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Danny Collins

Por Alejandro Arranz

-Fogelman debuta con la típica historia de redención familiar y contra todo pronóstico logra hacerla realmente emotiva y entretenida.
-Algunas escenas son estupendas, el humor es añejo -que no rancio- y Al Pacino está absolutamente magnético. Lo demás se lo conocen de memoria.

El productor y guionista Dan Fogelman (Crazy, Stupid, Love) debuta en la dirección de largomentrajes con esta dramedia sobre un envejecido rockero de los 70 en busca de redención, un cambio que se produce debido al descubrimiento de una carta sin entregar que le envió John Lennon hace más de 40 años. Con esta premisa basada en la historia real del cantante de folk Steve Tilston, empieza una convencional historia guionizada por el propio director. Pero por típica que sea una historia nunca debemos olvidar que hay muchos otros factores a tener en cuenta, siendo uno de los más importantes el reparto. Al Pacino protagoniza el filme con cierta ironía autoparódica, y es que el estadounidense intenta con todas sus fuerzas volver a ser lo que era, y para ello sigue su propio camino redentor. Le apoya un elenco de secundarios de mucho nivel entre los que se incluyen: Annette Bening, Jennifer Garner, Bobby Cannavale y Christopher Plummer.

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Fogelman sigue al pie de la letra el esquema de este tipo de cintas, el espectador puede prever -y lo hace- casi todo lo que va a ocurrir desde la primera escena. Sin embargo Danny Collins aprueba con nota a la hora de llevar a cabo esos momentos que todos sabemos van a ocurrir. Así pues el humor funciona a la perfección y los momentos dramáticos a menudo resultan emotivos y creíbles, todo ello se lo debemos a un reparto de actores fabulosos y en especial a un Pacino en estado de gracia, que además de rebosar carisma se desenvuelve estupendamente en las escenas dramáticas. El guión contiene un par de escenas bien elaboradas, el trabajo de Fogelman en la dirección es correcto, sin mucho a destacar a parte de algunos momentos resueltos con agudeza. Si hablamos de problemas se le puede acusar de ser un drama totalmente apoyado en clichés, de tener algunos tramos excesivamente blanditos o tal vez no les agrade su humor de la tercera edad, pero es indudable que resulta encantador en todo momento, que tiene un ritmo preciso y algunos momentos que merece la pena atesorar.

Dan Fogelman debuta con una comedia dramática argumentalmente esquemática pero encumbrada por un reparto soberbio, un buen sentido del humor y el ritmo, y un corazón tan auténtico como la actuación de Al Pacino, que vuelve a la gran pantalla con el magnetismo de hace 20 años. No es una película notable pero se ve bien, es amable, veraz, hilarante y conmovedora. Si finalmente se animan, presten atención a la magnífica escena final.

Alejandro Arranz

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