En este sentido de ser críticos, Noel Ceballos escribe muy acertadamente desde mi opinión sobre este film así: Cada secuencia de acción es más plana que la anterior, cada dilema moral más formulaico. Bradley Cooper se atreve a componer un personaje de espaldas a cualquier cucamona oscarizable, pero de poco sirve dentro de un esquema narrativo basado en la repetición y sostenido por una galería de villanos caricaturescos. Durante un clímax que se diría construido gracias al kit ‘Mi Primera Metáfora’ de Fisher-Price, uno ya tiene claro que ‘El Francotirador’ convierte en pura mecánica lo que debería haber sido cine vibrante: una oportunidad desaprovechada, un disparo en falso.”

En el diario real del auténtico Chris Kyle, él escribe que a él no le importabanuna mierda los iraquíes y se refería a ellos como salvajes. Tras la primera muerte, las demás vienen fácilmente […] no tengo que prepararme mentalmente para ello. Miro por el telescopio, pongo a mi objetivo en la cruceta y mato a mi enemigo antes de que mate a uno de los míos.” De esta forma resumía Kyle el sentido de la guerra, sin racionalidad, sin autocrítica, y entonces la cinta ha de abundar necesariamente en el sentido patriótico del francotirador. Mata cada hombre que veas. Ese no era el lenguaje oficial, pero sí la idea escribía Chris Kyle en su libro biográfico.

En conclusión, una película de guerra muy bien realizada, con magníficos efectos especiales y puesta en escena, como cuando se desata la tormenta de arena en plena lucha entre callejones y casas, y otros alardes que no me sorprenden en el gran Eastwood. Pero también hay que mirar qué cosa hay detrás de esa tormenta de arena. EE.UU. se metió gratuitamente en una guerra que luego se ha desvelado equivalente a cuando alguien le da con un palito a un avispero y se produce un torbellino de avispas dispuesta a picar masivamente ¿Cómo está hoy Oriente próximo? Irak, Libia, Siria, Palestina, Israel, etc.? Todo un avispero de terror y furia. Pues de eso, ni media palabra en la película. Ya sé que una película no es una crónica política, pero algo hay que apuntar. Y un dato sobre una doctrina de odio: desde que se estrenó la película, las amenazas a árabes y musulmanes en Norteamérica se han triplicado. Todo esto resulta inquietante. El arte, creo yo, debe utilizarse como medio de convivencia y armonía social, no como instrumento de poder social u ofensa política.

Comentarios

  1. Alejandro Arranz

    Dije que la leería y lo he hecho, y como era de esperar me ha entusiasmado tu crítica. Es cierto que discrepamos en algunos puntos pero como bien dijo el amigo Eastwood hace tiempo: “Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno”. Lo que está claro es que al maestro aún le queda munición que disparar, aunque no lo haga al nivel de antaño. Un abrazo compañero.

  2. Enrique Fdez. Lópiz

    Gracias Alejandro por tus comentarios sobre mi crítica, y me ha gustado mucho esa frase que le va que ni piripintado al GRAN Eastwood: “Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno”, ja ja! Está buena. Un abrazo y seguimos con la tarea. Hoy le voy a ddicar un rato a la peli Selma que vi anoche. Bye

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