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De cómo el germen de la maldad puede estar muy cerca

Por Enrique Fernández Lópiz

La cinta blanca se sitúa en Alemania, año 1913, a las puertas de la I Guerra Mundial. En un pueblo ficticio del norte alemán, Eichwald, un lugar en apariencia tranquilo y feliz, regido por la estricta moral protestante, una serie de extraños acontecimientos, poco a poco van tomando un carácter de ritual tenebroso y malvado. Un ritual de odios, crímenes, escarmientos y penitencias. Los protagonistas de la historia son los niños del coro de la iglesia, el maestro que los dirige, las familias, el rígido pastor protestante, el intransigente barón, el encargado de la hacienda de éste, el perverso médico, la extraña comadrona y amante del médico, y los granjeros. Todos ellos dan forma a una historia que habla de los orígenes del comportamiento autoritario y xenófobo (tal vez del nazismo) que habría de advenir en Alemania con el transcurrir de algunos años.

Haneke, el director, coloca su cámara pudorosamente frente a los ojos de los protagonistas. No hay drama, ni exabruptos, ni gestos histéricos o violencia explícita. Todo parece discurrir con aparente normalidad, pero el horror acecha.

Grande y genial, Haneke, tanto en la realización como en el guión que confeccionó é mismo. La historia la pone en boca de un narrador (voz en off) que es la del confuso maestro del pueblo, ya de mayor, quien de forma implacable nos va haciendo conocer sólo una porción mínima de la miríada de secretos y ocultaciones de las familias del lugar, donde hay de todo, incluidos los comportamientos más abyectos. Todo ello desde una soberbia fotografía en blanco y negro de Christian Berger, que sabe retratar con el tono adecuado los tremendos hechos que se cuecen en esta pequeña comunidad, fotografía acreedora a la mayoría de los premios personales obtenidos por la película.

De forma a veces latente y otras veces evidente, podemos ver los gestos, las miradas, las actitudes, los castigos, la intimidación, la belicosidad, los incendios, las bromas pesadas y crueles, el suicidio… Los niños y jóvenes del film acechan, se revelan con insolencia ante la severidad de los padres. Dice Rodríguez: Los vientos anuncian la primera guerra mundial, pero Haneke nos muestra los presagios de la segunda.”

Las interpretaciones son ajustadas al ritmo de la escritura, y su dirección del film no tiene asomo de gratuidad, nada es baladí, todo tiene un sentido. Tal vez por eso sea una película para verla más de una vez. Entre los actores cabe destacar a Christian Friedel en el papel de maestro, excelente; Ernst Jacobi el maestro ya mayor, de relator; Leonie Benesch como Eva, espléndida; Ulrich Tukur como un veraz y déspota barón; Ursina Lardi en el papel de bella y angustiada baronesa; Fion Mutert como Sigmund; Burghart Klaußner genial como pastor; Steffi Kühnert como esposa del pastor; Susanne Lothar excepcional en su rol de comadrona; Josef Bierbichler como camarero; grande Rainer Bock como Doctor; y así otros secundarios de lujo como Janina Fautz, Michael Schenk, Michael Kranz o Marisa Growaldt entre otros. Un auténtico coro de terror en el mejor/peor sentido.

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Haneke dice que ha abordado el tema de la educación en su film, de cómo se transmiten ideales y normas de padres a hijos, entre ciudadanos, el pastor a sus feligreses o a sus hijos con sus métodos rígidos y su afán de gran pureza; o el médico a su pacientes; pero también con sus poco ortodoxos comportamientos con su criada, comadrona y amante humillada y vilipendiada; y con su hija, de la cual abusa; y nada que decir del barón, que tiene subyugado al pueblo a cambio de unas migajas, pero también a su mujer y a sus hijos. Haneke dice que: El problema es que si los ideales son absolutamente puros terminan por ser absolutamente dañinos. Entonces, en ese indagar sobre los orígenes educativos, de convivencia y sociales en general que pueden producir comportamientos dictatoriales, xenófobos o malignos, y que el fascismo fuera posible con el transcurrir de unas décadas, Haneke nos sorprende exponiendo a las claras cómo realmente el enemigo no es algo raro o lejano, sino que puede estar en nuestras familias, en nuestra sociedad, demasiado cerca al fin.

Haneke subraya igualmente, que si ha llevado la historia a épocas pretéritas es para no confundir: No se trata de cómo surge el autoritarismo en Alemania, sino de cómo puede surgir en cualquier lugar del mundo y en cualquier época de la historia.” Esto es muy importante en los tiempos que corren, tiempos en los que la mala crianza, la escasa resistencia a frustración de niños y jóvenes, la facilitación a ultranza, las adicciones consentidas a la juventud, la falta de valores, etc., etc., está provocando que no sólo en la familia sino en el entorno social en su conjunto, se esté generando, como cualquiera puede observar, un incremento alarmante de la incultura, la violencia y la mala educación en toda su extensión. El asunto no sólo es responsabilidad familiar, pues como menciona el filósofo y educador José Antonio Marina en su libro Aprender a vivir, hay un proverbio africano que dice: “Para educar hace falta toda la tribu”; y continúa en palabras suyas diciendo: Todos somos responsables de la educación de los niños que se crían en nuestro grupo social y todos, cada uno desde su puesto en la sociedad, debe retomar su papel y enseñar a vivir“. Y recuerda el profesor Marina la frase de Ortega: Yo soy yo y mi circunstancia”, pero entera, pues el filósofo dijo: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no salvo mis circunstancias no me salvo yo.

Cuando ves este film, uno se da cuenta de que no te puedes sustraer a los escenarios que Haneke pone delante de ti. Tú, espectador, estás dentro de ese contexto horribilis de terror y angustia. Como dice Martínez: “En el tiempo que tarda en pasar la película de un fotograma a otro, el espectador mismo se convierte en protagonista de la cinta que contempla. Todos sus trabajos se empeñan en destapar la tragedia que se esconde detrás de cada gesto supuestamente inocente. Y, en efecto, de eso trata ‘The white ribbon’: de la inocencia.

Premios y nominaciones entre 2009 y 2010: Nominada al Goya: Mejor película europea. Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa. Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película), premio FIPRESCI. Premios del cine europeo: Mejor película, director, guión. 4 nominaciones. Premios BAFTA: Nominada a mejor película en habla no inglesa. 10 Premios del cine Alemán, incluyendo mejor película, dirección y guión. Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película extranjera. Premios César (Francia): Nominada a Mejor película extranjera. Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor fotografía. Nominada a Critics’ Choice Awards: Mejor película de habla no inglesa. Asociación de Críticos de Chicago: Mejor película extranjera. Premios Gaudí: Mejor película europea

The Guardian opinó así: Una historia de fantasmas sin fantasmas, de crímenes sin culpables, una parábola histórica sin moraleja que lleva al espectador al borde del abismo de la ansiedad con escalofriante brillantez y helada exactitud.La cinta blanca (símbolo de pureza espiritual y amuleto contra el pecado) es una reflexión sobre el fin de la inocencia, la perversidad innata, la cómoda negación de los hechos a fin de no enfrentarlos, y otras sórdidas facetas del alma humana plasmadas en un marco sutil de gran belleza escénica en la película.

Acaba el film con la declaración de guerra entre Serbia y el Imperio austrohúngaro, lo que como es sabido fue el punto de arranque de la I Guerra Mundial. Es entonces cuando en el film, se celebra un acto religioso y tras la tremenda noticia de la Guerra ya nadie se ocupa en confirmar o descubrir a los culpables de hechos poco relevantes frente a lo que se avecina. De este modo, los secretos quedan celosamente guardados para siempre y se sugiere que en el futuro emergerá la patología de una sociedad enferma.

En este punto, el maestro, el narrador, abandona definitivamente el pueblo preguntándose si los sucesos acaecidos no son el germen de una tragedia futura, y preguntándose igualmente sobre la importancia que las enseñanzas recibidas han tenido sobre los niños del pueblo. Es un final inquietante que queda abierto a la libre la interpretación de los espectadores.

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