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Danny Boyle juega con nuestra mente

Por Adrián Pena

Danny Boyle vuelve a escena con uno de sus proyectos más arriesgados demostrando por qué es uno de los directores más versátiles del momento; tras llevarnos a Escocia con Renton y sus drogadictos amigos y sumergirnos en el baño más asqueroso del cine, llevarnos de la mano de DiCaprio a las playas más paradisíacas, contarnos el Apocalipsis zombie a la inglesa, la historia increíble de un joven hindú o tras hacer sufrir a James Franco durante 127 horas en su mejor papel; el británico viene para psicoanalizar al espectador  mediante la figura de Rosario Dawson y manipularlo de manera brillante en un laberinto mental.

No hay duda de lo arriesgado del proyecto, ni de que lo complejo de la trama puede que no contente a parte del público. De lo que no hay duda es que Boyle realiza una gran dirección en este magnífico thriller psicológico, en el que el robo del cuadro llega a ser secundario, aunque imprescindible para la trama, dejándonos tras el visionado una hermosa fotografía y dotando a su cinta de esa solvencia que tanto la acerca a lo neo-noir.

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La historia nace del robo de un cuadro de uno de los más ilustres pintores, Goya, que en muchas fases de la película pasa a un segundo plano, casi desapercibido hasta el punto de parecer casi un mcguffin. A partir de ese robo en el que participa un empleado de la casa de subastas, un formidable y desequilibrado James McAvoy, empezará todo el entramado. Primeramente se verá torturado por los compañeros a los que traiciona (no hay cuadro en el robo), y tras verificar que Simon (McAvoy) no recuerda nada tras recibir un golpe en la cabeza, propinado por uno de los ladrones (un brillante Vincent Cassel), deberán recurrir a las sesiones de una hipnoterapeuta, el elemento fundamental de la película. Es entonces cuando Boyle, por medio de una fantástica Dawson en su mejor papel hasta la fecha, se adentra en la mente de Simon, y no sólo eso, también en la de los espectadores; juega con sus psiques, los despista, los confunde y les hará cambiar de opinión varias veces sobre dónde está el valioso cuadro sustraído. Todo ello muy bien cuidado y sin dar pistas hasta el momento del desenlace, momento que tras 10 minutos de una correcta explicación se resuelve todo.

Por tanto sólo queda decir que Trance es una de las películas del año. Sorprendente, valiente y adictiva. Su final no deja indiferente a nadie, dejando minutos que harán pensar tras su visionado. No es de extrañar que Danny Boyle fuera el encargado de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, porque es un gran maestro de ceremonias.

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